“Under The Skin”: por qué una obra maestra ha tardado siete años en estrenarse

Tras siete años desde su estreno, llega a las salas españolas la soberbia «Under the Skin», protagonizada por Scarlett Johansson en el papel de una extraña criatura con poderes que es enviada a Escocia

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Hemos vivido cien días congelados por la pandemia y nos quejamos, pero «Under the Skin», la película de Jonathan Glazer («Sexy Beast», «Reencarnación»), lleva siete años helada sin estrenarse en España desde que, en 2013, los críticos del Festival de Venecia se deshicieran en halagos hacia el filme que, por fin, llega a las salas. Parece ser que el motivo de ello se debió al elevado precio que pedían los productores del filme para su distribución en nuestro país. La película, por cierto, también ha superado la pandemia, ya que tenía previsto su estreno el 24 de abril, y lo hace con triple difusión: en salas, DVD y la plataforma Filmin. La historia, protagonizada por Scarlett Johansson, está basada en la novela de ciencia ficción «Under The Skin», de Michel Faber. Pero la conexión con el libro es solamente «espiritual», según ha comentado el director sobre una trama que cuenta la llegada de una alienígena a la Tierra con un propósito: cazar humanos que sirvan de alimento para su especie, procedente de un planeta donde las criaturas viven bajo tierra. Así que la historia, con toques góticos, siniestros e inquietantes, sigue a Scarlett Johansson, que es la enviada del espacio exterior que le roba la apariencia a un cadáver. Se viste y se maquilla. A partir de ahí, intuimos sus intenciones y desconocemos sus capacidades y solo podemos seguirla al volante de una furgoneta mientras habla a hombres con los que se encuentra por el camino fingiendo estar perdida. Johansson firma una interpretación en la que aparentemente ni siente ni padece, aunque su personaje va aprendiendo los códigos de comportamiento humanos poco a poco y se esfuerza por lograr cierta empatía con los terrícolas, no siempre con éxito. Cada poco, un misterioso motorista irrumpe y «limpia» la escena como un fantasma, sin intervenir en la narración, sino como una especie de espectro en segundo plano.

Sentimientos y hieratismo

Glazer optó por un buen número de actores no profesionales para acompañar a la fríamente seductora Johansson. «Yo tenía un sentimiento, no una imagen, no sabía exactamente hacia dónde dirigir la historia, pero tenía una brújula emocional», explica el director de un proyecto que le llevó seis años de preparación. Tras descartar dos borradores de la historia que plasmaban con cierta fidelidad la novela, Glazer la llevó a un terreno diferente. El personaje protagonista evoluciona, tiene un cambio que se debe a una especie de deriva personal, no a un descubrimiento o epifanía, sino a que, sin verbalizarlo y, aparentemente, sin sentir, la alienígena va experimentando algo dentro e incluso duda de la misión que le han encomendado. La expresión de los sentimientos del personaje frente al hieratismo de Johansson puede pasar desapercibida para algunos, aunque es uno de los puntos fuertes de la película.

Otro de los asuntos que asoman por la historia es, cómo no, el de la mujer convertida en depredadora en un mundo donde abundan los ejemplos de masculinidad tóxica. El espectador recibe con gran tensión cada uno de los momentos en la historia, cuando la alienígena, encarnada en la explosiva apariencia de la actriz estadounidense, tiene contacto con varones a los que pide ayuda al borde de la carretera. Y los encuentros con cada uno de ellos resultan muy llamativos. Los intérpretes, la mayoría no profesionales o completamente desconocidos, también le aportan a la cinta un aura extraña. «Era importante que no fueran reconocibles para darle un poco más de credibilidad a lo que estábamos contando», reconoce Glazer. Incluso se planteó enmascarar a la actriz. Y grabar buena parte de las secuencias con cámara oculta, como un rodaje en el mundo real. «Parecía correcto, porque se trataba de mirar a los seres humanos cómo se comportan realmente, desde los ojos de un ser distinto, que es exactamente lo que queremos contar», confiesa el director.

Ausencia de estética

La estética, o la, según Glazer, ausencia de estética, se debe a la verdad del mundo tal y como es, la realidad a la que llega la alienígena y que ésta va descubriendo. La amabilidad de los que la ayudan, el sufrimiento del que es testigo de algo en una playa, los gestos de solidaridad que recibe... hasta que la protagonista se va descubriendo en los cuerpos y las miradas (algunos grotescamente deformes) de los demás y, finalmente, se admira en un espejo. Incluso hay un momento cómico en el que ve sus genitales y averigua su funcionamiento con cierto espanto. «Si vas a hacer una cinta sobre un alien, que sea un alien. Mantenlo alien», bromea Glazer.

Todos estos sutiles descubrimientos van ligados al no menos sutil método de cacería y conservación de especímenes de la protagonista, que durante unos minutos es representada en una realidad ajena con quienes ya son sus presas, en una realidad onírica cuando caen en sus garras y de la que iremos comprendiendo un poco más, pero no demasiado. Porque la dimensión más original del filme no es lo que pueda tener de ciencia ficción, sino de historia de criaturas. La música de Mica Levi funciona de manera orgánica. Encaja al milímetro porque la artista estuvo involucrada en el «viaje», como lo define el director desde el principio del proyecto. Y la atmósfera que forman juntos es sobrecogedora. Por cierto, que la banda sonora está en Spotify y otras plataformas y es un «pequeño éxito» para tratarse de este género tan poco comercial.