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Cultura

“Legado en los huesos”: Vuelve la misteriosa bruma del Baztán

Fernando González Molina dirige la adaptación de «Legado en los huesos», secuela de «El guardián invisible», con Marta Etura de nuevo como la inspectora Salazar

El Valle del Baztán, donde se desarrolla la trilogía escrita por Dolores Redondo, es un espacio natural magnético donde la lluvia y las brumas se mezclan con la magia, los mitos, las tradiciones y la religión hasta el punto «de ser un personaje más de la película», según Marta Etura, que vuelve a meterse en la piel de la inspectora Salazar en esta segunda entrega, «Legado en los huesos», también dirigida por Fernando González Molina tras «El guardián invisible». «Esos bosques frondosos y cerrados, con tan poca luz y la lluvia siempre presente crean un ambiente y una atmósfera, origen de toda esa mitología que sin duda influyó en sus habitantes y en la familia de Amaia Salazar. La magia y el misterio del valle sobrevuelan siempre como telón de fondo de la historia», señala la actriz.

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Un pasado terrible

Estos elementos, omnipresentes en todo el relato, dan a la película una dimensión diferente a un thriller normal. Para Etura, «la trama policial es prácticamente un excusa para poder adentrarnos en el mundo de la inspectora y su familia con un pasado tan terrible y donde, de alguna manera, todo está vinculado: sucesos, magia, mitología y creencias». Junto a ella repiten en el reparto, Carlos Librado, Elvira Mínguez, Francesc Orella, Itziar Aizpuru, Susi Sánchez, Patricia López o Pedro Casablanc entre otros y se suman Leonardo Sbaraglia, Imanol Arias y Ana Wagener.

Ha pasado un año desde que Amaia Salazar resolviera los crímenes que aterrorizaron al Valle del Baztán. Embarazada y decidida a dejar atrás lo vivido en Elizondo, la vida de la inspectora se ve de nuevo alterada por un suceso inesperado, el suicidio de varios presos que dejan escrita en la pared de sus celdas una escueta y misteriosa palabra dirigida a ella, «Tartallo». Este inquietante mensaje destapará una trama terrorífica, que, mantiene Etura, «plantea la eterna lucha entre el bien y el mal, que es ancestral, pero también las relaciones humanas, de familia, del amor entre padres e hijos o lo que se produce cuando tu madre te odia, así como el asunto de la conciliación entre trabajo y maternidad. Dolores Redondo ha sabido conectar con esto y por eso ha tenido tanto éxito con los lector y espectadores».

El personaje de Amaia es muy atractivo para una actriz: por un lado es una mujer fuerte, como policía y para combatir el mal que vivió desde pequeña sin el afecto de una madre a la que teme, y por otro, es una persona frágil y sensible en lo familiar. «Esa dualidad es su dificultad y a la vez su riqueza –afirma Etura–. Para mí ha sido toda una experiencia interpretarlo. Han sido muchos meses, muchas horas, con climatología adversa, de noche, con frío, separada de tu bebé y de tu familia, un personaje siempre al borde del abismo con conflictos en lo profesional y lo familiar y, además, sin descanso porque aparece en casi todas las secuencias. Pero ocurre que me apasiona mi trabajo y tener una historia tan rica y un personaje así es apasionante, una película de factura tan grande y con este elenco de compañeros ha sido un regalo muy gratificante. Seis meses que no solo implican la dureza del gran esfuerzo físico y el desgaste emocional, sino la la felicidad de haber vivido en Amaia tanto tiempo», concluye la actriz.