¿Quién y por qué ha robado «El infierno» de Dante?

El autor describe cómo aparece uno de los libros del autor de la "divina Comedia"

Imagen de Gustave Doré para el "infierno" del Dante
Imagen de Gustave Doré para el "infierno" del DanteGustave DoréGustave Doré

Bibliotecas, librerías, una edición de Dante desconocida, un joven ladrón de guante blanco, coleccionistas, asesinos y una libreta manuscrita de Albert Einstein que esconde una codiciada fórmula por los servicios secretos. Oliver Espinosa ha fraguado en «La librera y el ladrón» (Planeta) un cóctel que mezcla «thriller», aventura, acción y cultura. Y mucha, porque la base que sustenta esta obra es el mercado negro de las ediciones, códices y manuscritos, y la ambición de los hombres para poseer objetos únicos de la historia. «Hace años trabajé con libros robados y enseguida despertó mi interés», explica el autor dejando un halo de misterios sobre sus declaraciones. «Tiré del hilo, conocía el sector, a los libreros, los coleccionistas, y ellos compartían información conmigo, sus entresijos y enigmas. Me explicaron cosas de un mercado que en el fondo es muy complicado. No es como comprar algo en el supermercado. Los precios en el libro son inciertos, porque es difícil determinar la oferta y demanda. Muchos de estos libros acaban en colecciones durante años y no se sabe cuántos existen todavía, se desconoce, y entender su valor es muy complejo».

Con el ritmo propio de los «best sellers», Espinosa ha tejido una novela que enhebra tramas y en la que salen a relucir codiciadas obras del pasado. «Me interesan las motivaciones de los personajes. Es el mayo desafío del escritor. En el robo de los libros, las motivaciones son diferentes. Algunas, de carácter económico, personas que quieren enriquecerse con cualquier cosa a precio cero y una rentabilidad infinita. Otra motivación resulta simplemente el deseo de poseerlos y tenerlos. El coleccionismo es una obsesión, y el de los libros, además, muy particular, porque jamás se sabe si el ejemplar que sobrevive es único o no, si pertenece a una tirada especial o no. Además, su precio varia si están impresos con grabados o iluminados. Pero también existen otros elementos que condicionan su valor: quién lo poseyó, la calidad de las tapas, el estilo, si es un incunable o no...»

Objetos preciados

Oliver Espinosa alterna el conocimiento con las emociones, la bibliofilia con los lazos afectivos entre la protagonista, Laura, con su amante, un delincuente y pupilo de un anciano que tiene la llave a infinitos saberes, y los enemigos que los acosan. «Si entras en la organización mundial de libros de anticuarios, que reúne al 80 por ciento de este sector, se ve que hay un apartado dedicado a libros robados. Los libreros comparten esta información porque saben que existe un gran tráfico ilícito. Una biblioteca de Nápoles, de hecho, fue expoliada por su propio director; en otra de Pittsburgh, se perdieron libros por un valor de ocho millones de dólares. ¿Cuántas operaciones antidroga vemos al año? Pocas, y nadie cree que esa sea toda la droga que se desplaza en el mundo. Con los libros sucede igual».

Espinosa concreta con otros ejemplos: «En la guerra de Siria hubo un tráfico de antigüedades y obras de arte tremendo. De hecho, se han descubierto las líneas de distribución de ese arte robado. Detrás de las inmolaciones de libros, se ocultan grandes desapariciones. Lo que más atrae es lo aporta mayor liquidez de antemano y que son fácilmente reconocibles por sus características. Son apreciadas las obras científicas del siglo XV y XVI. Se trata de comprar estos ejemplares por la mitad de su valor. Cualquiera que se conocida, es querida, como pueden ser las primeras ediciones de William Shakespeare o Newton o cualquier título que tengan una trascendencia literaria».

Oliver Espinosa aporta un matiz esencial para comprender la atracción que ejercen los libros en el hombre actual y el afán que existe por coleccionarlos o comprarlos. «Existen coleccionistas que simplemente tienen ese ansia de poder y de poseer cosas, pero se manifiesta de manera bastante poco uniforme. Hay algunos que aspiran a reunir aquellos títulos que cuentan con una trascendencia histórica, que es un valor abstracto que se suma al material y a la escasez de ejemplares que sobreviven. Pero todos conocemos -añade- a algunos de estos grandes coleccionistas, como Jeff Bezos, de Amazon. Es curioso que todas las personas que están ligadas al mundo digital sean grandes coleccionistas de esta clase de obras». Y el escritor catalán añade que «Bill Gates también está en este grupo. Estas personas tratan de identificar su relevancia a través de las posesión de estos elementos históricos que hemos heredado del pasado. El cuadro tiene un valor estético muy claro, los libros, en cambio, aparte de sus elementos estéticos y que en algunos casos son impresionantes, son objetos de transmisión de conocimientos». Incluso algunos de ellos, de hecho, «cambiaron el mundo, como la Biblia o el manifiesto comunista, así como la manera de pensar y de actuar de una sociedad entera».