La pasión jamás contada de Katharine Hepburn y Howard Hughes

Hoy salen a la venta las cartas desconocidas que la actriz escribió al magnate

Howard Hughes y Katherine Hepburn, durante la época en la que mantuvieron una apasionada relación
Howard Hughes y Katherine Hepburn, durante la época en la que mantuvieron una apasionada relaciónLa Razón

No era, al menos no lo parecía, una mujer al uso. La actriz pelirroja no tenía pelos en la lengua. Y aunque era muy reacia a conceder entrevistas, no sentía reparos a la hora de hablar de su vida privada y de sexo. «Fue el mejor amante de mi vida», dijo de una de sus parejas. Un hombre que llegó a su vida en un campo de golf primorosamente bien cuidado a bordo de una avioneta. La suya propia. Encontró Katharine Hepburn la horma de su zapato. Un igual con quien medirse. Espíritus libres ambos, confesaría años después. Un hombre al que retó al golf. Eso sí, cada uno jugó la partida con sus propios palos.

Se conocieron de manera poco ortodoxa y quedaron para cenar después. Tras una cita llegó otra. Él, Howard Hughes, lo tenía prácticamente todo. Dinero, fama de mujeriego, una atractivo irresistible, una buena cuenta corriente y un atractivo de bastantes quilates, a pesar de que no oía bien, quizá de ahí su carácter un tanto huidizo. También dejó constancia por escrito de que se hallaron en el momento adecuado, cuando ambos eran dos volcanes predispuestos para la pasión. A los treinta años.

Excelente deportista

La Hepburn era una mujer deportista de silueta un tanto andrógina, pero con un atractivo totalmente irresistible. En la piscina no tenía rival. Pero tampoco sobre la montura de un equino o en un campo de tenis. Ningún deporte la hacía sombra. Lo que se proponía deportivamente hablando lo conseguía. Los protagonistas de esta historia se cruzaron en los años treinta, a principios. En 1935. Y su historia se prolongó hasta 1938. No fue demasiado tiempo, pero sí unos años de intensidad entre una de las mejores actrices de Hollywood y el multimillonario productor de cine que, además, era un as del vuelo con el que decidió impresionar a la chica pelirroja una mañana. Ella, desvelaría años más tarde, que le pareció «guapísimo, con sus gafas de aviador y su cazadora». Fueron discretos y huyeron de las cámaras. De hecho, son escasísimas las imágenes que los retratan juntos.

A su biógrafa, Charlotte Chandler, le confesó la actriz a la hora de dar forma a un libro sobre su vida que «Howard era una persona muy orientada hacia el sexo. Yo no me sentía cohibida porque él no lo estaba en absoluto. Compartíamos algunos rasgos de carácter que nos hacían muy compatibles, por ejemplo, ambos nos educamos en casa. Estábamos tan mimados que ni siquiera nos dábamos cuenta. Y éramos dos solitarios. Íbamos por libre y hacíamos lo que nos convenía a cada uno». Ella sabía disfrutar de los extremas y lujosas comodidades que una relación como la del aviador le proporcionaba. Sabía que si tenía hambre de madrugada, daba lo mismo la hora que fuese, la cocina (y, concretamente, un cocinero de guardia) estaba lista para saciar su apetito.

