Crítica de “Rifkin’s Festival”: Woody Allen, pereza cinéfila ★★✩✩✩

Dirección y guión: Woody Allen. Intérpretes: Wallace Shawn, Elena Anaya, Gina Gershon, Louis Garrel. USA-España-Italia, 2020. Duración: 90 minutos. Comedia.

¿Con qué sueña Mort Rifkin (Wallace Shawn), ese típico héroe alleniano en pleno bloqueo creativo, mientras se apoya en las muletas de la hipocondria y el aburrimiento matrimonial? Sueña con las películas que admira y enseñó en clase, eso sí, reinterpretadas, en clave pseudoparódica, por un Allen que, a estas alturas, las cita como vengándose de ellas. Si las recreaciones en un apagado, triste blanco y negro digital filmado por un poco inspirado Vittorio Storaro, son homenajes presuntamente cariñosos al cine que ha forjado la educación sentimental de Allen -entre otras figuran “Al final de la escapada”, “El ángel exterminador”, “Persona” y “El séptimo sello”-, el resultado es menos convincente que algunos vídeos de TikTok.

Si, por el contrario, son una muestra más de la amargura misántropa típica de la última etapa de su filmografía, son ejemplos de una desmitificación cínica y perezosa, que nos hacen dudar de si Allen conserva la energía suficiente como para seguir adorando a sus ídolos europeos. En cualquier caso, son los únicos destellos creativos de una película que se limita a repetir los peores tics de su primera excursión española, “Vicky Cristina Barcelona” -a saber: la mirada turística sobre una ciudad lamida por el mar, aquí además erigiéndose en oportuno ‘showcase’ del Festival de Donosti; el latino apasionado que Sergi López interpreta con Penélope Cruz en mente; esa melancolía improductiva que, en este caso, impide la plausibilidad de la pareja de insatisfechos emocionales interpretada por Shawn y Elena Anaya-, sin que el hecho de pisar territorio conocido nos haga sentir más cómodos o seguros.

Por el contrario, hay una desidia en “Rifkin’s Festival” -las escenas en el consultorio médico de Anaya son de vergüenza ajena, a lo que el estilo un tanto declamatorio de Shawn no acaba de ayudar- que hace buenos a filmes tan insatisfactorios como “Granujas de medio pelo” o “Magia a la luz de la luna”.

Lo mejor: Louis Garrel entregándose con irónica indolencia a la autoparodia del típico cineasta francés, pedante y seductor

Lo peor: La ligereza no es excusa para que Allen haya facturado una de sus películas más decepcionantes