Antígona abre Mérida con un debate sobre la polarización política

El festival clásico levanta el telón entre las ya habituales medidas de la Era Covid y con un texto de Sófocles adaptado por el mexicano David Gaitán

De estar en la vieja normalidad, por Mérida ya habrían desfilado hasta tres compañías en lo que llevamos de verano, pero no puede ser. Así que desde la capital extremeña se mira de reojo, y con cierta envidia, a esos otros festivales que ya han arrancado. Aunque tampoco es mucho lo que les queda a los emeritenses para vivir en ese Teatro Romano la vuelta de la escena. El mexicano David Gaitán, primer director en subir a montaje («Antígona») al coliseo, afronta el hecho con cierto temor, «con la gran duda de si la gente va a querer volver al teatro, si va a afirmar con su presencia que la escena de facto es una necesidad primordial»; además de la «inquietud», continúa, de presentar «el discurso de una obra que no fue creada para ser vista después de un confinamiento haga sentido».

En el centro del escenario y de la trama estará una Irene Arcos que todavía recuerda el portazo que se llevó (junto a Israel Elejalde, Raúl Arévalo y Miki Esparbé) cuando iba a estrenar «Traición» en Madrid. Tenían marcado en el calendario el 12 de marzo, pero llegó la pandemia... Hasta ahora que la actriz pisa por primera vez las ruinas de Mérida («da vértigo») convertida en una Antígona «de carne y hueso, con sus luces y sus sombras. Lo épico del personaje está; es fuerte, valiente y reivindicativa, pero [David Gaitán] lo baja a tierra, pudiendo mostrarse en algún que otro momento terca y empecinada». «Un ser lleno de contradicciones», para el director, que ya estrenó el mismo título en México, aunque ahora lo cambie «todo», dice: «Lo único igual es el texto. La producción es con un equipo fundamentalmente extremeño, otro elenco, otro equipo creativo, todo el mundo de España, diseños distintos, montaje nuevo... Hay un mapa tonal que es similar al original en tanto que soy yo quien dirige, pero dado que el equipo artístico es nuevo, el efecto, potencia, alcance y especificidad, también lo serán».

También difiere la versión con el original de Sófocles, en el que la dicotomía entre leyes divinas y humanas aquí «no entra en una conversación teológica –explica Gaitán–, sino en un debate sobre la implementación de la justicia, las maneras de gobernar, la fantasía de la democracia, la desobediencia civil pacífica y la complejidad de caracteres en el teatro político». Se abre un melón en el que, para Arcos, se ataca directamente a la actualidad con «temas que rebotan directos en nuestra sociedad, como la libertad de expresión, de los caricaturistas asesinados, el abuso de poder...».

Conversar en torno a la democracia, problematizarla, es, como afirma Gaitán, «un tema de vigencia garantizada». Sin embargo, prosigue, «en tanto que el teatro tiene la obligatoriedad de hablarle al espectador frente a sí, no basta con asumir que un tema se insertará en el momento sociopolítico solo porque en otras latitudes así lo hizo».

Para el director, la obra busca ser una tesis que combata «la tendencia maniquea a entender la vida, sobre todo en la política, en blancos y negros. Si a partir de un debate violento sobre el caso de Antígona logramos meter en problemas a aquel espectador que necesite acomodar todo en buenos y malos, la obra estará cumpliendo uno de sus cometidos más importantes. Esto al ritmo que abordamos temas como ética vs. moral, democracia vs. monarquía, la voluntad existencial frente a la voluntad política, entre otros». Son algunos de los conflictos que George Steiner desmenuzó en su profundo análisis de esta pieza: hombres vs. mujeres; vejez vs. juventud; sociedad vs. individuo; seres humanos vs. divinidad y mundo de los vivos vs. el de los muertos... Es el libro del filósofo («Antigonas: una poética y una filosofía de la lectura») el referente más cercano que ha encontrado Gaitán a la hora de levantar el texto: «Su manera de entender el mito, su desplazamiento hacia las narrativas de Occidente y las problemáticas contemporáneas fueron una inspiración directa».

De esta forma, recupera el Teatro Romano la normalidad, en parte, de su Festival de Mérida. Irene Arcos, Fernando Cayo, Clara Sanchis, Isabel Moreno, Elías González y Jorge Mayor serán los primeros en pisar las ruinas, aunque Gaitán tiene clara una cosa: «Si los espectadores están pensando en la distancia entre actores y no en la historia que buscamos contar, algo estaremos haciendo mal».

Dónde: Teatro Romano de Mérida, Extremadura.
Cuándo: del 22 al de 26 julio.
Cuánto: desde 12 euros.