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Woody Allen arremete en sus memorias contra Mia Farrow: “Maltrataba a sus hijos psicológica y corporalmente”

Las controvertidas memorias del cineasta, “A propósito de nada”, salen a la venta por sorpresa en Estados Unidos

Woody Allen y Mia Farrow en "Historias de Nueva York"
Woody Allen y Mia Farrow en "Historias de Nueva York" FOTO: imdb (nombre del dueño)

Durante la segunda mitad de “Annie Hall” se produce una escena absolutamente memorable edificada en la sorpresa, lo inesperado, lo repentino... en definitiva, todo lo que se encuentra fuera del marco, que protagoniza Alvy Singer, o lo que es lo mismo, otro de esos tantos álter ego interpretativos que el cineasta camufla en sus películas de falso personaje para proyectar de manera circular y repetitiva -aunque no por eso deja de ser magistral- disecciones psicológicas de sí mismo.

La pareja formada por Annie y Alvy se encuentra en una fiesta celebrada en casa de unos amigos y en mitad de un ofrecimiento de cocaína (el contexto histórico de los setenta empujaba al reflejo de la experimentación con este tipo de sustancias), el judío espeta: “No quiero atiborrarme de polvo blanco la nariz”, para, al cabo de un par de minutos terminar cediendo: “Seguro que es divertido. Los Incas lo hacían. No paraban de reírse”. Tras un intento arriesgado de llevarse una pequeña cantidad a las fosas nasales se produce el pasmo. Alvy estornuda histriónicamente sobre la polvera generando una gran nube de nieve suspendida, manchando la cara al compañero de al lado y arruinando la prometedora juerga.

De la misma manera que el episodio contiene todos los ingredientes característicos de las cosas que no se esperan -y por eso resultan más asombrosos e irónicas y despiertan una atracción mayor-, Woody Allen ha dado un volantazo, ha escrito un giro de guión en el proyecto de su vida, ha propiciado su particular estornudo. Tras cambiar de editorial como consecuencia de la reciente polémica generada, amenazas y presiones por parte de más de 70 trabajadores de Hachette Book Group mediante, el director de “Manhattan” ha publicado, por fin, “A propósito de nada”.

No exenta de controversia, la negativa de la anterior editorial a la hora de poner a la venta las memorias en Estados Unidos el 7 de abril venía precedida de barreras que traspasaban lo profesional ya que Hachette había publicado algunos trabajos del periodista Ronan Farrow, hijo de Mia Farrow y el propio Allen, que consiguió hacerse con un Premio Pulitzer por destapar los abusos del productor Harvey Weinstein en la industria de Hollywood y hacer un señalamiento explícito de los privilegios y libertades nocivas que habían adquirido personalidades “non gratas” como su padre. La indignación por parte de Ronan fue tal, que minutos después de conocerse la noticia, no dudaba en anunciar a través de sus redes sociales la ruptura definitiva con la editorial francesa.

A través de su particular uso de la ironía, Allen apostilla en el libro que Hachette se había comprometido a publicar “A propósito de nada” pese a ser “un paria tóxico y una amenaza para la sociedad”. Toda esa confianza previa ligeramente esperanzadora no sirvió de nada ya que “cuando llegó el ataque antirretroviral, volvieron a valorar cuidadosamente su posición” y “tiraron el libro como si fuera un trozo de Xenon 135”. Pero ante una situación que el propio Stephen King se encargó de tildar en su momento como una “infracción de la libertad de expresión”, Arcade Publishing, una prolífica, diversa y a veces provocativa editorial independiente con un catálogo de libros variado entre los que figuran nombres como Samuel Beckett y Octavio Paz hasta el teórico de la conspiración JFK, Jim Garrison y Alan Dershowitz, el abogado, comentarista y defensor frecuente del presidente Donald Trump, tomó las riendas y lanzó ayer lunes el libro sin previo aviso, dejando tanto a seguidores acérrimos como a puntuales misándricos con la boca abierta.

La editora de la compañía, Jeannette Seaver, ha asegurado a través de un comunicado recogido por algunos medios que "en este extraño momento, cuando la verdad se descarta con demasiada frecuencia como “fake news”, nosotros, como editores, preferimos dar voz a un artista respetado, en lugar de inclinarnos ante aquellos decididos a silenciarlo”. Con la mitad del mundo preocupada por la propagación del coronavirus y la otra mitad desesperada por gestionar con cordura las semanas del confinamiento, las 400 páginas que componen las memorias del cineasta llegan en un momento de reclusión en el que la lectura se postula como un efectivo bálsamo contra la dilatación del tiempo.

