«El galán fantasma»: Un Calderón descafeinado ★✩✩✩✩

Autor: Calderón de la Barca. Director: Rafael Rodríguez. Intérpretes: Zuleima Valido, Alicia Ramos, Carlos de León, Toni Baez, Luis O’Malley... Festival de Almagro, Ciudad Real.

Había un recuerdo muy grato, extendido entre el público de Madrid más amante del teatro clásico, del trabajo de Rafael Rodríguez, director de la compañía canaria 2RC desde que pusiera en escena en 2009, invitado por la Compañía Nacional, «¿De cuándo acá nos vino?», de Lope de Vega. Un recuerdo muy positivo que, por desgracia, no se ha visto reforzado ahora con el montaje de El galán fantasma que ha traído este año al Festival de Almagro y que pudo verse anoche en el Palacio de los Oviedo.

La verdad es que en ningún momento se percibe destello alguno del ingenio escénico y poético que permite esta estupenda comedia de Calderón de la Barca en la que el enredo amoroso, muy bien construido, vuelve a estar al servicio, como en otros títulos suyos, de la burla y la crítica a la superchería. El gran hallazgo argumental del dramaturgo madrileño en esta obra fue matar –solo aparentemente, claro– a su galán protagonista, Astolfo, para convertirlo, al hacerlo reaparecer en la trama, en un abundante manantial de comicidad, por las reacciones tan irracionales –y tan ridículas, para el autor– que provoca su presencia ante los demás personajes.

Sin embargo, falta simpatía y arrojo a la hora de leer y componer ese personaje y falta, asimismo, gracia y frescura en todos los demás. Si exceptuamos a Zuleima Valido, la única en el reparto que está verdaderamente sumida en la acción dramática y movida por ella, los demás actores parecen más concentrados en alcanzar una mínima destreza a la hora de decir el verso con la debida intención semántica –la cual se remarca exageradamente además con el lenguaje físico– que en participar con credibilidad en la peripecia dramática que han de protagonizar.

Lo mejor

Los esfuerzos de la actriz que da vida a Julia para que la acción discurra con soltura

Lo peor

Las acciones están tan lentificadas y subrayadas en la dirección que se ahoga su posible comicidad