Muere Ulay, el compañero artístico y vital de Marina Abramovic

El performer, inseparable de la artista y pareja suya de 1976 a 1989, mantenía con ella una relación de amor-odio que se hizo famosa en el mundo cultural. Tenía 76 años

Sus últimos años no fueron fáciles. Ulay luchaba contra una terrible enfermedad. Le había desgastado y eso se notaba en su rostro. Recordaba a un personaje quijotesco, o a algunos de los rostros afilados de El Greco. Aunque conservaba ese color de sus ojos, tan potente. Quizá el que atrajo como un imán a Marina Abramovic, performer con la que vivió los mejores y peores años de su vida. una relación convulsa, como una montaña rusa, que se prolongó de 1976 a 1989. Aún se desconocen las causas de su fallacimiento.

En realidad se llamaba Frank Uwe Laysiepen, pero Ulay era más corto, rápido. Tenía 76 años y no había parado de trabajar desde los años 70, primero en Alemania, donde había nacido (concretamente en Solingen), y después en Holanda. Nació en plena Segunda Guerra Mundial, en 1943, y enseguida se decantó por el arte. Lo dejó todo, a su esposa, a su hijo, para marcharse a Amsterdam y vivir otra vida. Es ahí donde conoce a Marina Abramovic y es ahí donde su relación empieza y donde su carrera y su vida quedarán indisolublemente unidos para siempre.

Un minuto lleno de lágrimas

Performances como “Relation Works” y “There Is a Criminal Touch to Art” harán de ambos un reclamo en una escena artística que bulle. La vida, en esos años finales de los setenta que presagiaban ya unos 80 movidos es rompedora. Ambos deciden trasladarse a vivir a una camioneta y viajar así por toda Europa. Sus idas y venidas fueron sondas, sus encuentros, sus desencuentros, su pasión extrema ejemplificada en algunos trabajos, como ese que los reunió y los separó para siempre en la Muralla China. Apenas un momento de unión para desasirse para siempre. La ruptura llegó en 1989. Era imposible seguir trabajando juntos.

Ulay continuó con su arte, sus series y sus experimentaciones, lejos del glamour que Abramovic iba experimentando. Sin embargo, hubo un encuentro entre lágrimas que ya es historia. Cuando ella lleva al MoMA de Nueva York en 2010 “The Artist is present”. Viven un momento único, quizá una de las performances más impresionantes de la artista serbia. Ella, sentada en una silla, va recibiendo la público para compartir, a golpe de mirada, sin una sola palabra entre medias, esa experiencia. Las filas de seguidores son inmensas. Entre ellos, perdido entre la multitud está él, es uno más. Toma asiento. Se miran y ella no puede creer a quien tiene enfrente. Las lágrimas resbalan por el rostro de ambos. Extienden sus brazos hasta tocarse con las manos. Dura el tiempo estipulado, que es un minuto. Después vendrá el adiós.

Pero no todo es dulce. En 2015 Ulay comienza una batalla legal para reclamar los derechos sobre algunas de las obras que estima le pertenecen. Será inmisericorse. Y luchará con uñas y dientes para retener lo que es suyo.

El artista que es agua
Su inquietud por el agua, por el medio ambiente, se había incrementado en los últimos tiempos. Así hablaba en una entrevista en 2011: “Recientemente he decidido que cada vez que me encuentro con alguien, debo presentarme como “Agua” (Water). Piense en ello: Nuestros cerebros son alrededor del 90 por ciento de agua y nuestros cuerpos entorno al 68 por ciento. Ni siquiera Waterman, simplemente Agua. La gente se queda sorprendida, y me dicen: “¿Perdón?” (pardon?) y yo respondo nuevamente: “Water”. Esto inmediatamente provoca una conversación y crea una conciencia sobre el tema. Este nuevo nombre transmite mi profunda preocupación por el agua".