Comunidad Valenciana

Louis Vuitton cierra en València: ¿Qué queda en la “milla de oro”?

Loewe deja también Poeta Querol y se ubicará en la Plaza de la Reina

El escaparate de Lladró en la calle Poeta Querol (Valencia)
El escaparate de Lladró en la calle Poeta Querol (Valencia)

“Disponible”, “Se alquila”, “Se vende”. Los carteles de diferentes inmobiliarias han sustituido en la “milla de oro” de València los nombres de las grandes firmas. Desde hace unos años, grandes marcas como Celine, Salvatore Ferragamo, Hermès y Bulgari se han ido despidiendo de la calle Poeta Querol, epicentro de los establecimientos de lujo en la capital de la Comunidad.

Louis Vuitton se marcha de València. La firma de lujo cerrará su tienda -ubicada en uno de los chaflanes de Poeta Querol- en enero del año que viene, y se suma a las que ya se habían ido de esta céntrica zona comercial considerada la milla de oro de València. Tras conocerse su marcha, Loewe ha anunciado que cerrará el local de Poeta Querol para trasladarse a la Plaza de la Reina, a los bajos del edificio Monforte. El establecimiento será más grande y se ubica en una zona de gran afluencia turística.

Muchas de las firmas que reinaban en Poeta Querol, como la propia Louis Vuitton, Loewe o Lladró, llevan abiertas más de dos décadas, pero fue a finales de los 2000 cuando la zona adquirió su máximo esplendor. Entre 2007 y 2008, València celebró la America’s Cup y el Gran Premio Premio de la Comunidad Valenciana de Fórmula 1. Estos eventos fueron una llamada para el turismo de alto nivel adquisitivo, y coincidieron con los años de mayor apogeo de la milla de oro. Durante esta época, unas marcas aprovecharon para abrir nuevos locales -como Loewe- y otras para reformar los que ya ocupaban.

Loewe abandona la "milla de oro" y se muda a la Plaza de la Reina
Loewe abandona la "milla de oro" y se muda a la Plaza de la Reina FOTO: JORGE GIL/EUROPA PRESS JORGE GIL/EUROPA PRESS

Antes de la apertura de estos bajos a finales de los noventa, las grandes firmas estaban localizadas en tiendas como Chapeau, que sigue teniendo productos de Prada, Gucci, Balenciaga o Ives Saint-Laurent en Hernán Cortés. Es posible que a partir de ahora, marcas como Louis Vuitton retornen a esta forma de negocio.

Un paseo por la milla de oro

De las grandes marcas, quedan Carolina Herrera, Lladró, Hugo Boss, Roberto Verino e Isabel Sanchis. Se entremezclan ahora con el hotel SH Inglés, un par de oficinas bancarias, la Cámara de Comercio de Valencia, un supermercado, una organización benéfica y algún bar. Poco queda del esplendor regio de los escaparates de las grandes firmas, que tienen los días contados.

“Es una pena que cierren estas firmas, porque son un reclamo para los clientes”, cuenta una trabajadora de Lladró. “Desde la pandemia empezamos a notar que venía menos gente, pero creo que últimamente hemos empezado a recuperarnos”. En Lladró pasea un matrimonio mayor, extranjero, que se acerca a las piezas, las toca y las fotografía. Se sienten cómodos en este establecimiento, en el que las piezas no cuestan menos de tres cifras.

Tres amigas, españolas y de mediana edad, pasean y comentan cuáles son las mejores opciones para hacer un regalo. Se fijan en que las obras -quieren comprar tres- mantengan una estética parecida: las mueven de un estante a otra, las juntan y las separan, se alejan para tener una visión más completa... “Poco a poco han ido abriendo otras marcas, pero no del mismo nivel. De todas maneras, esperamos que revitalicen la zona”, dice la dependienta.

Todas estas tiendas son un producto perfecto en sí mismas, en las que los objetos que se venden cuentan tanto como la experiencia de comprarlos: entrar en ellas es casi un ritual religioso, porque apelan a los cinco sentidos del cliente. El mimo con el que se preparan los escaparates, el hilo musical, el sutil perfume, las botellas de agua preparadas en la puerta, el juego de texturas en las prendas... Una colección de santuarios del lujo que, desde hace unos años, está quedándose sin gurús.