Loquillo: “Los que quieran lanzar un mensaje negativo de nuestro país o hacernos mella se equivocan”

El músico se sube este viernes al escenario de la nueva normalidad en el WiZink Center en un concierto solidario a beneficio del Banco de Alimentos de Madrid

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La música trata de volver a abrirse camino. Uno de los recintos grandes más activos del mundo, el WiZink Center, lleva varios meses cerrado y vacío y sus puertas vuelven a abrirse hoy para acoger un concierto solidario y, sobre todo, seguro. El recinto, con capacidad para más de 15.000 personas, presentaba ayer su pista con archipiélagos de sillas ubicadas al rigor de la cinta métrica donde se sentarán, distanciadas, 1.400 personas importantes, porque su entrada será solidaria. Loquillo actúa a beneficio del Banco de Alimentos de Madrid y su concierto podrá seguirse también por «streaming», también pagando una entrada que da derecho a concierto y se convierte en donativo.

–¿Cómo ha vivido estos últimos tres meses?

–Convivo con una persona de riesgo y eso es una responsabilidad añadida. He seguido un protocolo de disciplina personal que tenía que ver con la lectura, el cine y con retomar grabaciones. Y, por otro lado, he estado buscando las salidas adecuadas para recolocar las fechas de toda nuestra gira porque tuvimos que suspender una gira grande.

–¿Le suscita alguna reflexión la pandemia?

–No, es una prueba más de vida. No creo que nos tenga que enseñar, sino que lo que tenemos que hacer es cumplir.Nadie puede abandonar la sanidad pública y se ha abandonado. No estamos preparados. Y esto es algo que nos tiene que hacer reflexionar no a nosotros sino a quienes tienen la responsabilidad. Nosotros tenemos que exigirlo, pero es evidente que no estamos a la altura.

–¿Los políticos han estado a la altura?

–No voy a hacer una entrevista política

–La gente sí ha sido ejemplar.

–Sin duda, el ciudadano español ha dado una demostración de profesionalidad y de buen hacer.

–Dice que el concierto de hoy es el más importante de nuestras vidas.

–Primero, porque recuperamos el espacio ciudadano que es de todos. Segundo, porque participamos de una campaña de solidaridad con el Banco de Alimentos. No podemos olvidar que hay miles de familias pasando hambre. Hay que dar lo mejor que tenemos. También es importante porque se está creando un protocolo que es significativo para los grandes eventos y su seguridad. Esto tiene que servir de guía y de gesto para la profesión. Todo el equipo técnico, profesionales y músicos hemos estado cuatro meses sin trabajar y este sector ha sido golpeado de manera muy bestia. Volver es emocionante. La música mueve el tres por ciento del PIB y necesitamos respuestas. Pedimos ser escuchados.

–La situación es dura.

–Lo es para todos los sectores. Hay que empezar de cero. Vamos a ver pequeños recintos con grandes artistas. Y merecen respeto, porque de la misma manera que durante el confinamiento la cultura ha sido la gasolina y la música la banda sonora, ahora es necesario que el público devuelva a los artistas el empujón que nos falta. Todos formamos parte de uno. Volveremos a llenar un WiZink con 18.000 personas. Pero hay que navegar y en la transición tener mucha responsabilidad y estar unidos.

–Tocar así no es el mejor ambiente.

–Saldremos como si fuera delante de 18.000 personas, es nuestra actitud. Nos conocen como la 101, porque allí donde nos lanzan hacemos nuestro trabajo. Hay que salir, dar la cara, levantarte cuando te caes. A mí me han educado así. Y después de un año y medio sin subirme al escenario, como es mi caso, te aseguro que la banda y yo vamos a salir a romper.

–La cultura ha sido la gasolina pero obras como «Lo que el viento se llevó» han sido cuestionadas.

–Yo voy a defender siempre la libertad de expresión, porque si eso cambia,entramos en la dinámica de «Farenheit 451». Las libertades individuales y los derechos civiles han pasado una etapa tremenda durante el confinamiento y las libertades, si no las cuidas, desaparecen. Ahora toca conquistarlas, con responsabilidad. Volvemos a un recinto a tocar y vamos a recuperar una parte del alma de Madrid.

–Pero ¿qué piensa de la «ejemplaridad» de las letras?

–Pertenezco a la primera generación de músicos españoles que pudo hacer letras en libertad. Hasta el 78 se pasaba censura y no estamos tan lejos. En el rock español, las bandas de los 60 y los 70 tuvieron que pasar la censura y eso lo tengo presente. Sé lo que son los censores de la moral e, igual que antes que yo se enfrentaron a ello, lo haremos otra vez. La libertad nunca es gratis.

–Antes era una censura dirigida y ahora hay una dictadura de lo políticamente correcto.

–No tengo ningún miedo a ello. Ninguno. Me enfrentaré a lo que haga falta, porque yo sé lo que es que una canción pase de ser reconocida y premiada por lo que significó en aquel momento a que le cambien totalmente el mensaje para que diga lo contrario (se refiere a «La mataré»). Como hemos vivido eso muchas veces, que hablen. Ladran, luego cabalgamos.

–¿Qué nueva normalidad desea o espera?

–Creo que las sensaciones que tenemos que sacar es el valor de la sanidad pública. El país no ha estado a la altura y ha muerto la generación de la posguerra, la que consiguió libertades en nuestro país y la que soportó con las pensiones a sus familias en la crisis de 2008. Todos hemos perdido a alguien y eso nos tiene que servir para el futuro. Tengo muy claro que seremos mejores por mucho que nos digan que todo va a ir a peor, me niego a eso. No quiero que me coman el coco. Tenemos el ejemplo de un sector, el de la música, que se levanta. Tenemos la solidaridad del público que va a venir para una causa y eso es importante. Aquellos que quieran lanzar un mensaje negativo de nuestro país o hacernos mella, se equivocan. Este país ha dado una demostración de responsabilidad. Así somos. Es momento de sentirnos orgullosos como ciudadanos. Y que no vuelva a ocurrir, que si hay una pandemia, tengamos los medios. Es importante repetirlo. Pero todo esto también se podría resumir con un: “Bienvenidos al siglo XXI”.