Josep Pons dirige «Edipo» Rey en el Auditorio Nacional

A su regreso a su antiguo podio, el director se encuentra con una Orquesta en buena forma

Josep Pons, en el Auditorio Nacional
Josep Pons, en el Auditorio NacionalRevista Scherzo (nombre del dueño)Josep Pons

Obras de Poulenc y Stravinski. Orquesta y Coro Nacionales. Director: Josep Pons. Auditorio Nacional, Madrid. 10-XI-2019.

Retornaba Josep Pons a su antiguo podio madrileño y se ha reencontrado con una Orquesta Nacional en buena forma, resultado entre otras cosas de la labor que realizó a su frente durante unas cuantas temporadas y que en su momento no fue bien vista por todos los miembros de la agrupación. En esta oportunidad quien es ahora director musical del Teatro del Liceo de Barcelona se ha mostrado en excelente forma física, esbelto y ágil, claro de gesto y comprometido con las partituras constitutivas de un estupendo y nada habitual programa, de espinosa realización.

Para las tres obras corales que inauguraban la sesión, «Ave María» y «Padre nuestro» de Stravinski y «Letanías a la Virgen María» de Poulenc, Pons supo aplicar un especial mimo, el requerido para composiciones delicadas y transparentes, austeras, en las que abundan los pianos y las sutilezas que revisten de extraña belleza a la línea arcaizante del músico francés y de atractivas luces a la armonía modal de las del ruso. El coro femenino cantó exquisita y afinadamente en las «Letanías» y combinó bien con el masculino en las dos páginas stravinskianas.

Era un buen día para el conjunto que dirige Miguel Ángel García Cañamero, que cuidó especialmente el empaste y la igualdad de los hombres en sus importantes intervenciones, como uno de los elementos protagonistas y, a la manera de un coro griego, como testigo determinante de la narración, en esa admirable, seca, adusta, ígnea composición que es «Oedipus Rex» del autor de la «Consagración de la primavera». Esa materia «no solo muerta, sino petrificada, convertida en monumental e inmunizada contra toda trivialidad», en palabras del propio compositor y que recuerda en sus esclarecedoras notas García del Busto. La reciedumbre de las voces, bien ensayadas, y su capacidad para reproducir las episódicas frases sigilosas, como las que cortejan el canto de Yocasta, el desarrollo del «fugato» que comenta la acción de Edipo arrancándose los ojos y los acentos dolorosos ante la desgracia del rey, fueron muy bien plasmados e impulsados por la activa batuta de Pons, que obtuvo una magnífica respuesta también de la ONE.

Un equipo bien adiestrado de solistas contribuyó al buen éxito ante un Auditorio que distaba de estar colmado. El tenor lírico, con ciertos ribetes de «spinto», Nikolai Schukoff (Edipo) mantuvo el tipo y cantó con arrestos ante una tesitura tirante y nada fácil que le causó no pocos problemas. Bien José Antonio López (Creonte y Mensajero), que lució su pastoso timbre baritonal, aunque anduvo algo incómodo en momentos en los que la rectoría no logró amainar la intensidad de los conjuntos. Sufrió el mismo problema, pasajeramente, Stéphanie D’Oustrac (Yocasta), mezzo de hermosos reflejos, algo débil en graves. Cumplieron bien el tenor Francisco Vas (Pastor) y el bajo Alexander Vinogradov (Tiresias).