La española que hizo el último retrato de Isabel II

La artista Miriam Escofet habla del cuadro que ha pintado con la reina de Inglaterra como protagonista

E l reto de hacer un retrato especial ronda a los pintores desde hace siglos, desde que los monarcas pedían a sus pintores de cámara que los plasmaran en la tela para presidir algún acto oficial o para ser la primera imagen con la que tratar de seducir a quien sería su pretendiente. Hace tiempo que las cosas no son así y que estas pinturas sirven también para fijar el paso del tiempo y las tendencias artísticas. Eso es lo que ocurre cuando contemplamos las últimas veces que Isabel II ha posado ante un artista. Del pincel psicológico de Lucian Freud ahora pasamos al hiperrealismo de Miriam Escofet, la española que ha realizado el último retrato de la Reina de Inglaterra.

Esta semana, la pintora pudo presentar su retrato ante Isabel II de Inglaterra, aunque la actual situación ha hecho que esa presentación fuera mediante video conferencia. Eso no evitó que la reina mostrara su entusiasmo ante el resultado final. De esta manera concluía un proceso que se había extendido por espacio de siete meses, desde que la pintora se enfrentara por primera vez al cuadro. Escofet, en declaraciones a LA RAZÓN, explicó que todo empezó como «un encargo del Foreign and Commonwealth Office. A principios del año pasado, la National Portrait Gallery me comunicó que Sir Simon McDonald, subsecretario de Estado permanente para la Oficina de Asuntos Exteriores y de la Commonwealt, fue a consultarlos y a pedirles consejo sobre qué artistas recomendarian para un retrato de la Reina. Él se acordó de haber visto el retrato de mi madre que ganó el premio BP Portrait Award en 2018. Le impresionó tanto que decidió que yo era la que debía pintar a la Reina. Poco despues, en marzo del año pasado, tuve mi primera reunión con Sir Simon para hablar del tema».

Hace ahora un año, Miriam Escofet cogió sus pinceles, su paleta, su caballete y sus pinturas para tener su primer encuentro con la que oba a ser su modelo. Así lo rememora hoy. «La primera sesión con la Reina fue en julio del año pasado en el Castillo de Windsor. Me habían permitido ver la habitación anteriormente y tenía alguna idea de qué aspectos de la misma podrían ser interesantes para incluir en el retrato. Después de esta primera sesión preparé dos bocetos para resolver la composición del cuadro, ambos una variación de la misma idea», asegura la artista desde Inglaterra.

Ese primer encuentro con la Reina fue importante para decidir las líneas de trabajo de la tela. A este respecto, la pintora explica a este que diario que tras su paso por el Castillo de Windsor «empecé el cuadro. Evolucionó mis pinturas lentamente a través de muchas capas y veladuras, prestando especial atención a los valores de luz a medida que evolucionan. Es una técnica lenta y laboriosa, pero creo que las cualidades de profundidad y de luz que se pueden lograr son incomparables a otras técnicas. También creo que el tiempo dedicado a una pintura se puede presentir, como una cuarta dimensión».

Pero el proceso de trabajo se encontró ante un problema que nadie había previsto cuando a Escofet le presentaron el proyecto. La crisis sanitaria lo cambió todo, incluso el abordar el retrato de Isabel II. A aquello que aparentemente era una adversidad, la pintora supo plantarle cara. «El cuadro tardó siete meses en pintar, con una sesión adicional en febrero. Los últimos dos meses fueron durante el confinamiento, que resultó ser la fase de trabajo más concentrada», explicó la artista.

A lo largo de sus muchos años en el trono, Isabel II ha posado para numerosos creadores. La Royal Collection Trust asegura que es la mujer más retratada del mundo, ya sea en escultura, pintura, serigrafía o fotografía. Un vistazo a algunos de los nombres que la han inmortalizado también lo es a la evolución que ha sufrido el mundo del arte desde mediados del siglo pasado hasta nuestra actualidad. Porque la Reina ha inspirado trabajos de autores como Cecil Beaton, Pietro Annigoni, Lucian Freud, Andy Warhol o Annie Leibovitz, por citar unos pocos. Miriam Escofet ha tenido en cuenta a aquellos que la precedieron, incluso a los grandes maestros que hicieron del retrato oficial todo un arte. «La historia nos ha dejado con fantásticos ejemplos de retratos reales que a menudo fueron donde el artista podia demostrar su mayor virtuosismo. En particular estaba pensando con “Los Embajadores” de Holbein. Él es uno de mis pintores preferidos, por su técnica, su sentido de composicion y especialmente por su habilidad para captar el carácter y la esencia del personaje. Aunque “Los Embajadores” no es un retrato de un monarca, su tamaño y ambición le da el mismo aire. También tenía en mente Velázquez, Van Dyck y Rembrandt», asegura Miriam Escofet.

La modelo también se lo ha puesto fácil a la pintora. Cuando se le pregunta por las sesiones en las que tuvo delante a Isabel II, Escofet reconoce que se nota el hecho de que «la Reina tiene mucha experiencia en ser retratada y se entrega completamente a lo que el artista requiere. Tiene mucha paciencia pero también te deja saber cuando quiere terminar le sesión. Me impresionó por su cualidades: su agudeza, su sencillez, su humor y su calidez. Otra cosa que me impresionó y era muy evidente es que ella no tiene ego ni vanidad con respecto a cómo va a ser representada, no interviene en el proceso, lo cual es bastante excepcional».

A raíz de la presentación del cuadro, mucho se ha especulado sobre uno de los elementos que aparecen en el retrato de Isabel II, concretamente una taza en una mesa y pintada con gran detallismo. ¿Por qué le ha querido dar ese protagonismo? «La taza de té se convirtió en un medio para poder agregar un elemento ligeramente surrealista y simbólico al cuadro. La idea se me ocurrió mientras pintaba el diseño de la alfombra, que me hizo pensar en “Los Embajadores”, probablemente porque el suelo en esa pintura cumple una función similar de “preparar el escenario” para el cuadro. Pensando con Holbein y su famosa calavera me decidí que el toque surrealista que estaba buscando sería un pequeño elemento de ilusión anamórfica en la pintura. Finalmente me decidí en la taza de té, inventando una proyección anamórfica del platillo que se refleja en el oro de la taza, de la estrella de la Orden de San Miguel y San Jorge, asociada con el Ministerio de Asuntos Exteriores. Pero en mi caso no es una ilusión anamórfica que se ve de un cierto angulo, como la calavera de Holbein, en vez es un diseño anamórfico que se revela en el mismo cuadro, al ser reflejado en la taza, un trampantojo digamos de una ilusión anamórfica», dice la artista.

Miriam Escofet no puede ocultar su satisfacción ante el resultado final. Cuando se le pregunta por lo que representó pintar a Isabel II contesta que «ha sido un gran honor. A pesar de lo que uno piense de la idea de la monarquía, ella es posiblemente la monarca más respetada del mundo. Su país la ama y también la admiran con gran afecto en el extranjero. Que te pidan pintar a un monarca es una validación de tus habilidades como artista. Pero también es algo que se debe asumir con gran temor y no siempre resulta en un éxito crítico. Puede ser una tarea arriesgada para el artista. Uno siempre debe arriesgarse si se siente capaz de realizar la tarea. Los encargos o proyectos que me han llevado a aguas desconocidas, son donde he aprendido mis mayores lecciones como artista».