“Cálidas palabras”

María Fasce, directora literaria de Lumen, evoca al escritor Juan Marsé

Juan Marsé durante la recepción del Premio Cervantes de Literatura
Juan Marsé durante la recepción del Premio Cervantes de LiteraturaLa Razón

«Otro día luminoso. Y Marsé ha muerto». Quizá así habría escrito Marsé su propia esquela. Leo en el manuscrito de «Notas para unas memorias que nunca escribiré», que publicaremos el año próximo: «Lo mejor que puedo decir hoy, 18 de julio, es que ha transcurrido sin enterarme de que era el 18 de julio». Murió ese día de 2020, a los 87 años, la edad en que murió también mi padre.

En mi última visita me recibió como siempre en su despacho, pero esta vez llevaba una bata. «Parece Waldo Lydecker», le dije, y le gustó. La misma elegancia, inteligencia y humor negro, aunque a diferencia del protagonista de «Laura» de Otto Preminger, Marsé no es cínico: es sabio.

Siempre le llevaba libros cuando lo visitaba. Le encantaban nuestras ediciones de Borges, porque además eran livianas y podía sostenerlas mientras le hacían diálisis. Sólo veía clásicos y leía clásicos. El único autor contemporáneo al que le he escuchado elogiar fue Elena Ferrante.

Marsé pertenece, con Borges y unos pocos más, a esa raza de escritores que escribe hasta cuando conversa. En mi primera visita con Silvia Querini, su gran editora, «el Maestro» nos deslumbró con el relato de su visita a Cuba, los quesos que pensaba fabricar Fidel Castro y un baile con Idea Vilariño que puso celoso a Onetti.

Como en el de Kafka, en su diario la natación y las noticias tienen la misma importancia. Los dibujos de su nieto le interesan más que la presión que acaba de tomarle la doctora. Sólo se enfada con un tema: «Os lo recordaré una vez más: la dualidad lingüística y cultural de Cataluña no es una anomalía, es una riqueza».

Hablé con él por teléfono hace unos días: «El libro (“Viaje al Sur” , que publicaremos este septiembre) ha quedado muy bien. El que no está bien soy yo. No lo digo yo, lo dicen los médicos». Al igual que Marsé, no creo en Dios pero sí en los médicos. Desde entonces he estado releyendo «Últimas tardes con Teresa» y su diario como quien reza una oración. «Cálidas palabras. Eso es lo que necesito. Palabras cálidas». Es lo que necesitamos todos. Nos ha dejado las suyas. Marsé seguirá haciéndonos mejores siempre.

María FASCE, Directora Literaria de Lumen