Cómo cantar «Il pirata» y no morir en el intento

Javier Camarena y Celso Albelo cuentan cómo se enfrentan a la ópera de Bellini, una obra extremadamente complicada para las gargantas de los cantantes, de ahí que se programe tan poco, y que se estrena en el Teatro Real el próximo día 30. Todo un reto

No hay más que ver cómo se miran para saber que entre ellos existe química de la buena. Se ríen. Mucho. Gastan bromas y se consultan el uno al otro, que tanto monta, sobre cómo se canta esta nota o se afina la otra. El encuentro de ayer en el Teatro Real es un «déjà vu» en toda regla, pues en 2016 Javier Camarena y Celso Albelo, mexicano el primero, canario el segundo, coincidieron en el mismo escenario con un Bellini, «Puritani». Hoy lo vuelven a hacer con otro, «Il pirata», una ópera endiablada para las voces, un ejercicio de fuerza al máximo al que ellos saben extraer todo el jugo. Es el debut del papel para todos los cantantes, a excepción de Sonya Yoncheva y el director de escena, Emilio Sagi.

De aquel encuentro han pasado tres años y la camaradería es aún mayor si cabe. Se conocieron en 2006 en Múnich. Fueron coincidiendo en repartos por el mundo y Madrid les une de nuevo. El «cast» es imponente, asegura Joan Matabosch, director artístico del coliseo, la clave para poder representar una obra que sube a escena en Madrid también por primera vez. ¿Motivo? Que no hay quien la quiera cantar. Salvo ellos ahora en Madrid (a los que se une el nombre de Dmtry Korchak en el tercer reparto), las tres sopranos y los tres barítonos. Los tenores son Gualtiero, un hombre enamorado hasta las trancas pero rudo, que se entrega, aunque le falta algo de calor.

Dos "Puritanos" por un "Pirata"

«A mí realmente es un tipo que me cae mal. Roza incluso el maltrato. Esa pasión romántica que lleva al extremo no la acabo de entender. No le tengo un especial cariño, aunque supone un reto maravilloso formar parte de este festival de agudos», comenta Celso Albelo con un punto de ironía. ¿Tan duro es? «Preferiría cantar dos ‘‘Puritanos’’ al día, uno por la mañana y otro por la tarde antes que un ‘‘Pirata’’», dice riendo. Camarena le escucha con atención. El rey de los bises vuelve al teatro por la puerta grande. El mexicano está en uno de sus mejores momentos y observa a su nuevo personaje como «un reto sumamente complicado, exigente y demandante y que supone una oportunidad diferente para mí».

Cumplió el jueves Camarena 15 años de carrera: «Más sabe el diablo por viejo que por diablo. Yo disfruto ahora más cada nuevo papel. Es una experiencia de vida que te da un poco de colmillo. Digamos que con el paso de los años lo vivo de una manera más plena». Y se transmuta en el noble traicionado que se convierte en un pirata, en un fugitivo, «un personaje intenso, interesante en la zona de los agudos que posee una parte temperamental que ama Imogene y está dispuesto a todo por tenerla. El terminará sacrificándose por amor».

¿Qué tiene Bellini? «Es el maestro en la parte de la construcción melódica. El papel de Gualtiero lo escribió para un tenor concreto, de ahí que esté plagado de tanta exigencia porque lo acomodó a su voz», explica. Y así es. El joven Bellini, que pasaba de los 25, escribió esta partitura del demonio para su tenor Giovanni Battista Rubini, quien, según desvela Matabosch, el compositor le exigía que diera todo de sí para hacer suyo el personaje: «No eres más que una bestia. Muestra un poco de pasión. ¿Es que nunca te has enamorado?», le decía.

El triángulo del estreno en La Scala en octubre de 1827, y para quienes fueron escritos los papeles, lo cerraban Antonio Tamburini, el barítono que daba vida a Ernesto, y la soprano Heriette Méric-Lalande, como Imogene. Insisten tanto el director de orquesta, Benini, como los cantantes, en que en el siglo XIX –lógico es– no se cantaba como se hace ahora. Esos falsetes y falsetones de antes hoy son un recuerdo. Tampoco como la generación inmensa de los Di Stefano y Franco Corelli lo hicieron. «El centro de la voz de antes es completamente distinto porque el registro se sitúa en una zona incómoda para la voz y la cuerda se fatiga», dice el tenor mexicano, y Albelo añade «y así pasamos tres horas». De ahí que destaque que el ambiente que se ha creado alrededor resulte como un bálsamo sanador para la tensión diaria: «Es como un paliativo, nos ayuda a reducir el sufrimiento», dicen a dos voces. Un ambiente que Sagi trata de endulzar: «Lo que a mí me gusta es trabajar en armonía. La dictadura es mala, incluso para trabajar en el teatro. Yo no soy de los que creen que hay que conseguir la catarsis a través de los gritos», apostilla.

Sobre el escenario

Camarena cuenta en voz baja que si hubiera tenido delante a Bellini «me lo hubiera llevado a tomar unos tequilas y le habría pedido que bajara unos tonitos. Ten en cuenta que ni Bellini, ni Rossini ni Donizetti compusieron para la técnica actual». Dice que el papel le llega cuando le tiene que llegar, después de haber cantado «Puritanos», «Lucia di Lammermoor», «La sonámbula». Ambos han llevado carreras sin sobresaltos, de fondo. Ópera a ópera y sin forzar nunca la garganta con papeles cantados antes de tiempo. Recorremos con Albelo las tripas del Real. «¿Has estado en el escenario?», pregunta. Y lo enseña con orgullo. Se nos escapa un «guau» al ver la escena, con espejos en el techo, una maravilla, y él dice con toda la razón: «La maravilla está ahí», y señala el patio de butacas. Qué vértigo da mirarlo aunque las luces estén apagadas.

Fuera de cámara y lejos del teatro los dos tenores comparten mesa, comen juntos. Y son amigos, pero de verdad. Entre ellos no existen tiranteces, ni hay lucha de egos. Son más las bromas cuando el fotógrafo Alberto R. Roldán les pide que se junten más, un poquito más (como la canción) para la foto que tiene en la cabeza, y ellos se ríen entonces con muchas ganas y se piropean y vuelven a reír. Menudo par de piratas. Volvamos al comienzo de este párrafo. Fuera de la cámara, Camarena es un hombre normal pero con una garganta que no lo es. Le apasionan los videojuegos y es un fan de las primeras consolas: «La Atari nació conmigo, hemos crecido juntos». Ahora comparte su pasión con sus hijos: «Los disfrutamos juntos y son oportunidades nuevas de convivencia, lo mismo que cuando jugamos al Monopoly». No es lo único que apasiona al tenor mexicano. A la cocina también le saca jugo: «Me gusta muchísimo desde niño, es una parte de la educación que me dio mi mamá. Ella, cuando cocinaban me decía: “Por lo menos que sepas preparar un huevo frito y valerte por ti’’. Y no lo he olvidado».

Cuando no está cantando se levanta temprano para preparar el desayuno a sus hijos y tomarlo con ellos. Después, la comida. Por último, la cena. Y le gusta bastante Rosalía: «No es la música que escucho todos los días, pero ‘‘El malquerer’’ es un proyecto sumamente interesante». ¿Se ve cantando con ella? «Sería interesante. Su voz es preciosa. En su estilo es muy muy muy buena». Mientras llega ese día, les esperan 14 funciones en el Real, del 30 de noviembre al 20 de diciembre, todas dedicadas a Montserrat Caballé, una intérprete memorable y responsable del renacimiento de la obra junto a otra inmensa artista, Maria Callas.