Colección SOLO: de Juan Barjola al arte que llegó de Instagram

La exposición “Still Human” reúne en el espacio madrileño un conjunto de piezas que incluyen pintura, escultura, arte sonoro e inteligencia artificial

El número 5 de la Plaza de la Independencia de Madrid pasa casi desapercibido. Hay que fijarse para darse cuenta de que ahí, enfrente justo de la Puerta de Alcalá, se levanta un centro de arte que combina el lujo con lo urbano, la piel con el plástico, la pintura con el arte sonoro. El edificio lleva el sello de Juan Herreros, otra joya, un continente con pedigrí para un contenido que depara más de una sorpresa. Ana Gervás y David Cantolla son una pareja que empezó a coleccionar arte un día, como le sucede a todo aquel que arranca en ese mundo, casi de repente. Por puro placer.

Fue un Barjola su primera compra. Hoy son más de mil obras las que han reunido en un espacio único para mostrarlas en pleno centro de la capital. Ellos no desean protagonismo, lo ceden todo a las piezas de Nam June Paik, Mario Klingeman, Miriam Cahn, David Lewandowski, Díaz-Faes, Lars Dietrich, Neo Rauch... y así casi hasta el infinito.

Él, un empresario al que no se le pone nada por delante, ha tocado muchos palos en el audiovisual y fue el dibujante, lo que son las cosas, de Pocoyó. Una anécdota divertida, casi entrañable en un relato tan ambicioso como lo es su colección. Aunque la puerta tiene su aquel para abrirla con una sola mano porque pesa lo suyo, una vez dentro –es gratis y solo tendrá que apuntarse en la web para poder ver la exposición, en este caso «Still Human», que recorrerá con personal que se la explique–, pintura, escultura, arte sonoro e inteligencia artificial conviven armoniosamente.

Nada que ver con el muñequito azul animado tan candoroso, aunque el arte, muchas veces, parezca algo así como un juguete, evasión pura y dura para tiempos de sobresaltos, como los que sobrevivimos. Merece mucho la pena descubrir lo que esconden los paisajes de Yang Yongliang cuando una casi pega la nariz al cristal; reclinarse frente a las 125 letras de «Apropiate Response», que mediante la inteligencia artificial trabaja la composición de textos en directo.

O mirar a la juerguista «Greta», un desvencijado sillón que no es tal, sino que se ha pasado de vueltas bailando la conga, según su madre artística, Nina Saunders. Hasta llegar a creadores que han levantado el vuelo en Instagram, caso de Solim (Milos Rajkovic, nacido en Belgrado y con millones de seguidores) con tres piezas brutales, «Half Human-Half Machine», verdaderas y sangrantes sátiras con alto poder hipnótico realizadas mediante la técnica del GIF animado.

Sin olvidar a músicos como Lars Dietrich, que bucea con escafandra en la posibilidad de transformar clásicos de jazz con sus robots. Si no, que se lo pregunten a “Lily”. O mejor, que la escuchen. Y sin dejar de lado esos trabajos que hacen un guiño sin concesiones a los años cincuenta y que protagoniza Sergio Mora, tan de bendito terror de cartón piedra.

Un descubrimiento. La labor de esta pareja merece un comentario porque conseguir que un espacio privado tan diferente pueda ser gratuito, ayudar con becas y un programa de residencias a creadores que tratan de abrirse camino y tener como pilar fundamental la labor de mecenazgo no abunda hoy en el mundo de la cultura. No dejen de empujar la puerta porque lo que hay dentro es una mezcla artística de primer orden que vale unos cuantos quilates.