Crítica de “Papicha, sueños de libertad”: Sin ataduras ★★★✩✩

Director y guión: Mounia Meddour. Intérpretes: Lyna Khoudri, Shirine Boutella, Amira Hilda Douaouda. Francia-Argelia-Bélgica-Qatar, 2019. Duración: 108 minutos. Drama.

A la feliz, necesaria hipervisibilidad que se ha dado en el cine contemporáneo a la cuestión de la desigualdad entre géneros en todos los ámbitos de lo cotidiano y lo social, “Papicha” añade la variable del integrismo religioso. En los noventa, en Argelia el fundamentalismo de la hiyab se propagaba a golpe de ametralladora. Que una mujer se vistiera a su gusto, sin rendirle cuentas al macho alfa, siempre dispuesto a acosarla, a piropearla, a ningunearla, normalizando un comportamiento abusivo casi identitario, era cosa de locos. Tal y como muestra la película de Mounia Meddour, las mujeres solo podían ser libres en la reserva de sus confesiones íntimas, en sus escapadas secretas o en el ejercicio ocasional de su sororidad, pero podían pagar muy caro el hecho de salirse del rol establecido por una sociedad misógina, incluso en los casos en que parecía que el hombre era más sensible a sus deseos (véase el novio de clase alta de la protagonista, que la proyecta como mujer florero).

Nedjima es una universitaria que diseña ropa para sus amigas, sobre todo para las salidas nocturnas de las que disfrutan, clandestinamente, cuando se escapan de un campus que parece una cárcel. Como en el caso de “Mustang”, la película funciona según una sucesión de situaciones donde se oponen las fuerzas de la libertad y las de la opresión. La vitalidad que encarna Nedjima, dispuesta a pasarse por el forro las amenazas del extremismo islámico, sufre un duro golpe con el asesinato de su hermana periodista, a la que solo hemos conocido en una secuencia. Ahí se nota uno de los más graves defectos del filme: supeditar los impactantes giros de guion a una lógica dramática que cumple un programa e ilustra una tesis. El programa trabaja por una causa justa, pero el cine debería ser otra cosa: una lucha que no anticipe ni sus victorias ni sus derrotas.

Así las cosas, la obsesión de Nedjima por restituir la memoria de las mujeres árabes que han muerto en ejercicio de su libertad pasa por organizar un desfile de moda que utilice la hiyab como materia prima de la expresión variopinta de la identidad femenina. Es una excelente idea, aunque para llegar a ella tengamos que pasar por un intento de violación, por una pelea entre amigas del alma, por una decepción tras otra que parecerán abortar un clímax que llega para quedarse en su sensacionalista dramatismo. La conclusión es que “Papicha” es demasiado esclava de su discurso, y tal vez sería mucho mejor dejando volar a su protagonista, sí, sin hiyabs, ni atados a la cintura.

Lo mejor: El arranque, hasta la llegada a la discoteca y la escena de los baños como probadores de ropa

Lo peor: Hay un momento en que se acumulan demasiadas calamidades para un solo personaje