Cultura

“Nabucco”, la disimulada debilidad

Plácido Domingo, alma de la función, recibió los constantes y cálidos aplausos del público, que le demostró un cariño incondicional

De Verdi. Plácido Domingo, Amartuvshin Enkhbat, Arturo Chacón-Cruz, Riccardo Zanellato, Anna Pirozzi, Alisa Kolosova. Dirección escénica: Thaddeus Strassberger. Dirección musical: Jordi Bernàcer. Palau de les Arts. Valencia, 2-XI-2019.

Dentro de la sinrazón que domina el mundo, esta representación era una más. La primera actuación de Plácido Domingo tras los incidentes y Valencia le esperaba con expectación y gratitud. Pero no sólo Valencia. Los acosos de la prensa tras la noticia han sido llamativos: sólo importaba el tenor. Y, como alguien ha hecho mal las cosas, ha dejado mucha prensa enfadada. Todos habían pedido entrevistas y sólo se publicaron dos en vez de organizar una rueda de prensa. Tan enfadada ha quedado que, después de tanto interés, ya no importaba saber si a Domingo le habían aplaudido mucho o poco. Cosas de la vida.

Pues sí, se le ovacionó tras cada una de sus intervenciones y muy especialmente después de su “preghiera” final y al acabar la representación, antes de que se simulase el estreno de “Nabucco” en la Scala en 1842, con carteles de “Viva Verdi” y octavillas desde las alturas con “Gracias Plácido”. Hay veces que el texto de una ópera sugiere una realidad más inmediata.

Nabucco canta que se encuentra débil, que no desea que el pueblo se entere de ello y que quiere parecer fuerte. Eso mismo le sucedía a Domingo, en lo personal y en lo vocal. Sin duda le han tenido que afectar los sucesos y resentirse tanto físico como voz pero, como ha descansado tras cancelarse actuaciones, no se ha advertido tanto. Ya no trata de oscurecer la voz. No es Nabucco, es Plácido, para bien y para mal. Aún admira su fraseo en el registro central, incluso la belleza del timbre, pero la ópera no es sólo eso. No creo que sea el momento adecuado para exponer la reflexión que me hice durante la función. Ya habrá ocasión. Dejemos ahora al artista recoger la gratitud y el cariño que todos sentimos por él.

Anna Pirozzi fue una Abigaille -papel incantable- de enorme caudal en los forte-agudos, opaca en los graves y con problemas en las coloraturas. Arturo Chacón-Cruz aportó dignidad en el breve papel de Ismaele, como otro tanto Alisa Kolosova como Fenena. Flojos en cambio los bajos. Al Zacarías de Riccardo Zenatello le faltaron enjundia, graves y agudos. Jordi Bernàcer supo mantener viva, con pulso, una representación que flojeaba por el reparto y, sobre todo, por la escena.

La coproducción de Washington, Minnesota y Filadelfia simulaba el estreno de “Nabucco”, con palcos a la izquierda del escenario, espectadores y soldados de época, como excusa para unos decorados de cartón piedra de telas pintadas sin ser los de la “Aida” de Mestres Cabanes del Liceo.

Valencia estuvo con Plácido Domingo. ¡Lástima que no se dedicase la función a Helga Schmidt! Otra a quien tiene mucho que agradecer.