“La hija de un ladrón”: Yo soy la madre de mi padre

Greta Fernández logró la Concha de Plata a mejor actriz por el papel de esta madre soltera de 22 años en la que actúa con su propio progenitor, Eduard Fernández.

Lo de Greta Fernández ha sido llegar y besar el santo... Es cierto que lleva toda la vida en un set de rodaje, como hija de Eduard Fernández que es y en razón de las muchas apariciones desde pequeña en papeles de figurante. Pero con «La hija de un ladrón», su primer papel protagonista en un largometraje (si exceptuamos «Elisa y Marcela», para Netflix) ha conquistado un lugar preferente en la industria. Con solo 24 años logró el pasado mes de septiembre la Concha de Plata a la mejor actriz «ex aequo» con la veterana Nina Hoss.

Belén Funes, una debutante a su vez, le ha puesto en las manos el papel de su corta vida laboral: el de una madre soltera de 22 años, que además se hace cargo de su hermano pequeño, en tanto su padre está en prisión. Un buen día, el progenitor (Eduard Fernández) sale de la cárcel y lucha, inmerso en una espiral ciclotímica de afecto y desafecto, por quedarse con el hijo pequeño y acercarse a Sara. Pero la dinámica se revelará pronto tóxica para esta joven que, al tiempo que es toda una madre de familia forzada, teme quedarse sola en el mundo.

Dos noveles

«He tenido mucha suerte con esta película. Es un papel muy bien escrito, muy interesante y la directora tenía muy claro lo que quería hacer. Nunca tuve la sensación de estar ante una novel, en absoluto. Tenía muy claro lo que buscaba con el papel de Sara», explica Greta Fernández. Ella, como hija de un actor reconocido, no ha vivido de primera mano el ambiente de extrarradio en el que se mueve Sara, pero, apunta, «aunque mi vida es muy alejada de la suya, por parte de la familia de mi madre sí he estado mucho en Badalona y conozco esos barrios es los que transcurre el filme. Yo me puedo adaptar a muchas situaciones, y gracias a las indicaciones de la directora y a la pura admiración por mi personaje, he sacado ganas y fuerzas para hacerlo».

El resultado es un trabajo que ha encandilado a la profesión y que, además, enfrenta a la joven actriz a su padre en la vida real, ejerciendo de progenitor en la ficción. ¿Ha sido un apoyo o una rémora tener a alguien de tanta confianza en el set? «Me ha facilitado las cosas, porque mi padre es muy buen actor y me ayudaba mucho, pero también me dejó hacer y se fió mucho de Belén Funes. El ritmo de rodaje era muy bestia para mí y él solo aparecía puntualmente y no se metía en mi personaje». En general, mantiene, «manejamos con mucha naturalidad» el hecho de dedicarse ambos a la misma profesión: «Llevamos mucho tiempo hablando de esto y en el fondo llevo años aquí aunque sea con papeles pequeños».

Con opción a Goya

Su interpretación de Sara la ha colocado en el disparadero de la temporada de premios. Pero se da un caso curioso que puede torpedear sus aspiraciones. En buena lógica, Greta Fernández podría aspirar (y además con garantías) al Goya a mejor actriz revelación. Sin embargo, un cambio en la normativa con caracter retroactivo frustra sus aspiraciones: no podrá aspirar a este premio quien ya haya sido candidada con anterioridad y a Fernández la han propuesto para papeles menores. Así pues tendrá que batirse el cobre en la categoría reina, la de mejor actriz, donde sus posibilidades son a priori menores. Aunque nunca se sabe. Por lo pronto, la joven solo le pide una cosa a su profesión en lo venidero: «Más papeles como éste».