Caballero y Gomá, como dos moscas cojoneras

El director y el filósofo escriben a cuatro manos «En el lugar del otro», la primera entrega de un ciclo que aspira a «ampliar más los debates», defienden

Después de ocho años al frente del Centro Dramático Nacional, Ernesto Caballero se embarca como director artístico en una nueva aventura teatral que cabe situar en las antípodas de los proyectos que venía acometiendo en la institución pública. Un trabajo muy diferente no solo por la lógica economía de medios y recursos que va a tener ahora para acometerlo en la esfera privada, sino también por la propia naturaleza artística que lo alumbra.

«Teatro urgente» es el nombre genérico de este proyecto, coordinado y producido por la actriz Karina Garantivá, que tiene como residencia el madrileño Teatro Galileo y que se materializará en un ciclo de obras apoyadas siempre, en su núcleo dramático, en la filosofía y el pensamiento crítico. Para Caballero, la idea de «urgencia» a la que alude el ciclo tiene, «en este momento pandémico», más sentido que nunca: «Creo, en primer lugar, que es urgente volver a crear y recuperar los teatros como espacios de encuentro para pensar sobre nosotros y para divertirnos pensando, en el buen sentido –afirma el director–. Pero además me parece urgente a título particular, después de mi paso por el CDN y con todo lo que he aprendido allí, volver a la trinchera y al teatro de compañía, y preparar propuestas a medio o largo plazo con unos fundamentos estéticos e ideológicos que suscriben todos los que forman parte de esa compañía».

Noemi Climent, Silvia Espigado, Pedro Miguel Martínez, Estíbaliz Racionero y Germán Torres son, de momento, los cinco actores de esa compañía y los protagonistas del primer montaje del ciclo, que se estrena mañana. Se titula «En el lugar del otro» y consta de cuatro obras breves, dos de ellas escritas por el filósofo Javier Gomá («La sucursal» y «Don Sandio»), y otras dos por el propio Caballero («Que venga Miller» y «El reverendo Dogson»), que además ejerce de director escénico.

Un prestigioso profesor enfrentado a la conferencia más importante de su carrera, una mujer con aires clasistas que va a sacar dinero de un cajero en el que vive un mendigo, una estudiante manifestándose para exigir que su universidad cancele una conferencia y una investigadora que viaja al pasado para obtener respuestas que le permitan confirmar sus tesis son los protagonistas de estas cuatro historias independientes que, no obstante, se aglutinan con dos fuertes nexos: el trabajo cohesionado de los actores y todo el equipo artístico, a modo de verdadera compañía, y el pensamiento filosófico como motor temático o argumental de toda la propuesta.

Según el director del espectáculo, ese pensamiento, puesto que trata de ser filosófico, no puede ser nunca dogmático ni maniqueo, sino que ha de servirnos para «cuestionarnos a nosotros mismos y cuestionar nuestras certezas». Y añade: «No se trata de denunciar ideas o conductas, sino de ponerse precisamente en el lugar del otro, de comprender dramáticamente los puntos de vista contrarios, aunque nunca puedan ser propios. Desde luego, se decepcionará el que venga pensando en ver un teatro para convencidos. Lo que queremos es hacer uno que amplíe más los debates. Ya el teatro de Sófocles cumplía esa función de mosca cojonera; y a eso aspiramos modestamente, a volver la mirada a esa idea fundacional del teatro de Occidente».

En cualquier caso, puntualiza Caballero que lo sustantivo, en este y en los espectáculos que vendrán luego, es el teatro, no la filosofía, e invita al espectador a que acuda a la sala con esa idea sin ningún tipo de prejuicio: «Partimos de temas generales, que pueden considerarse filosóficos, como son la dignidad o la alteridad, por ejemplo; pero, evidentemente, esa palabra filosófica se hace literaria primero, en el texto y la dramaturgia, y después pasa por el cuerpo y por la voz de los actores para hacerse plenamente sensorial; sobre el escenario no hay ideas, lo que hay son atmósferas y situaciones plenamente humanas, en las cuales, por cierto, hay también mucho humor».

Precisamente, con esa «palabra literaria» que luego ha de cobrar alma con el trabajo de los actores, el proyecto viene a defender, por encima de la dimensión más espectacular de las artes escénicas, el puro teatro de texto y actores, un tipo de lenguaje que últimamente parece marginado dentro de ese concepto tan en boga que es el de «creación contemporánea».

«Nosotros no somos subsidiarios de la literatura dramática –explica Caballero–, lo que queremos es que prime el juego teatral puro; pero no nos cabe la menor duda de que esa literatura dramática está y es importante. Nuestra propuesta se basa en tres pilares: actores, pensamiento y literatura». Y en ese mismo sentido se expresa Javier Gomá: «Para mí es urgente recuperar la literatura para el teatro; las obras dramáticas son uno de los géneros supremos de la literatura, pero el teatro contemporáneo ha postergado la literatura en beneficio del espectáculo».

Después de «En el lugar del otro», «Teatro Urgente» presentará también esta temporada, siempre que la crisis sanitaria lo permita, otros montajes con dramaturgias basadas en sendas obras de Hannah Arendt y Doris Lessing, y con textos firmados directamente, en otros casos, por Juan Mayorga o Teresa Arsuaga.

No solo dramaturgos

Según explica la coordinadora de «Teatro urgente», Karina Garantivá, este es un proyecto que «trata de facilitar el encuentro de autores de teatro, filósofos, escritores, humanistas y, en general, personas cercanas al teatro que no sean necesariamente dramaturgos, con una compañía de actores –que han sido seleccionados en audición abierta– y un director; todo con el objetivo de dar forma de obra teatral a aquello que, para cada uno de ellos, sería urgente expresar ante el público y ante la sociedad».