Historia

¿Qué pasó en Tulsa? La gran matanza de afroamericanos que avergüenza EE UU cumple un siglo

Los disturbios de Tulsa, en los que la mayoría blanca arrasó con la próspera comunidad negra fueron silenciados hasta 1997 y han servido de base para el argumento de “Watchmen”

Una imagen de "Watchmen", ambientada durante los disturbios raciales de Tulsa de 1921
Una imagen de "Watchmen", ambientada durante los disturbios raciales de Tulsa de 1921 FOTO: HBO

Un año después del asesinato de George Floyd las heridas raciales en Estados Unidos no están curadas. Con este trauma reciente, el país se enfrenta a la conmemoración fallida de una de las grandes masacres raciales cometidas en Estados Unidos, tan cruel y sanguinaria que avergonzó al país durante años y que solo pudo ser investigada a fondo y reparada en 1997: la matanza del Wall Street negro de Tulsa, producida el 31 de mayo de 1921, de la que se cumplen 100 años y cuyos actos de celebración han sido cancelados de forma sorprendente. Pero, ¿qué pasó en aquellos horribles días en Tulsa, Oklahoma?

La historia es particularmente dolorosa para la minoría negra porque sucedió en Greenwood, un distrito de Tulsa, en Oklahoma. En este estado del sur, la comunidad negra consiguió prosperar. Oklahoma fue uno de los últimos estados en ingresar en la Unión (en 1907) y había sido considerado un “estado refugio” para los indios, es decir, que estaba libre de la historia y el conflicto tradicional norte/sur del país entre esclavistas y abolicionistas. Sin embargo, en cuanto al clima ideológico y demográfico, Oklahoma era asimilable a un estado sureño.

Los afroamericanos abrieron tiendas y comercios propios, alcanzaban por fin el sueño de ser una clase media con talleres y pequeños negocios Cines, librerías, hoteles, restaurantes y hasta dentistas regentados por negros. Sin embargo, las calles de esas pocas manzanas, llenas de tiendas y de restaurantes regentados por la minoría afroamericana no eran vistas con plena simpatía entre los conciudadanos blancos. En Tulsa, en aquel año, todavía existía la segregación racial y los aseos estaban separados por el color de la piel de los usuarios. De hecho, los negros debieron instalarse en un gueto porque tenían prohibido hacerlo donde tres cuartas partes de los residentes fueran de otra raza. la ley había sido considerada inconstitucional en 1916, pero se seguía aplicando.

Durante el verano de 1920 la tensión fue en aumento pero no llegó a estallar gravemente. El llamado Verano Rojo registró múltiples disturbios en ciudades de todo el país, principalmente originados por agresiones de blancos contra negros, aunque no se trataba solo estadounidenses anglosajones, sino inmigrantes europeos que acababan de llegar al país y rivalizaban con los negros por el empleo. Algunos de los disturbios más graves tuvieron lugar en el estado vecino de Arkansas, donde más de 200 campesinos negros fueron tiroteados tras reunirse con sindicalistas para reclamar mejores salarios. Los ánimos en Tulsa estaban muy caldeados en mayo de 1921 cuando se produjo un incidente.

Dick Rowland, un limpiador de zapatos de 19 años fue acusado de agredir a Sarah Page, una adolescente blanca, en el ascensor de un centro comercial. Según las conclusiones de la investigación, lo que sucedió es que Rowland pisó accidentalmente el pie de la joven, que gritó en el ascensor, y provocó las acusaciones de asalto por personas que no habían visto los hechos y que avisaron a seguridad. Fue llevado al calabozo, pero los rumores se dispararon por la ciudad. De un lado, los blancos habían recibido una versión exagerada de los hechos. Entre los negros empezó a decirse que Rowland había sido linchado salvajemente por la Policía. Los manifestantes de ambos lados se congregaron frente al juzgado y se desataron los enfrentamientos. En ese primer choque, fallecieron diez personas blancas y dos negros. El periódico local, el “Tulsa Tribune”, publicó un editorial llamando a la “caza del negro”. Lo que sucedió a continuación, en la madrugada del 1 de junio, fue un baño de sangre.

