Leonardo da Vinci: ¿dará “Salvator Mundi” plantón al Louvre?

La multimillonaria obra, sobre cuya autoría pesan serias dudas, sigue a bordo de un yate sin que se aclare si colgará en las paredes del museo parisino

"Salvator Mundi" se vendió a finales de 2017 por 450 millones de dólares
"Salvator Mundi" se vendió a finales de 2017 por 450 millones de dólares

Dos años han pasado desde que «Salvator Mundi», obra supuestamente salida de la mano de Leonardo da Vinci (y sobre cuya autoría pesan cada vez más dudas) se vendiera por la astronómica cifra de 450 millones de dólares (378 millones de euros). Desde aquel 15 de noviembre de 2017 poco o nada se ha vuelto a saber del lienzo. Misterio alrededor de su autoría, niebla sobre quién compró la obra, cautela e interrogaciones acerca de su paradero.

Nada puede darse por cierto o seguro con respecto a este lienzo. Quizá, nueva incógnita, mañana o la próxima semana, recale finalmente en una de las paredes del Louvre, donde se exhibe ahora la más grande exposición jamás vista sobre el padre de «La Gioconda». Quizá. Hasta tenía lugar asignado en la pared, pero es preferible no disipar, y resulta más rentable, desde luego, la bruma alrededor de este salvador del mundo que dice que descansa en una de las estancias de un lujoso yate que últimamente se ha movido por la costa dando pie a ciertas teorías.

Cualquier cosa es posible. Vale más la obra por lo que calla que por lo que cuenta, es decir, que es más valiosa fuera de la circulación y alimentando teorías imposibles que a la vista de los cientos de miles de visitantes que pasarán por caja para ver la muestra de Da Vinci en París. Un profesor de arte con sobrada experiencia dice exactamente que «una imagen vale más que mil palabras pero una no-imagen vale millones». Bastantes más que los cuatrocientos largos que desembolsó el jeque que lo compró.

Recordemos que cobró una fuerza inusitada cuando la colaron por la puerta grande en una subasta de arte contemporáneo (la cabeza privilegiada del entonces responsable del departamento de Christie’s, Loic Gouzer, dada a estos saltos mortales, hizo pleno con una jugada maestra del marketing que debería estudiarse en la Universidad), lo que generó idénticas expectativas que el resto de piezas que salían al martillo. Siguió los modos y mañas de sus compañeros de puja, léase Warhol y Basquiat, por ejemplo. Y subió en una noche histórica hasta las nubes, tanto que pasarán muchos años hasta que nuestros ojos vean un récord similar.

Por el momento, han transcurrido más de seiscientos días desde que «Salvator Mundi» desapareció. Su no presencia en el Louvre ha generado buenos titulares. Aún hay tiempo para que se convierta en la joya de la exhibición. O quizá los gurús de la cosa jueguen precisamente a lo contrario: a esperar y dar largas, crear expectativas, como sucedía en la genial obra de teatro de Samuel Beckett «Esperando a Godot». Puede que este «Salvator Mundi», al cabo, no nos salve de nada. Puede que jamás llegue ni al Louvre de París ni al de Abu Dhabi, donde se vendió como pieza estrella.

Puede que jamás volvamos a verla en público y que su leyenda se agigante. Que no importe si la pintó Leonardo o alguien de su círculo. Lo que sí está claro es que se trata de una de las mayores y mejores «performances» realizadas por el arte contemporáneo cuyo sujeto es una obra del siglo XVI. «Godot no vendrá hoy, pero mañana seguro que sí», se repite en la gran pieza del teatro del absurdo. ¿No puede suceder lo mismo con el cuadro? Quizá mañana sí, quizá llegue mañana.