Hoy, una casa de subastas de Los Ángeles pondrá a la venta 104 lotes de pertenencias de Hughes, entre las que se encuentran más de 55 cartas de amor y notas de Katharine Hepburn inéditas escritas a Howard Hughes y fechadas entre el 15 de agosto de 1937 y el 5 de diciembre de 1938. Son misivas cortas en las que ella utiliza nombres de animales pequeños («ratón de campo», por ejemplo) y en las que dedica todo tipo de halagos a Hughes. «No me puedo mover y mis ojos se niegan a abrirse, pero tengo que volver al trabajo. Prométeme que estarás aquí a las seis y que volveremos a jugar al mismo juego de ayer...», le escribe ella con picardía. Y en otras misivas se lee: «Eres el jefe más maravilloso del mundo, el hombre más dulce, el más salvaje también, imprevisible, un hombre lleno de imaginación con todas las virtudes que adornaban a Lincoln...», «eres tan brillante como Einstein», «posees la ligereza de una gacela», «cuando te miro a los ojos, con esa mirada triste tuya, veo en ellos el pasado y el futuro, además, del presente; veo a América, a todos los hombres, el niño y el adulto, que hay en ti...», «aunque esto solo durase hasta mañana yo ya me sentiría satisfecha y bendecida por haberte encontrado, pues hay quien nunca tendrá lo que yo he vivido... Me siento arropada con tu calor, segura, feliz... Sé que jamás tendré miedo a tu lado, que nunca volveré a estar sola... Mi querido jefe, eres tantas cosas al mismo tiempo...» «¿serás capaz de recordar lo que me has dicho? Si no, yo estaré para refrescarte la memoria. Te amo».

Un volcán en erupción

Una mezcla de pasión y rendida admiración emana de estas cuartillas pequeñas, tostadas por el paso del tiempo. La pareja no contrajo matrimonio y cada uno siguió su camino. A la actriz se la asoció, pero ya sería años más adelante, con Spencer Tracy, junto a quien vivió una relación de años, ya madura, lejos del volcán que fue su vida junto al aviador, oculta porque él nunca quiso divorciarse de su esposa. Saboreó los dos extremos del amor. Nunca antes se habían visto estas cartas: «Hughes era muy amante de su privacidad, un hombre al que no le gustaba verse en los periódicos, así que poder ofrecer estos 104 lotes de sus pertenencias en un acontecimiento. Sobre todo las cartas, escritas de puño y letra por Katharine Hepburn, sus notas de cabecera. Son bastante jugosas porque nos muestran una intimidad desconocida», asegura Brian Chanes desde la casa de subastas.

Junto a ellas, piezas como el anillo de compromiso de esmeraldas y diamantes que Hughes le había regalado a Hepburn, la medalla de oro personal del Congreso en 1939, que reconoce sus logros en el avance de la ciencia de la aviación, la chaqueta de dos tonos de Hughes usaba durante sus vuelos en el H-4 Hércules (Spruce Goose), su sombrero Fedora y el casco de aviador de cuero que tanto gustaba a su amante, así como el escritorio de trabajo personal de Hughes que anteriormente pertenecía a su empresa, la Howard Senior de Hughes Tool Co., así como el contrato original del magnate firmado por Jean Harlow por su papel protagonista en «Ángeles del infierno». Objetos todos ellos que los herederos de quien empezara siendo su contable y acabara por convertirse en uno de los hombres fuertes de la compañía, Vernon C. Olson, han decidido vender al mejor postor.

Un anillo de compromiso para una boda imposible

«Cuando no estaba con él, no sé si me era fiel. No estábamos comprometidos. No habíamos hablado del futuro, aunque él me pidió matrimonio en varias ocasiones. Nunca dije que sí. Nunca dije que no», como cuando recuerda ella en sus cartas que deshojaban las margaritas, me quiere, no me quiere, en una retahíla que se prolongaba hasta el infinito. Él le siguió pidiendo que se casaran y siempre, decía Hepburn, lo hacía en momentos muy románticos. Jamás cuando estaban en la cama: «Una vez me dijo: ‘‘Kate, nunca te fíes de un hombre que te pide matrimonio cuando quiere acostarse contigo. Dirá lo que sea y se olvidará con la misma facilidad’’. Agradecí su consejo, pero no me hacía falta. No estaba buscando un marido, ni siquiera a Howard». Este anillo que le ragaló a la actriz sale a subasta hoy. Una pieza en la que destaca una enorme esmeralda arropada por diamantes, realizada entre 1937 y 1938, que parte con un precio de salida de entre 20.000 y 30.000 dólares (entre 17.000 y 25.000 euros por la joya).