Iwo Jima: Las imágenes que jamás vimos de los marines

La Universidad de Carolina del Sur digitaliza películas y fotografías que tomaron los marines

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Vivimos en un mundo de iconos. Lo que no es un icono no existe. El turista busca estos «hits» en las ciudades, los museos y la naturaleza. Se viaja a otros países atraídos por su magnetismo; se paga la entrada en la pinacoteca de turno para retratarse enfrente de ellos; se sube a la montaña más escabrosa para inmortalizarse en lo más alto. La sombra de los iconos, como en aquella novela, es demasiado alargada. Lo eclipsa todo a su alrededor. También en la Historia. Cuando el fotógrafo Joe Rosenthal sacó la imagen de varios marines levantando un bandera en el monte Suribachi durante la batalla de Iwo Jima creó una de las más potentes de la Segunda Guerra Mundial. Un icono. El sacrificio de una nación retratado en un conjunto de hombres. La fotografía es el arte con mayor capacidad de condensación. Lo malo es que Iwo Jima no fue solo una cumbre. Ni un puñado de combatientes. Resultó uno de los capítulos más sangrientos de la contienda del Pacífico. Pero eso quedó olvidado. Todo por una única foto. Los demás testimonios han permanecido ocultos por esta instantánea. Pero ahora salen a la luz. La Universidad de Carolina de Sur ha comenzado a digitalizar carretes y películas de los principales fotógrafos y cámaras del cuerpo de Marines. Ellos eran compañeros de armas. Estuvieron presentes en aquel enfrentamiento. Avanzando sobre el terreno, subiendo colinas, metiéndose en túneles. Formaban parte de las tropas americanas. Vieron morir a docenas de jóvenes y caer heridos a cientos de ellos. Eran sus camaradas en muchas ocasiones. También presenciaron cómo sus compañeros, quizá ellos mismos también, los enterraban en cementerios. Siempre bajo cruces blancas. Como en Normandía. Ahora esos carretes y películas vuelven a aparecer. Lo hacen para dar testimonio de lo que muchos no habían visto. Solo varios fragmentos se habían prestado para ilustrar de manera especial algunos documentales. Ahora aportan lo que no daba la foto de Rosenthal: el contexto, el esfuerzo, la monotonía y los ritos de la guerra: un hombre nervioso en la borda de un barco; otro fumando un cigarro, un tercero con un casco desgastado por los combates contemplando el horizonte (quizá pensando hasta qué día le acompañará la suerte), otros portando a un colega a hombros y un pelotón detrás de una pieza de artillería. Aquella isla fue algo más que una refriega. Acudieron más de 70.000 soldados norteamericanos. Alrededor de 20.000 de ellos fueron heridos. Unos 6.000 no regresaron a sus hogares. Eso no aparece en la imagen de la bandera. Ahí solo aparece el heroísmo, el gesto. El esfuerzo, el dolor y el sacrificio quedaron fuera de encuadre. Pero ahora, gracias a estas películas, se puede ver de nuevo cómo fue Iwo Jima. A través de la lente de los marines. Ahí está lo que ocurrió. No en el icono de la fotografía, sino en la realidad de las películas.