Marcelo Luján: “La única manera de matar es con el olvido”

El escritor Fernando Aramburu, miembro del jurado, ha destacado "la factura impagable" de este conjunto de relatos

El escritor Marcelo LujánCristina BejaranoLa Razón

Marcelo Luján ha ganado el Premio Ribera del Duero con «La claridad», un libro de seis relatos que apela más a las oscuridades y esquinas del alma que a la transparencia del ser humano. Un conjunto de textos que ha creado como una unidad y para el que no ha remedado viejas historias, páginas perdidas o publicaciones ya realizadas. Esto es un conjunto literario que nace de cero, plagado de resonancias bíblicas y que tiene a la mujeres como pieza esencial de sus engranajes. «Estos cuentos, de factura impecable, invitan a una experiencia de lectura no exenta de una gustosa perversión», ha afirmado el escritor Fernando Aramburu, uno de los miembros del jurado. Marcelo Luján, que viene de una serie de trabajos en la novela negra que han sido muy apludidos, ha querido probarse en la difícil cuerda de la extensión corta, donde nada sobra y todo es imprescindible.

-¿«La claridad» sirve para ver la oscuridad?

-Siempre estoy cerca de la oscuridad. Me gusta abordar el mal. Aunque mis textos anteriores, de novela negra, fueron muy bien recibidos por la crítica, nunca me ha gustado poner el género por encima de la literatura. Debe ser algo secundario. No puedo adentrarme en la literatura desde lo que me gusta y, como ciudadano, veo el mal que nos rodea, aunque no tenga por qué llegar hasta la muerte. En este libro existe un componente añadido, quizá solo como ejercicio, que es lo fantástico. El terror tiene una pátina interesante. El terror moderno y lo negro conviven muy bien, tienen cierta hermandad que aflora en los textos. Este es un ejercicio literario que he disfrutado mucho. Sí, son textos oscuros y por eso me pareció bueno rodear de luz esa oscuridad que tienen. Así se ve más.

-¿Qué mal le inquieta más?

-La traición, la deslealtad hacia lo que sea, porque es la máxima ruptura de la confianza y la confianza es uno de los pocos elementos que tenemos los seres humanos para existir. Si no confiamos en el alguien estamos solos. Y esa gente, ese grupo reducido, que nos puede traicionar resulta inquietante. Uno puede hablar de violencia, pero la traición es devastadora.

-Aquí el mal es involuntario

-La planificación del mal es el máximo exponente de la oscuridad. Planificar el mal, como hicieron los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, sacando los elementos bélicos, es lo peor, pero en mis relatos existe un personaje que no lo planifica, que ve que puede salvarse condenando al que tiene al lado. Eso me hizo asombrarme sobre la capacidad de supervivencia que tienen ciertas personas para tomar decisiones sin importarle el prójimo. Es algo curioso. Esta historia en particular, que es la que abre el libro, tiene un componente bíblico que resulta determinante. Se titula: «Veinte monedas de carne», haciendo referencia a las veinte monedas de plata de Judas, pero en vez de por dinero aquí lo que se pone en juego es la carne, el propio cuerpo, un componente sexual. Es un texto violento.

-¿No le asusta esta clase individuos o personas?

-Hay seres humanos que son así. No digo que sea inherente al ser humano, pero hay personas, que son precisamente las más peligrosas que hay, a las que no vemos venir. Una de mis protagonistas le sucede. No quiero elevar esto a categoría, a todos los hombres, porque tampoco podemos estar atemorizados con la idea de que todo el conjunto social quiere hacernos daños, pero sí que existen seres humanos que son peligrosos y este peligro se potencia más en aquellos que lo disimulan y no los detectas.

-También hay una alusión a la memoria.

-La memoria es una de las pocas pruebas de que estamos vivos. Cuando muere un ser idolatrado, y desaparece para siempre, es el único modo de recordarlo. La única manera de matar es con el olvido, con la ausencia absoluta de memoria. Con el recuerdo y memoria cualquier persona va a estar viva.

-Has querido hacer de este libro una unidad.

-Me ha llevado tres años escribirlo. El cuento no es un género menor y por tanto quería escribir un libro de cuentos porque consideraba que ya tenía la solidez técnica para hacerlo. Esto no es una compilación, algo que reescribo, sino que está redactado con el mismo trazo, en el mismo momento histórico. También incluí elementos paratextuales, por eso los epígrafes son citas bíblicas y fragmentos de rock, que para mí es una unión preciosa, una unión asombrosa.

-Las mujeres son también esenciales.

-Ellas son uno de los ejes de la historia. La mujer es importante para la sociedad, de lo contrario estaríamos solos. Las necesitamos. Yo las incorporo a mis historias, aunque no me lo proponga. Son uno de los motores, incluso en ese cuento en el que no aparece como protagonista una mujer, son también un elemento esencial. Es parte del inconsciente del escritor, que juega con lo que está dentro de uno.

-¿El inconsciente es importante para un escritor?

-La ficción se construye a partir de la experiencia. El autor, al principio, comete el gran error de teñir lo que escribe con aristas autobiográficas. Pero la mejor literatura nace cuando se ha dejado de lado lo autobiográfico. Si uno quiere escribir de bodas, no puede escribir sobre una boda, sino reinventarlas para hacer una nueva. Lo inconsciente, como la experiencia, es esencial, forma parte del destino del relato. Uno arma la estructura de un cuento. Sabe desde de dónde parte y adónde quiere llegar, pero en el camino no lo sabes del todo. La variable es el inconsciente, que descubre lo que no teníamos previsto.