¿Y quién paga la cuenta de los conciertos cancelados?

El ministro Uribes presentó ayer un plan de rescate del sector cultural con 76 millones de euros que no gustó ni en la música, ni en el sector de las bellas artes; mientras en el teatro, en el libro y el cine esperan nuevas medidas

Esta vez no le dio por citar a Orson Welles porque debe ser que la parroquia ya interiorizó eso de que «primero la vida y luego el cine». Máxima que, a su vez, nadie discutió nunca, y menos en plena crisis sanitaria. Pero es verdad que se han hecho largos los 52 días que pasaron desde que se anunció el estado de alarma hasta que, ayer, salió el ministro de Cultura, José Manuel Rodríguez Uribes, en rueda de Prensa para anunciar el decreto-ley de apoyo a la cultura. Casi dos meses de espera rodeados de una incertidumbre que no se ha ido ni con los 76,4 millones que el Gobierno ha propuesto inyectar el sector.

Las reacciones de las diferentes industrias han sido muy dispares: de la «moderada satisfacción» que presentaba el sector del teatro y el «positivismo» del cine –aunque ambos piden nuevos planes– a la «indignación» de las bellas artes y la «decepción» de la música. Los libreros, por su parte, agradecían el esfuerzo, aunque se quedan a la espera de «nuevas medidas de activación», que reclamaban desde la Asociación de Cámaras del Libro. Se les quedaban cortos los «solo cinco [millones] destinados al sector del libro y, más concretamente, a las librerías independientes».

Pero el descontento del día estuvo en el arte. Isidro López- Aparicio, representante de la Mesa Sectorial del Arte Contemporáneo, define con una palabra la reacción del sector ante las medidas ofrecidas por Cultura: «Indignación». Y añade que «no entendemos que de los casi 80 millones en medidas extraordinarias solamente un 0,8 por ciento [un millón] se destine al arte contemporáneo. Es desconocer totalmente lo que es el sector». Muchos de los artistas plásticos, comenta, «también nos hemos quedado sin trabajo y tenemos que atender unas infraestructuras que otros trabajadores como los actores, no tienen. Hemos de pagar nuestro taller y todos los gastos derivados de ello. Tenemos la sensación de haber sido olvidados». Incluso dudan poder acogerse a los créditos blandos a los que hace referencia el decreto: «Hemos preguntado en una primera ronda y la mayor parte de asociaciones que integran la Mesa Sectorial no han contestado positivamente».

En la misma línea, se muestran los «músicos», unánimes en su descontento. Es curioso comprobar cómo dentro del Inaem (que se lleva 38 millones del total) se tienen dos percepciones si comparamos esta reacción con las gentes del teatro. La Federación de la Música de España expresó su decepción y volvió a reclamar «medidas urgentes y específicas para abordar los problemas reales», al considerar que las presentadas ayer «relegan a este sector y muestran un claro desequilibrio en el tratamiento de la industria de la música en relación a otros ámbitos de la cultura». Volvieron a insistir en un tema crítico para su supervivencia: «La aplicación de la causa de fuerza mayor para permitir una gestión ordenada de la cancelación y el aplazamiento de los eventos musicales, o la gestión de la devolución del importe de las entradas».

Tras el Consejo de Ministros de ayer en La Moncloa, salió el ministro Uribes para dar cuentas del decreto de apoyo a la cultura. Unas medidas en las que se ha trabajado conjuntamente con los portavoces de los diferentes ámbitos del sector: «Han estado encima», reconocía de un «decreto muy pensado» con el que pretende poner en valor la cultura como «pilar del estado social y democrático de derecho». Propuso un plan que se puede resumir en varios bloques: primero, la liquidez: el Gobierno proporcionará un paquete de 20 millones en un fondo de garantías que «permitirá avalar hasta 780 millones en todos sectores culturales». Resumiendo, un sistema de créditos blandos.

Por otro lado, se apoyan las medidas de protección frente al desempleo, una de las viejas demandas del sector que tiene que ver con el «desarrollo y maduración», apuntaba Uribes, del Estatuto del Artista. La intermitencia y vulnerabilidad han obligado al Ministerio de Trabajo ha «echar una mano» para otorgar «protección social frente al desempleo [hasta 180 días]». «Mucho han tardado porque los actores no se han podido acoger al Erte que hemos hecho por tener un contrato eventual», comentaba un «contento» Miguel del Arco (del Teatro Kamikaze).

También se ha querido proteger el tejido empresarial y asociativo con ayudas a las estructuras culturales: «Se posibilita el abono de los gastos subvencionables realizados, cuando los proyectos o actividades no hayan podido llevarse a cabo. A su vez, los profesionales del sector artístico van a poder percibir anticipos e indemnizaciones en caso de aplazamiento o cancelación de las actuaciones contratadas con el sector público, siempre que los contratos no excedan de los 50.000 euros». Respecto a los incentivos fiscales, se suman a otras medidas ya tomadas con anterioridad (como la bajada del IVA a los ebook al 4%), aunque, como reconocen los teatros, «todavía quedan muchas cosas que hacer aquí, como bajar el IVA de contratación de los ayuntamientos al 10%», apuntaba Jesús Cimarro, presidente de Faeteda (Federación Estatal de Asociaciones de Empresas de Teatro y Danza).

Un 5% más de deducción para el mecenas

Para estimular la participación privada en la cultura, el ministerio ha incrementado en 5 puntos porcentuales los incentivos fiscales al mecenazgo: «Se podrá deducir el 80 % de los 150 primeros euros invertidos en un proyecto, y el 35 % de la cantidad restante, que sube al 40%, si en los dos ejercicios anteriores se hubieran efectuado donaciones por el mismo importe o superior a favor a la misma entidad».