Cientos de personas blancas marcharon hacia Greenwood armados. Hombres, mujeres y niños fueron sacados de sus hogares y negocios y asesinados en las calles. Durante seis horas hubo incendios, violaciones y tiroteos. Incluso el área de viviendas y comercios de afroamericanos fue bombardeada por aviación en una de las mayores atrocidades cometidas por el Gobierno de Estados Unidos contra sus propios ciudadanos. Miembros prominentes del Ku Klux Klan participaron en las matanzas. Hasta 36 calles que habían visto prósperos negocios y viviendas fueron reducidas a cenizas. Murieron 300 afroamericanos y 10.000 se quedaron sin casa. El progreso negro fue borrado del mapa. Los que sobrevivieron se marcharon para no volver nunca más.

La conclusión más desoladora de las que se extrajeron en la Comisión para el estudio de las revueltas de Tulsa, creada en 1997, es el enorme grado de connivencia entre las autoridades políticas y los linchadores blancos. Nadie fue condenado por los incidentes. Los cuerpos fueron sepultados en fosas comunes y el número oficial de fallecidos se estableció en 39, aunque probablemente fueron diez veces más. Entonces, como en los incidentes de Mineapolis de estos días, la movilizó a la Guardia Nacional, que se instaló en un barrio residencial blanco para protegerlo de un contraataque negro que jamás sucedió.

El suceso fue deliberadamente olvidado, eliminado de la memoria estadounidense. El Tulsa se extendió un manto de silencio y de vergüenza por los hechos, que no fueron recogidos en los libros de historia ni en los programas escolares. El primer relato académico o histórico de los hechos llegó en forma de tesis doctoral en 1946, pero su contenido no trascendió de los ambientes universitarios. En 1971, 50 años después de los hechos, se produjo el primer acto público de homenaje por supervivientes negros y blancos en una iglesia. En 1996 se creo la comisión para la investigación de los disturbios, cuya investigación concluyó en 2001 con una serie de recomendaciones como la aprobación de compensaciones para los descendientes de las víctimas, y un memorial, terminado en 2010, dedicado a los fallecidos.

“Lo sucedido en Tulsa es esencial para entender la experiencia de los negros en este país, donde han sido objeto de violencia por los blancos supremacistas desde el comienzo”, remarcó a Efe la historiadora Brenda Stevenson, profesora de estudios afroamericanos de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA).

El suceso fue rescatado por la serie “Watchmen”, que transcurre precisamente en Tulsa (Oklahoma) y que gira en torno al racismo y el supremacismo en una sociedad estadounidense ficticia ambientada en el futuro cercano. En la serie, un presidente progresista decide reparar el daño causado a las víctimas de aquella masacre siguiendo las conclusiones de la comisión que, en la realidad, jamás se han llegado a aplicar. La ley aprobada solo estableció 300 becas para estudiantes negros. Les ofrece dinero en compensación por el sufrimiento. Sin embargo, en la ficción, una parte de los blancos se oponen a esas subvenciones. Son blancos que viven en caravanas en un recinto presidido por una estatua de Richard Nixon. De alguna manera, los hechos simbolizan desde entonces la imposibilidad de los afroamericanos para prosperar colectivamente en Estados Unidos y supone una especie de utopía perdida para la comunidad negra en el país que se ha visto reavivada con el homicidio de un hombre desarmado, George Floyd, a manos de un policía que desoyó sus súplicas de auxilio.

Una imagen de "Watchmen", la serie de HBO que se ambienta en Tulsa (Oklahoma)
Una imagen de "Watchmen", la serie de HBO que se ambienta en Tulsa (Oklahoma) FOTO: HBO