Arte

El Museo del Prado, más feminista para 2020

Tras el Bicentenario, la pinacoteca presenta un programa expositivo que centra su atención en la mujer y el arte de América

«El cambista y su mujer», de 1538, la obra más célebre de Marinus van Reymersale, un artista muy poco conocido y al que se dedica por primera vez una exposición
«El cambista y su mujer», de 1538, la obra más célebre de Marinus van Reymersale, un artista muy poco conocido y al que se dedica por primera vez una exposición

Después del Bicentenario, el Museo del Prado ha optado por la discreción. La programación de este año incidirá en desarrollar un nuevo tipo de «narrativa» para acercarse a los visitantes y continuar atrayendo personas a sus salas. Es imposible enjuiciar ninguna exposición antes de verla, pero, en principio, parece la pinacoteca española ha optado por tomar otra senda y acercarse a otra clase de muestras, muy distintas de las que solía hacer en el pasado, cuando se traían grandes nombres acompañados con un significativo número de cuadros. Pero eso no será así a lo largo de 2020. Lo más atractivo del año es la muestra que denomina «Invitadas. Fragmentos sobre mujeres, ideología y artes plásticas en España (1833-1931)». Una iniciativa que parte de los propios fondos de la colección y que intenta dar a conocer cómo, a lo largo del siglo XIX y principios del XX, el arte reflejó a la mujer. Esta apuesta parece sumarse al camino que ya abrieron las muestras sobre Clara Peeters, Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana. No obstante, la presencia de artistas femeninas en esta exposición es un porcentaje bajo, pero el propósito es que las obras reunidas arrojen una visión de cómo los hombres veían a sus compañeras y cómo moldearon su rol en una época que no fue, precisamente, la más festiva y alegre para ellas. Nuestra intención –apunto Miguel Falomir, director del Museo del Prado– es señalar cómo la mirada masculina ha propuesto una forma de mirar a la mujer y ha fijado un papel para ellas a través de la pintura».

Quizá, la otra exposición que sea más interesante sea la llamada «Tornaviaje. Arte Iberoamericano en España». Con esa palabra, «tornaviaje», se alude al regreso de América, y pretende acercarnos al arte que se desarrolló en el Nuevo Mundo y que también influiría en los artistas que desarrollaban su carrera en España. A pesar de que El Prado es un museo con predominio de arte europeo, esta vez se ha querido ensanchar la frontera para enseñar qué se hacía en el Nuevo Mundo. «Formamos parte de la sociedad en cambio y parecería anacrónico seguir cerrados a estructuras de visiones eurocéntricas», explicó Falomir. Para lograr este propósito, se han reunido bastantes piezas procedentes de distintas instituciones, organizaciones y colecciones religiosas.

Un autor enigmático

Falomir insiste en una idea: «volver la mirada a la colección permanente, que es lo que ha convertido a este museo en una referencia». Pero ha incluido en la programación una exposición pequeña, pero interesante, probablemente de las más curiosas o sugestivas para los visitantes: la dedicada a la figura de Marinus van Reymersale, un artista extraño, enigmático, del que apenas se conocen datos y cuya figura todavía anda envuelta en un halo misterioso. Esta es la primera vez que se dedica una muestra monográfica a este creador, y será una oportunidad para acercarse a aspectos de su biografía y personalidad.

Junto a dicha iniciativa está la de «Pasiones mitológicas», en colaboración con la National Gallery, la National Galleries of Scotland y la Isabella Stewart Gardner de Boston. Esta exposición juntará, por primera vez desde el siglo XVII, las llamadas «poesías» que Tiziano hizo para Felipe II entre 1551 y 1562. Unas obras que posteriormente influyeron en grandes artistas.