Italia, mal ejemplo musical para España

El panorama musical en los grandes teatros de Italia es preocupante: antes estaban diez años por delante de España y, ahora, apenas un mes o dos

De joven siempre oía decir a mis mayores que España iba de 10 a 20 años con retraso respecto a Italia. Lo afirmaban, entre otras cosas, con miedo a que sucediese en nuestros gobiernos, entonces claramente bipartidistas, lo que en los italianos con sus numerosos partidos. Había una esperanza: que el país funcionase económicamente igual que el vecino. Era verdad entonces y lo ha seguido siendo hasta el presente. Ya tenemos la misma imposible división que allí aunque, lamentablemente, aquí aún no hayamos aprendido a funcionar sin los políticos, porque nuestra industria no es tan potente como lo era la italiana, que ya tampoco lo es. Eso sí, el gap temporal se ha reducido, como hemos podido comprobar con la pandemia. Italia primero y España apenas un mes después.

Esperemos que no suceda en nuestra música lo que en Italia, cuya situación es alarmante en muchos sentidos. Directivos de la Ópera de Torino están ante los tribunales junto a una de las agencias artísticas más importantes allí y aquí. Pero es que Verona y Venecia van por el mismo camino a causa de supuestos fraudes en las contrataciones artísticas. Aparecen nuevos conflictos que ahora afectan a los patrocinios. Supuestamente Torino tenía una deuda acumulada de unos 30 millones que fue transformada en créditos por los bancos patrocinadores. A ellos se han añadido actualmente un par de millones más y el asunto no debe estar nada claro cuando la fiscalía, según la prensa italiana, llama a declarar a los presidentes de esos bancos. ¿Qué se está haciendo con el dinero público en los teatros italianos? Se habla de comisiones de las agencias artísticas a los directores artísticos. ¿Sucede algo así en España? Lo que al menos no consta aquí es que un teatro, con su propio departamento de prensa, contrate a una empresa para que le lleve la comunicación y pague más de cien mil euros por ello. Y que esa empresa -Skillandmusic, por ejemplo- tenga el mismo domicilio fiscal que una de las dos más importantes agencias artísticas -Inartmanagement-. El conflicto de intereses es obvio y lo ha puesto en evidencia el programa radiofónico de la RAI “La Barcaccia”. Necesitamos un programa así en RNE. Es más, esas empresas de comunicación que asesoran a los departamentos de prensa de algunos teatros, influirían en los jurados de premios tan renombrados como el Abbiati. Y qué les voy a contar, ¿acaso se imaginan ustedes que aquí el director general de un teatro contratase como director artístico o jefe de la academia de jóvenes a su amante? Es un secreto a voces que eso sucede en unas importantes óperas italianas.

Todo ello hace que se empiece a reflexionar sobre las causas de tal desorden y se encuentra una razón muy clara: los políticos. Los alcaldes, que no saben nada de música, proponen sin criterio alguno los directores de las instituciones musicales a sus consejos de administración. Estos los aceptan sin más y el ministro de cultura los ratifica. Los nombrados frecuentemente no reúnen las mínimas condiciones de competencia profesional y ética. Y llegan absurdos como que cuatro de los principales teatros italianos estén regentados por dos franceses -Lissner en Nápoles y Meyer en la Scala- un austríaco -Pereira en Florencia- y un alemán (Schwartz en Torino), cuestionados en sus cargos previos. Con incompetentes al mando son los agentes artísticos, que son quienes de verdad saben, los que acaban mandando en los teatros. Hay sectores que piden un cambio radical y algo sucederá cuando la justicia sentencie los casos pendientes y cuando el Estado haya de pagar la deuda de 135 millones que ahoga a las fundaciones que rigen sus teatros de ópera (4 de Bari, 14 de Bolonia, 29 del Maggio, 15 de Genova, 25 de Nápoles, 7 de Palermo, 21 de Roma, 11 de Trieste, 9 de Verona y sin contar la Scala o Torino) antes de final de año.

Y, volviendo al inicio de estas líneas, no se por qué esto me recuerda lo que en España sucedió con las cajas de ahorro que fueron de mal en peor cuando los políticos entraron en sus consejos, hasta acabar en un rescate. Por cierto: ¿por qué de una vez no se explica hasta la extenuación que no hubo rescate bancario sino de cajas? Decididamente, los políticos actuales no pueden dirigir todas nuestras vidas y, desde luego aún menos, nuestra música.