Emma Suárez: “Es un error concebir el amor como refugio”

La actriz estrena el viernes “Una ventana al mar”, una vitalista historia de amor marcada por la enfermedad que dirige Miguel Ángel Jiménez

Mucho queda todavía en la mirada aguada, intuitiva y lábil de Emma Suárez del nervio de aquella joven salvaje que en el 93 se subía a una moto y se enamoraba “hasta las entrañas” bajo los efectos de la amnesia de un desconocido y jovencísimo Nancho Novo a las órdenes de Julio Medem, posaba insolente y poderosa para el objetivo de Alberto García Alix, ponía cara a las letras magulladas de Sabina en el videoclip de “Así estoy yo sin ti”, triunfaba en los Goya de la mano de Pilar Miró y conquistaba a base de trabajo y sobrado talento las tablas de los teatros que impulsaban nombres como Antonio Gala o Mario Gas.

Aún late en la actriz esa naturalidad indómita, esa energía misteriosa nada pretendida que la convirtió en mito erótico durante la década de los 90, esas ganas correr a cualquier parte. Pero han pasado los años y Emma Suárez prefiere sentarse. “Según vas creciendo y madurando descubres que la vida no es lo que tú te habías imaginado. Ni lo que soñaste. No es éste el mundo que creías que iba a ser. Uno va aprendiendo con los años a desenvolverse y a descubrir cosas como el amor o el dolor. En definitiva, todo lo que nos acompaña. Si uno es más feliz o menos feliz va creciendo no sabría decir, pero sé que lo que nos hace felices ahora mismo es algo tan sencillo como un abrazo”, señala Suárez.

La protagonista “Julieta” (filme de Almodóvar con el que se alzó con el Goya por segunda vez), se enfrenta en su nuevo trabajo a un papel especialmente intenso con el que no incurre, sin embargo, en el melodrama gratuito; el de una enferma terminal de cáncer. La pureza y la ingenuidad han sido sus herramientas: “La enfermedad es un espacio íntimo en el que cada individuo se encuentra solo. Es un territorio nuevo en el que tienes que aprender a desenvolverte. Una experiencia que te va a llevar a lugares desconocidos. En el caso de María la reacción que tiene es muy interesante porque ella es una mujer que ha estado escondida. Una persona discreta que no se quiere, que nunca se ha querido, que no se cuida, alguien que no se suele mirar al espejo. Me he adentrado en el personaje sin recursos. Simplemente he tratado de ser, de dejarme llevar por lo que me provocaba desde lo más blanco, lo más inocente, lo más sincero".

En “Una ventana al mar”, dirigida por Miguel Ángel Jiménez, es una mujer bilbaína de 55 años que tras enterarse de la enfermedad que padece decide aligerar el peso de una mochila cargada de responsabilidades con la que lleva conviviendo toda la vida y lanzarse a un viaje profundamente vitalista por el mar Egeo de la isla griega de Nisyros con dos amigas. Tras su llegada al idílico enclave insular ocurre algo que casi siempre termina adormeciendo la corteza cerebral, agarrotando los músculos, exterminando temores para reproducir unos completamente desconocidos, dinamitando convicciones. Se enamora, claro.

Así lo explica la propia Emma Suárez: “María, mi personaje, elimina sus prejuicios cuando conoce a Stefanos. Uno puede enamorarse en el momento menos esperado y eso es lo que le pasa a ella. Es curioso, lo primero que hacemos cuando una persona nos habla de alguien es decirle que nos enseñe una foto. Estamos demasiado acostumbrados a entretenernos con la superficie. El escaparate nos impresiona y dejamos de mirar dentro de las personas. E incluso de nosotros mismos. Nos entretenemos en el consumismo voraz de una sociedad capitalista que también convierte a los seres humanos en productos, cuando al final lo que nos hace felices es un atardecer. O un baño en el mar”, indica.

El componente generacional es algo que la intérprete encuentra determinante a la hora de gestionar los afectos: “Es un error concebir el amor como un refugio. El amor se construye no olvidándose de uno mismo. En mi generación nos han educado para tener pareja, cuidar y dar la vida por ella. Y eso es algo que genera muchos malentendidos. No puedes ocuparte del otro si no te ocupas de ti. Ante todo es importante transmitir buena energía. Armonía”. “Una ventana al mar” circula por diferentes estados en los que las oportunidades perdidas, las comienzos improvisados, la generosidad de las amistades honestas, la finitud del tiempo y la rapidez con la que pasa invaden el espacio. Y también el recorrido profesional y personal de la actriz.

“Uno no piensa -continúa Suárez-, uno sueña. Antes desconocía todas las cosas que había detrás de los deseos. Siempre me imaginé siendo alguien independiente, que trataría de hacer lo que le gustara en la vida, porque eso es algo que tiene mucho que ver con mi personalidad también, pero no sabía lo difícil o lo duro que iba a ser. Las cosas cuestan mucho y cuando pasas por etapas complicadas, la vocación suele manifestarse con más fuerza si cabe. Cuanto más difícil te lo ponen y aún así resistes, significa que estás preparada para afrontar cualquier cosa. Y sé bien de lo que hablo”.

María terminará consiguiendo algo que Emma Suárez tiene interiorizado en su presente más inmediato: mantener despierta no solo la capacidad de aguante, sino también el impulso vibrante del propio cuerpo. La actriz asegura que éste tiene memoria y que "el tiempo cambia la relación que estableces con él. Puedes hacerte más amiga, puedes querer cambiarlo o transformarlo… Cada uno hace su propio viaje. Pero en el mejor de los casos, la aceptación es un excelente punto de partida. Ya solo intentar aceptarte tal como eres con tu cuerpo supone un trabajito importante (risas)”, afirma.