Cultura

“Instrucciones para caminar sobre el alambre”: Superarnos, luchar, vencer… y enfermar ★★★

Autor: Javier G. Yagüe, QY Bazo y Juanma Romero. Director: Javier G. Yagüe. Intérpretes: Marina Herranz, Rosa Manteiga, Javier Pérez-Acebrón, Guillermo Sanjuán y Aitor Satrústegui. Sala Cuarta Pared, Madrid. Hasta el 29 de febrero.

Después de la exitosa Nada que perder, estrenada ya hace algunos años, la Compañía Cuarta Pared presenta ahora la segunda entrega de una trilogía que, según sus responsables, se caracteriza por tener como denominador común el formato de thriller. No hay, en sentido estricto, demasiados elementos de este género en ninguna de las dos obras; pero la verdad es que tampoco hace falta: ambos espectáculos tienen un sustrato dramático y conceptual tan sólido que lo de menos es acertar con la etiqueta del género concreto que les pongamos. En el caso que nos ocupa, “Instrucciones para caminar sobre el alambre” puede definirse como una feroz y certera crítica al modelo de sociedad competitiva, frenéticamente competitiva, en el que estamos inmersos desde hace ya demasiado tiempo. Javier G. Yagüe logra que ese espíritu crítico cale en el espectador con reveladora franqueza merced, sobre todo, a un minucioso trabajo de depuración en la estructura dramatúrgica –firmada por él mismo junto a QY Bazo y Juanma Romero- que ha permitido que todas las escenas puedan inferirse como efectos secundarios y verosímiles de otras escenas anteriormente bosquejadas o directamente desarrolladas. La interrelación de acontecimientos y conflictos no puede ser más sólida y plausible a lo largo de toda la función. Es una lástima, por eso, que se haya extremado innecesariamente el tratamiento de alguna que otra escena, como la de las cucarachas en las sábanas del hospital o la de la violenta relación del publicista con la becaria. Aunque fuesen situaciones extraídas de la realidad, que bien pudiera ser, en teatro, y en cualquier otra ficción de este tipo, no es tan importante ceñirse a esa realidad como hacer que las cosas tengan su inequívoca apariencia.

Lo mejor

La espléndida y hermosa manera de llamarnos la atención sobre las metas que perseguimos

Lo peor

Falta brillantez en las interpretaciones para que la función sea sobresaliente