El fenómeno batallas de gallos: del repentismo al Wizink Center

El incipiente espectáculo musical en el que dos freestylers improvisan sobre una base de rap no para de crecer en asistencia y repercusión de la mano, principalmente, de Red Bull

Wos, mc argentino, se erigió como campeón de la batalla Internacional de Red Bull el año pasado
Wos, mc argentino, se erigió como campeón de la batalla Internacional de Red Bull el año pasado

Desde hace un tiempo hasta ahora el término batallas de gallos ha dejado de ser ese denostado show en el que dos aves armadas con cuchillas en las espuelas se matan entre ellas para el regocijo del público y el dinero apostado de los dueños. La arraigada práctica no se ha exterminado, pero ahora el concepto se relaciona con un incipiente espectáculo musical mucho más inofensivo: dos personas improvisando rap sobre una base instrumental tratan de humillarse el uno al otro a través del arte de la rima, ese que Red Bull comenzó a explorar en el año 2005, maceró hasta 2009 y explotó a partir de 2012, tras tres años de barbecho.

La unión de esta competición (no del hecho en sí) con la compañía es casi anecdótico: en el año 2003 se estrenó el film autobiográfico “8 Millas” protagonizado por Eminem, donde se puede ver al popular rapero medirse con sus homólogos en las calles de Detroit. Ello sirvió como boom para abrir una nueva vía de negocio, pero la génesis de las batallas es mucho más antiguo, tal y como cuenta Alfredo Francesch, profesor de Antropología de la UNED: “Siempre han existido este tipo de prácticas bajo la forma de los llamados “repentistas”, en España y también en Latinoamérica. Los duelos en forma poética improvisada exigen ingenio, agudeza, y su carácter de contienda los hace atractivos al público. Al envolverse en formas musicales recientes, el rap, la figura tradicional del repentista se recicla y así accede a un público más joven”.

Sobre el escenario improvisan dos MCs, pincha un DJ y “hostea” un speaker (un “árbitro” que vela por el cumplimiento de los tiempos y que anima al público antes, durante y después de las batallas); todos ellos cobran por participar y son vistos por millones de personas a través de streaming. Se está consolidando una creciente profesionalización en el mundo de la improvisación. DJ Verse, quien pone la música en Red Bull, afirma que “hay más medios y más interés de sectores de la industria o la sociedad pero eso es lo bueno de crecer: más visibilidad y que la gente sepa bien lo que es y con todo eso decidir si te gusta o no y consumirlo”. Ello, sin embargo, implica también una parte negativa: “También ha salido la parte fea que conlleva generar dinero en el mundo del espectáculo, gente interesada sin ética etc.”.

El público es el factor diferencial y ocurre algo curioso: los oyentes comienzan a empatizar más con unos que con otros en función de su estilo, procedencia o lo que sea. Ocurre un poco como en los deportes: “Desde esta profesionalización que está viviendo el freestyle se asemeja un poco más a cualquier deporte”, evalúa Queen Mery, hoster de Red Bull desde el año 2016. Por ello, como desgrana ella misma, “existen hasta medios especializados, marcas deportivas patrocinando a los gallos y un público que vive también las batallas de manera similar a la liga de fútbol”. Eso también ha llevado a situaciones desagradables: DJ Verse cuenta que a él “no le gusta esa parte, el fanatismo” porque “ha habido momentos no tan buenos con ese forofismo por países, que el público quería enfrentar a todos contra todos". Pero él lo sentencia tajantemente: “Esto no es fútbol, en esta cultura nos apoyamos unos a los otros y se ha demostrado”.

El Wizink Center, abarrotado en la Final Nacional de Red Bull en España el año pasado
El Wizink Center, abarrotado en la Final Nacional de Red Bull en España el año pasado

El auge y la popularidad de este fenómeno se debe a varios motivos, pero la mutación de un estilo musical consolidado como es el hip hop aunado a las fluctuantes modas han (casi) convertido a las batallas de gallos en un fenómeno de masas: “Si hay algo que caracteriza los sistemas culturales es la capacidad de adaptación y de digerir elementos ajenos para asimilarlos como propios, con las modificaciones que el caso conlleve”, explica Alfredo. “En ese sentido, estos duelos son muy interesantes porque unen tradiciones de distinta índole, algunas muy antiguas (el repentismo), otras bastante recientes (el rap), para dar lugar a formas de expresión artística al margen de lo académico, por así decirlo, pero que requieren del ejecutante dominio técnico y, al mismo tiempo, son espectaculares. Ignoro si estos intérpretes son conscientes del legado cultural que tienen detrás, pero el caso es que lo tienen”.

Todo este boom se traduce en un impacto económico y social notable. Por ejemplo, y según informan fuentes internas, la final internacional de Red Bull del año 2014 contó 375.00 visitas online en directo y durante los 7 días consecutivos; en 2017 el número ascendió a 8 millones y en 2018, a 19,5 millones. La asistencia también ha crecido exponencialmente; mientras que a la final internacional de Barcelona de 2014 asistieron 1000 personas, el año pasado no cabía ni un alfiler entre las 17.000 personas que llenaron el Wizink Center de Madrid. Y era sólo a nivel nacional.

Sobre el futuro no hay nada escrito, pero todo parece indicar que el fenómeno batallas de gallos es ya una realidad que únicamente puede ir hacia arriba. El próximo sábado (30 de noviembre) tendrá lugar la Final Internacional Red Bull Batalla de los Gallos 2019 en Madrid, en el Wizink Center. Allí se reunirán exponentes como Aczino, Wos, Zasko o Benet, y juzgarán diferentes personalidades como Arkano o Dtoke. El lema de la competición es “Muchos hablan, pocos riman, pero sólo los mejores improvisan”. El sábado se decidirá en España quién es el mejor del mundo en el arte de la rima improvisada.