“El silencio del pantano”: El turbio ecosistema de la corrupción

Marc Vigil debuta en el cine con «El silencio del pantano», que retrata una Valencia manchada desde las altas esferas a los bajos fondos.

La aparente belleza calma de un pantano es engañosa. Sin ir más lejos, en ellos, como en ningún otro lugar, prosperan las enfermedades infecciosas, como la malaria, también conocida bajo el nombre de paludismo, de «palude», pantano o ciénaga en italiano. «Parece un paisaje precioso pero esconde bajo el agua un montón de mierda», resume Marc Vigil. La metáfora le viene al pelo a la Valencia de principios de siglo XXI, según este realizador curtido en las series de televisión, que debuta con «El silencio del pantano» en el largometraje.

Valencia es, en efecto, una ciudad erigida alrededor y hasta encima de terreno cenagoso que en las últimas décadas ha vivido la falsa euforia de un desarrollo cuestionable, del que han emergido sapos y culebras: la famosa corrupción que viene tiñendo los telediarios todos estos años y que revela que, bajo el agua inmutable, bullían bacterias.

Asegura Vigil que, antes de «El reino» (Rodrigo Sorogoyen, 2018), no se había indagado tanto en el «thriller» político con la corrupción de fondo. «Era una pena que no se retratara a este país en el que nos levantamos escuchando noticias de este tipo ya sea en Andalucía, Madrid o Valencia. En esta historia (que viene de una novela de Juanjo Braulio) podíamos enmarcar todo ese ambiente».

Q es un exitoso escritor de novela negra. Pero los crímenes narrados en sus libros podrían ser más reales que ficticios, ejecutados por él mismo y luego vertidos al papel. Para su nueva peripecia literaria, secuestra a un político famoso por sus corruptelas. Y así, casi sin querer, hunde de manera más que peligrosa sus manos en el cenagal de las altas esferas que, curiosamente (o no tanto) se comunica a través de puertas giratorias con los bajos fondos de la ciudad. Nadie en «El silencio del pantano», está libre de culpa. O de mierda.

Entre realidad y ficción

«Aquí se habla de corrupción, pero sobre todo de la del alma. No creo que los políticos lo sean más que otros, sino que hay gente que sencillamente, por un motivo u otro, se corrompe. La película retrata ese ecosistema que hace posible que exista», señala Vigil. Pero paralelamente a ese retrato, digamos, sociopolítico, camina el «thriller», siempre ambiguo entre realidad y ficción, de este escritor frío. «Me interesaba jugar con el relato y la forma, cruzar la historia y que no se supiera si es verdad o invención. Hacer partícipe al espectador en ese juego de arquetipos. Me gustan las película que no te dejan indiferente, que continúan un poco más allá de la sala de cine», añade el director.

Aunque «El silencio del pantano» es su primera incursión en la gran pantalla, Marc Vigil viene trabajando en el medio desde hace años como director de series, generalmente encuadrados en el «thriller», como «Vis a vis», «Vivir sin permiso» y «Malaka», entre otros. El cine siempre fue su objetivo, confiesa, desde que de pequeño vio «E.T.»: «Es una aspiración romántica que viene de la infancia. En cambio, nunca me planteé trabajar en televisión. Pero el consumo y los contenidos han crecido en los últimos años y las plataformas nos ayudan a que el modo de contar ficción cambie. La televisión y el cine ya están cerquísima a nivel de gramática. Hace unos años, los de televisión éramos unos apestados y ahora todos quieren trabajar allí. Yo he hecho el camino inverso. Pero básicamente, en uno u otro lado, lo que me gusta es contar historias».

Lo que sí ha aprendido Vigil en estos años es que «dirigir no es lo que te planteas delante de un papel. Supone coordinar a mucha gente, rodearse de un equipo, quitarse los tapones de los oídos y entender que hay mucha gente que puede aportar cosas y sumar». Y eso, concluye, no entiende de cine o televisión. Es lo mismo.

La cantera de «La casa de papel»

Al igual que sucede con los creadores de series, que han ido dando el salto a la gran pantalla, los actores siguen el mismo camino. En concreto, rostros muy conocidos de «La casa de papel», espoleados por el éxito internacional de la serie, han ido debutando en la gran pantalla. Es el caso de Álvaro Morte («Durante la tormenta») y ahora de Pedro Alonso, que protagoniza «El silencio del pantano» dando vida al enigmático escritor Q. En «La casa de papel» interpreta a Berlín, que también es un personaje con un aura turbia.