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La «Prostitución» invade el Español

Andrés Lima reúne a Carmen Machi, Nathalie Poza y Carolina Yuste en el escenario prinicpal de la plaza Santa Ana para contar los testimonios reales de diferentes meretrices y desestigmatizar la profesión

De izquierda a derecha, Carolina Yuste, Carmen Machi y Nathalie Poza, y en la proyección del fondo, Lucía Juárez
De izquierda a derecha, Carolina Yuste, Carmen Machi y Nathalie Poza, y en la proyección del fondo, Lucía Juárez Laura Ortega Laura Ortega

Por algo Andrés Lima es el actual Premio Nacional de Teatro: «Por su constante labor de investigación artística y búsqueda de nuevas formas y estéticas teatrales, y su capacidad para incentivar la escritura dramática», justificaba el jurado del Ministerio de Cultura. Si el ­año pasado nos deleitaba con un sublime «Shock (El cóndor y el puma)» –inspirado en «La doctrina del shock» de Naomi Klein–, ya antes, entre otros asuntos candentes, había hecho lo propio abordando la memoria histórica y los abusos infantiles. En esa misma línea de compromiso con los debates abiertos en la sociedad «y con la inquietud de conocer el mundo», en esta ocasión, el director madrileño se sube a los tacones de la prostitución, «porque no hay puta sin tacones», puntualiza.

Lima se introduce en un terreno en el que «todos hemos tenido alguna relación. No directamente, pero sí como algo que está ahí. No hace falta irse muy lejos para verlo. Con ir 50 metros más allá, a la calle de la Cruz [explica desde la sala de exposiciones del Teatro Español], lo vemos en directo». Un negocio que toca a la inmensa mayoría de la población, de la que todo el mundo tiene una opinión y que mueve la friolera de 5 millones de euros al día (más de 1.500 euros al año por barba). «Un tema con tantos matices que hay que meterle mano, tomar decisiones, no esconderlo debajo de la alfombra», explica Lima de un proyecto que surgió durante un taller sobre el capitalismo que derivó a un debate sobre la legalización o abolición de la prostitución en España, «donde recordemos que es alegal, un paradigma». Reconoce que este no es un conflicto de derechas ni de izquierdas; de hecho, tras horas de trabajos, entrevistas y ensayos, Andrés Lima ha ido variando su propia opinión al respecto hasta llegar a un punto que prefiere no desvelar por ser «el menos importante».

De todo este entramado surge «Prostitución», la pieza con la que el director, arropado de Carmen Machi, Nathalie Poza y Carolina Yuste –Lucía Juárez está presente a través de proyecciones–, vuelve al teatro documental (con aroma a revista y cabaret) en el Español. «Es Andrés Lima en estado puro, todo un aval –presenta la Machi–. Un montaje que es un carrusel de emociones. Como actrices, estamos acostumbradas a dar vida a personajes que sufren, pero cuando nos vamos a casa y nos tomamos una caña se nos olvida todo. Aquí no pasa eso, se te queda pegado, te lleva a un debate contigo misma. Es terrible».

Es la sensación que provoca en la actriz el dar voz y ponerse en el lugar de las prostitutas, escorts, madames y demás personas de la industria del sexo que han entrevistado para levantar la función. «Hemos logrado normalizar sus vidas hasta entender que son tan mujeres como el resto», recuerda durante la presentación de una obra que califica de «violenta»: «El sexo masculino lo va a pasar peor que el femenino, pero animo a que tengan esas sensaciones desde el patio de butacas. Y como mujer, no me gustaría perderme esta obra porque te abre los ojos en un tema fundamental», prosigue Machi bajo la complicidad de Poza: «Nunca he estado tan expuesta en un trabajo y ahora me doy cuenta de lo valiente que hay que ser para ser puta».

Los abrazos finales

De esos encuentros con prostitutas, las intérpretes dicen quedarse con los abrazos finales, «de los que se podría hacer una sola pieza», comenta Lima. ¿Qué te da más asco? ¿Qué perfil tiene el cliente que te pide una cosa u otra? ¿Por qué pagar por sexo?..., les preguntaban en unas entrevistas en las que las protagonistas traspasaban sus personalidades a las actrices. Una especie de metamorfosis con la que el elenco ha sido consciente «de lo fuerte que hay que ser para salir a la calle, desnudarse y subirse a unos tacones», dice Poza de unas mujeres que la pidieron entendimiento: «Querían ser escuchadas y tomar decisiones propias y libres». «¿Por qué nuestra dignidad no puede estar en nuestras manos?», se escucha dentro de la pieza que traslada a las tablas los testimonios salidos de las bocas de las meretrices –Virginie Despentés, Amelia Tiganus, Ana María, Isabela, Lucía, Alexia, Alicia y la Sra. Rius– y entrelazados por el propio Lima y Albert Boronat, su habitual colaborador.

Carolina Yuste, la tercera pata del elenco en directo, también se ha visto arrasada por la investigación realizada en Madrid y Barcelona. La última ganadora del Goya a la mejor actriz de reparto por «Carmen y Lola» dice haber perdido las estructuras que tenía en su cabeza respecto al tema: «Antes de comenzar los ensayos tenía una idea muy intelectual de lo que, para mí, era la prostitución, pero a raíz de leer, hablar con la gente y entrevistar a las protagonistas se me cayeron todos esos pensamientos racionales. Desaparece la puta y aparece la mujer, lo que la sucede, lo que necesita para vivir. Desde el inicio de todo vivo en un conflicto constante –continúa–. La gran victoria sería que el público salga de la función debatiendo y que se consiga desestigmatizar a la puta como insulto. Una palabra que estoy intentando quitar de mi vocabulario», cierra.

Esto no es Pretty Woman

Porque ser puta no es protagonizar «Pretty Woman», es odiar y necesitar al putero, al cliente, al mismo tiempo. «Lo tienen asimilado porque es su fuente de ingresos», explica Machi. «Lo respetan por mucho que lo odien». Ahí se encuentra, para el director, una de las hipocresías de esta industria: «Existe un blanqueo de todo ello. Se exponen a las drogas y a las prostitutas como los demonios de la sociedad, pero todas estas cosas no dejan de estar al servicio de los que precisamente dicen que son ese demonio». Lima no señala al consumidor como el gran responsable de la prostitución, sería entrar en el debate de qué fue primero, ¿el huevo o la gallina?, sino que «la industria del sexo es tan amplia que atiende a mil impulsos». Por esto, la función va más allá del título de la obra. Igual que tras la violación grupal a una niña en Palma ha destapado una red de explotación, la pieza de Lima tira del hilo hasta llegar a los derivados: inmigración ilegal, drogas, violencia de género, la mercantilización del ser humano... «El espectáculo nace en la calle y se mueve hasta el escenario, y el público vive el deseo, la necesidad, el secreto, la violencia, la ternura, el dolor, el placer, la compañía, el pagar por sexo, el cobrar por sexo. Es importante que no sea tan fácil atentar contra estas mujeres, que es algo que ocurre a diario en un mundo en el que impera la esclavitud, que no es algo del pasado, también está en los plásticos de Almería y en los talleres clandestinos de costura», sentencia un Lima guiado por el espíritu de Brecht.

Dónde: Teatro Español (sala Principal), Madrid.
Cuándo: desde mañana hasta el 23 de febrero.
Cuánto: de 4 a 22 euros.