García de la Concha: «La poesía de Instagram no es literatura»

El académico se pone romántico en su nuevo trabajo: «Breviario de amor» es un compendio de 50 poemas «inolvidables», dice, que reflejan la evolución de este sentimiento en la poética en español; del anónimo «Romance de Fonte frida» al «Más allá del amor», de Octavio Paz

Victor Garcia de la Concha / Foto: Alberto R. Roldan
Victor Garcia de la Concha / Foto: Alberto R. RoldanAlberto R. RoldánLa Razon

Víctor García de la Concha (Villaviciosa, 1934) vive por y para la poesía. Se desvelaba en la madrugada del lunes al martes –previa a esta entrevista– en su cama y no se lo pensó dos veces, se lanzó a por un libro que acababa de recibir, la antología de la poesía en las vanguardias latinoamericanas que han publicado Juan Manuel Bonet y Juan Bonilla. Y a ellos se aferró hasta quedarse dormido. Lo que no le ha quitado el sueño a García de la Concha –no por falta de trabajo, sino por el «gusto», cuenta, con el que lo ha hecho– es «Breviario de amor» (Espasa), «uno de esos libros que te salen así, casi solos». Un volumen «de lujo» en el que ha recopilado y comentado cincuenta poemas «inolvidables».

De un plumazo, «casi de cabeza», elaboró una lista de composiciones muy similar a la finalmente editada. Versos que van del anónimo «Romance de Fonte frida», en los albores del Renacimiento, a Octavio Paz y su «Más allá del amor». La nueva publicación toma su nombre del «Breviari d’amor» que firmó Ermengaud de Béziers a finales del siglo XIII, un compendio enciclopédico de los saberes aristotélico-tomistas que, aclara el académico, se llamaba «de amor» porque con ese concepto se definía la divinidad. Para García de la Concha, poesía y amor nacieron a la vez; y como «toda vivencia amorosa tiende a expresarse», así lo quiere mostrar en esta enciclopedia de la historia del sentimiento amoroso en la poesía en español.

La cima de la lírica

Sentimientos que, para el escritor, siguen siendo los mismos de siempre, «y que no nos los toquen», zanja. «Otra cosa es el concepto que uno tiene del amor, diferente en cada época». «Muy claro», dice, se ve esa evolución en este breviario en el que García de la Concha guía al lector desde el «Fonte frida, Fonte frida», que da inicio a los versos. Una posible canción coral y de danza, según Eugenio Asensio, en la que de la Concha encuentra un romance tejido con elementos medievales, «pero lo suficientemente cambiados como para generar un poema nuevo». Después llegarían los comienzos del Renacimiento, donde, entre otros, destaca a Garcilaso, y cómo este traslada su propia experiencia al papel valiéndose de la lírica latina y griega. El poeta se enamoró perdidamente de la dama portuguesa Isabel Freyre, una relación imposible porque estaba casada, pero perfecta como ejemplo consumado del ideal renacentista de conjugar armas y letras: «(...) Cuanto tengo confieso yo deberos;/ por vos nací, por vos tengo la vida,/ por vos he de morir, y por vos muero». La cima de la producción lírica de Garcilaso para García de la Concha: «Su pasión inspiró los versos más sentidos».

Pero fue un siglo más tarde, en el XVII, cuando, para el estudioso se llega al soneto más alto de la lírica española, de Quevedo: «Cerrar podrá mis ojos la postrera/ sombra que me llevare el blanco día,/ y podrá desatar esta alma mía/ hora a su afán ansioso lisonjera», recita de memoria de una composición «pendiente de la mitología griega y de la traducción latina», una norma durante toda su época. Después, «el XVIII es un siglo que para el amor no vale». El concepto que se tiene en la literatura de este tiempo es hacer de la poesía una copia, no una creación, «y, por tanto, cuando uno lee a Meléndez Valdez o a Iglesias de la Casa se queda frío. Esto no me desvela». Todo lo contrario a lo que ocurrirá con el Romanticismo y, principalmente, con el «Canto a Teresa», de José de Espronceda. Otra «obra sublime de la lírica española» y otra pieza llena de tremendismo, de su propia experiencia: encontró a Teresa, una mujer casada, en Portugal y la reencontró en Londres, donde Espronceda vivía junto al grupo de exiliados liberales. Estuvieron juntos hasta 1836. Luego, el escritor defendió la imposibilidad de un amor de verdad. Abandonada, Teresa se ve arrastrada a la prostitución y, más tarde, a muerte. Lo que da pie al desprecio romántico del autor: «Que haya un cadáver más, qué importa al mundo!» «Es tremendo», apunta De la Concha, «pero, al menos, la poesía vuelve a tener vida y sentido», celebra de una vitalidad que ya no se perdería en la poesía durante la modernidad.

–Pero, centrándonos en la actualidad y dejando grandes nombres como el de Margarit (recién nombre premio Cervantes), ¿lo que vemos en Instagram, qué es?

–La verdad es que no lo sigo mucho... Alguna vez veo alguna cosa, pero ya. Prefiero centrarme en los nombres del Premio Loewe o en gente como Margarit, palabras mayores.

–Muchos de esos instapoetas venden libros sin parar.

–Pero eso no es literatura.

Zanja así un García de la Concha que no entiende la poesía sin métrica, «es palabra y ritmo. Lo demás es prosa poética. Difícilmente en una prosa se puede sacar todo el jugo a una palabra». Respecto a las diferentes épocas del concepto de amor, se frena en el concepto de machismo, «que es moderno, aunque la realidad siempre estuvo ahí». No oculta la vigencia de una lucha contra el machismo que dice existir, también en la RAE, donde el debate sobre el lenguaje inclusivo ya lleva años. Son las conclusiones y evidencias que el que fuera director de la Real Academia Española (RAE) y del Instituto Cervantes ha sacado de su paseo por la poética española, a través del cual se ha reencontrado con «cosas que he explicado en clase una y mil veces», a la vez que ha descubierto otras: «Como aspectos de José Martí y César Vallejo, principalmente, pero también de Octavio Paz y Pablo Neruda».

Del primero, como en otros casos, García de la Concha se prendó de sus propias vivencias. Y de los viajes de Martí a Guatemala, donde se enamoró de la hija de un general amigo suyo. Años más tarde, tras su paso por México y su matrimonio, se casó. Un obstáculo insalvable para una joven que se suicidó después de darle un recuerdo: «...Ella dio al desmemoriado/ una almohadilla de olor;/ él volvió, volvió casado:/ ella se murió de amor», vuelve a recitar. De Vallejo le ha llamado la atención un poema de su juventud, lejos del surrealismo que impulsó y en el que pone de relieve a una mujer esbelta y de color rosado («de junco y capulí») mientras habla del «sabor a cañas de Mayo», un dulce muy familiar para el responsable de esta antología.

Próxima parada: un códice inédito de Lope
La vida de Víctor García de la Concha no se puede entender sin la poesía. Si en «Breviario de amor» recopila las cincuenta mejores composiciones de la métrica en español, en 2012 disfrutó del mismo modo con la edición del «Códice Durán-Masaveu», de Lope de la Vega: «Fundamental para ver cómo creaba, porque se aprecia cómo escribía, tachaba, corregía y elaboraba», apuntó por entonces. Ahora, de nuevo de la mano de Abraham Madroñal y Carlos Domínguez (colaboradores entonces), se centra en un nuevo trabajo que tiene al Fénix de los ingenios en el punto de mira: «Es un nuevo códice que tiene mucha poesía inédita», anticipa el escritor.