«La familia que tú eliges»: Cuando soñar es pelear ★★✩✩✩

Dirección y guión: Tyler Nilson y Michael Schwartz. Intérpretes: Shia LaBeouf, Zack Gottsagen, Dakota Johnson, John Hawkes. Estados Unidos, 2019. Duración: 97 minutos. Drama.

«La familia que tú eliges» no sabe evitar los tópicos escritos en el libro de estilo de las «road movies» de perdedores en busca de sus sueños. Se juega su singularidad a una carta, que es la de incorporar a su reparto a un chico con síndrome de Down, y aunque la interpretación de Zack Gottsagen intenta, desde la naturalidad, eliminar cualquier prevención sobre el oportunismo azucarado y sentimental que carga su elección como co-protagonista, la película se organiza alrededor de la compasión que el espectador ha de sentir por su personaje.

Hay algo obsceno en ese objetivo, porque los que le acompañan en su viaje quijotesco –un pescador de cangrejos (Shia LaBeouf) y una cuidadora (Dakota Johnson en un papel por debajo de sus posibilidades) que se están reponiendo de una pérdida– están construidos para justificar la existencia de un discapacitado en los créditos. Él será, en un alarde de originalidad argumental, el que les dará fuerza para seguir viviendo lejos de sus traumas, sus culpas o sus autoengaños. Hasta que Dakota Johnson no toma protagonismo, la cinta aspira a reciclar la literatura de Mark Twain en clave ñoña. Zack y Tyler son Tom Sawyer y Huckleberry Finn en plan fugitivos, surcando maizales y pantanos, encontrándose con pintorescos personajes –un ciego que los bautiza en aguas mohosas, un ex luchador que reabre su escuela de entrenamiento para no desilusionar a Zack– y labrando vínculos fraternales más grandes que la vida.

Si en algún momento la película llega a parecerse a su irresistible modelo literario es cuando nuestros héroes van a la deriva con una barca hecha a mano, hasta llegar a una tierra solitaria donde podrían convertirse en náufragos perpetuos, en niños siempre dispuestos a pelearse en broma. Eso ocurre fugazmente en un filme esquemático y rutinario, que, además, tiene dos finales antitéticos. Ah, y una cosa: alguien debería decirle a LaBeouf que no es James Dean, que sus mohínes de chico-malo-con-encanto-de-camiseta-imperio empiezan a resultar grotescos.