Woody Allen con Mia Farrow durante el rodaje de "Hannah y sus hermanas"
Woody Allen con Mia Farrow durante el rodaje de "Hannah y sus hermanas" FOTO: IMDB (nombre del dueño)

Los primeros capítulos de “A propósito de nada” en los que Allen detalla los recuerdos de su educación, su relación con Diane Keaton, la dimensión del amor que siente por la ciudad de Nueva York o los conatos de nostalgia y angustia que de forma tan precisa refleja en cintas como “Hannah y sus hermanas” (y aquel tembloroso “nadie, ni siquiera la lluvia, tiene manos tan pequeñas”), “Días de radio”, “Annie Hall” o “La Rosa Púrpura del Cairo", no prescinden del humor, ni tampoco de la sátira: “No puedo negar que en mis fantasías poéticas juega el hecho de ser un artista cuyo trabajo no se ve en su propio país y se ve obligado, debido a la injusticia, a tener su público en el extranjero. Me vienen a la mente Henry Miller, D.H. Lawrence, James Joyce. Me veo parado entre ellos desafiante. En ese momento, mi esposa me despierta y dice: “Estás roncando”".

Es el apartado farragoso de su relación y posterior ruptura con Mia Farrow lo que ensombrece la narración y embrutece el tono. Al recordar su relación con Farrow y defenderse de las acusaciones de abuso a su hija Dylan, -un contencioso que para muchos ha llegado a definir su imagen pública en los últimos años-, el de Brooklyn se muestra firme: “Nunca le puse un dedo a Dylan, nunca le hice nada que pudiera interpretarse erróneamente como abusar de ella; fue una fabricación total de principio a fin”, indica. En una de las descripciones clave que recoge Associated Press sobre el día en el que presuntamente abusó sexualmente de Dylan, Allen reconoce haber colocado brevemente la cabeza en el regazo de su hija de 7 años, pero agrega rotundo: “Ciertamente no le hice nada inapropiado. Estaba en una habitación llena de gente mirando la televisión a media tarde".

Más de una década duró la intensidad de un matrimonio en el que los inicios terminaron resultando mucho más prometedores que la turbia realidad del proceso y el complicado final. A pesar de que recuerda momentos felices con Mia, una actriz “muy, muy hermosa” que procedía de una familia “plagada de un comportamiento extremadamente siniestro” el director escribe que Farrow supo de manera inteligente y estratega arreglárselas a través de una gran capacidad para la interpretación y ocultarle sus profundos defectos y trastornos de personalidad cuando se conocieron.

Afirma que erróneamente pensó que Farrow era una “supermamá hermosa y frágil cuya idea de progreso consistía en quedarse en casa y casarse. No era exigente, estaba mejor informada que yo, era más culta, apropiadamente libidinosa, encantadora para mis amigos y, lo mejor de todo, vivía directamente al otro lado de Central Park, por lo que había un gran ahorro en el transporte aéreo", pero estaba profundamente perturbada y “psicológica y corporalmente” maltrataba a sus hijos y los convertía en “auténticos sumisos”. Una teoría refrendada por su hijo adoptivo Moses, quien en 2018 hacía pública en su blog una extensa carta desgranando los detalles de una vida que poco o nada se parecía a la relatada por Ronan y Dylan.

 Woody Allen y Mia Farrow, cuando aún estaban casados
Woody Allen y Mia Farrow, cuando aún estaban casados

Con la aparición de Ronan (el único hijo biológico de ambos nacido en 1987) su relación “dio un salto cuántico aún más oscuro”. Este significativo cambio lo asocia Allen a episodios surrealistas en los que Mia “lo expropió” a su habitación para poder amamantarlo. El director acusa a la actriz de dormir desnuda con Ronan hasta que el pequeño alcanzó la edad de 11 años. Agarrándose a una acidez marca de la casa, escribe: “No sé qué dirían los antropólogos sobre eso, pero me imagino lo que dirían los muchachos en la sala de billar”.

La elaboración de estas memorias tiene un destinatario claro. Su mujer Soon-Yi Previn, quien fuera la hija adoptiva de su ex esposa. “Para Soon-Yi, la mejor. La tuve comiendo de mi mano y luego noté que me faltaba el brazo”, reza la dedicatoria de este catalizador de recuerdos sobre la vida y la obra de uno de los mejores cineastas de la historia. En España parece que de momento no se ha producido ninguna cancelación inesperada ni veto moral repentino ante la publicación prevista por Alianza Editorial para el 21 de mayo. Será entonces cuando la versión de la voz vilipendiada de Hollywood encuentre su espacio de libertad en castellano. Cuando el tipo lo suficientemente feo y lo suficientemente bajo como para triunfar por sí mismo, entregue al público de forma exclusiva las esquinas de una vida, la suya, que viene con rodapié incluido.