Anita Loos: la guionista que creó a las «it girls» y a las rubias tontas

Escribió el filme "Los caballeros las prefieren rubias", una película que consagró a Marilyn Monroe»

Anita Loos bromea con Jean Harlow. La guionista convirtió a la actriz en un verdadero fenómeno cinematográfico y en una estrella de Hollywood
Anita Loos bromea con Jean Harlow. La guionista convirtió a la actriz en un verdadero fenómeno cinematográfico y en una estrella de HollywoodPicasaRc

Para saber cómo se gestó Hollywood y se crearon las primeras estrellas y mitos quién mejor que la cáustica y diminuta Anita Loos, quintaesencia de la enloquecida vitalidad de los años 20, que ella retrató con «con gracioso descaro», como definió D.W. Griffith sus primeros guiones. Anita fue la primera mujer contratada por su productora, Triangle Film Corporation, por 75 dólares a la semana. D. W. Griffith dijo que era «la jovencita más brillante del mundo». Griffith, que pensaba que sus ingeniosos intertítulos eran superfluos, acabó reconociendo su importancia en el éxito de las películas de Douglas Fairbanks y le encargó redactar los de su épica «Intolerancia» (1916). Junto a Chaplin, Fairbanks y Pickford, formaron la primera realeza de Hollywood. Alentada precisamente por Griffith, convirtió a Fairbanks en la primera gran estrella chispeante y a Pickford en la «novia de América». Gracias a su guión de «La pelirroja» (1932), Jean Harlow alcanzó el mito sexual y fue modelo de las «rubias tontas» desde Marilyn Monroe en adelante. Si no aparece en los libros de Historia del cine es de justicia que se la reconozca como la mejor cronista de aquellos locos años 20, con una ironía tan fina que en su biografía «Adiós a Hollywood con un beso» (1974), al hablar de su marido, Mr. E., que manejaba su dinero y firmaba muchos de sus guiones, escribe que le decía: «No, no, Bugie…Nunca te dejaré, porque eres tan crédula que podrías caer en manos de algún desaprensivo que solo fuera en busca de tu dinero». Para Anita, Mr. E. le «había proporcionado muchas de las emociones que toda esposa masoquista desea».

«Tiempos atolondrados»

Más que los dramas realistas de Eugene O’Neill, quien mejor encarna «aquellos tiempos atolondrados», con su ligereza sexy y desvergonzado descaro, fue Anita Loos, plasmado en los personajes de «Los caballeros las prefieren rubias», retrato burlón de la sexualidad. Estas dos frívolas «flappers» son la caricatura de las mujeres fatales del cine, ardientes amantes como Greta Garbo y la misteriosa Theda Bara, quien sentenció: «Tengo la cara de una vampiresa, pero el corazón de una feminista». En una época en la que, según Anita Loos, «ninguno de nosotros vinculaba al cine con el concepto de arte», ella fue el epítome de la mujer moderna, lo opuesto a las materialistas y glamourosas «it girls» y «gold diggers» (cazafortunas), que retrató con agudeza. «Ser misteriosa, difícil, irracional y suspicaz, de tal manera que cause confusión» era su perfecta definición de la divinidad de las estrellas del cine mudo. Comenzó a escribir una líneas para burlarse del marido de su amiga Norma Talmadge, que vivía un romance con una rubia estúpida y «Harper´s Bazaar» se aprestó a publicarlo como serial en 1925 con el título de «Los caballeros las prefieren rubias». Un éxito inmediato convertido en película muda en 1927 con una insólita escena hablada. Pasó a musical con Carol Channing en 1949. Y en 1953, Howard Hawks hizo la comedia musical perfecta, con Marilyn Monroe como insuperable Lorelei Lee. La idea surgió de un viaje a París de Anita Loos con el matrimonio de la actriz Norma Talmadge, otro de las grandes mitos de Hollywood que ella había lanzado al estrellato con sus frívolas comedias mudas. Ambas jugaban a comportarse como dos sofisticadas chicas de Little Rock, Arkansas, que persiguen con descaro a viejos millonarios. Nada más opuesto a Anita Loos, que trabajó toda su vida para que su marido John Emerson le chuleara sus dineros, firmara a medias sus guiones y libros, la engañara con rubias tontas, mientras ella trabajó en el departamento de guiones de la MGM y entablaba amistad con Aldous Huxley, W. Somerset Maugham, George Cukor, Bernard Shaw, Noël Coward, Theodore Dreiser, Sherwood Anderson y Sinclair Lewis.

Un marido ligón y de izquierdas

Durante 18 años colaboró en Hollywood, mientras su marido ligaba y buscaba prestigio social en Nueva York avergonzado de sus éxitos en el cine. «Comenzó a entregarse a las actividades políticas izquierdistas –escribe Anita Loos–, que es lo que hacen a menudo los personajes adinerados del mundo del espectáculo». Una moda corriente ya en la década de los años 20. Fue amiga de W. R. Hearst e íntima de su amante Marion Davies desde que escribió su mayor éxito: «Getting Mary Marrie» (1919). Y Anita Loos frecuentaba el Castillo Hearst en San Simeón en California, donde siempre la situaba a su derecha en las comidas. Dos de sus grandes filmes fueron «San Francisco» (1936), con Clark Gable, y «Mujeres» (1939), dirigida por Cukor e interpretada por la plana mayor femenina de la MGM: Norma Shearer, Joan Crawford, Rosalind Russell, Paulette Goddard y Joan Fontaine. Anita Loos no solo es parte fundacional de Hollywood, sino que hizo historia con sus personajes en el cine y en la literatura. El héroe aventurero, la heroína virginal, la «flapper» y la rubia cazafortunas surgieron de la realidad cotidiana para formar parte de los arquetipos que se impusieron desde el cine a la sociedad mundial. La famosa canción «Los diamante son los mejores amigos de las chicas» atraviesa el siglo XX y llega hasta Madonna y su «Material Girl» demostrando que Nita tenía razón: «Las joyas requieren cierta capacidad de alarde». Como el glamour.