V2, el cohete nazi que pudo conquistar el espacio (pero se empleó para matar civiles)

Von Braun soñaba con que sus prototipos llegaran a Marte y la Luna, sin embargo, Hitler quedó prendado del potencial de un arma de largo alcance que atemorizaría a los ciudadanos de Londres

Las ideas de Wernher von Braun eran otras muy distintas: conquistar el espacio. Pero ya saben eso que marca el dicho popular de que “en tiempos de guerra...”. Aquí, durante la Segunda Guerra Mundial, cualquier agujero no siempre fue trinchera, pero sí que todos los esfuerzos y las tecnologías se destinaron a lo mismo, a la propia guerra. Así fue como el V2 (Vergeltungswaffe 2), nacido en la mente del ingeniero como un arma de conquista espacial, se convirtió en una de las bombas preferidas de Adolf Hitler.

“Cuando le describimos nuestros logros, su cara se iluminó de entusiasmo”, recordaba tiempo después un Von Braunn que había programado una presentación casi cinematográfica. Albert Speer (ministro de Armamento), por su parte, fue más explícito a la hora de dibujar la escena, como recordó Javier Casado en su libro “Wernher von Braun. Entre el águila y la esvástica” (Melusina): “Sin la más mínima timidez y con el profundo entusiasmo de un chiquillo, Von Braun explicó sus teorías. No cabía la menor duda: a partir de ese momento, Hitler había sido finalmente vencido”.

El proyecto contaba con el apoyo total del Führer: el A4 (Aggregat 4, su nombre técnico) sería aprobado para su fabricación en serie, asignándosele la máxima prioridad. Von Braun representaba justamente eso que el nazismo buscaba ensalzar. Era el prototipo ideal de lo que la raza aria y la doctrina nacional-socialista podían ofrecer al mundo, por lo que, “desde entonces, Wernher von Braun comenzó a utilizar el título de profesor”, escribió Casado.

Cuando el Führer aprobó el proyecto en julio de 1943, ya dejó claro el objetivo de la nueva arma: Londres. “Deberían construirse treinta mil de estos misiles, a un ritmo de unos mil al mes, y el primer ataque debería tener lugar en octubre”, recoge el libro. Sin embargo, Von Braun, que había escuchado al líder nazi sin rechistar, sabía que aquello era imposible.

Finalmente, la entrada en servicio del cohete se demoraría un año (para encontrar el primer vuelo de prueba exitoso hay que remontarse al 3 de octubre de 1942). Cuando el primer A4 fue disparado hacia París el día 8 de septiembre de 1944, ya era demasiado tarde para dar la vuelta a una guerra que ya tenía a Alemania en la lista de perdedores. Sin embargo, “el primer lanzamiento de un A4 durante la guerra había tenido lugar dos días atrás: el 6 de septiembre, una batería móvil ubicada cerca de la frontera oeste alemana había intentado lanzar dos cohetes contra París, que no consiguieron más que destruir las plataformas desde las que tenían lugar los lanzamientos”, en palabras de Casado.

Dos días después, el intento se repetía con éxito con el misil lanzado contra la capital francesa. Ese mismo día, otra unidad lanzaba dos cohetes más desde una ubicación cercana a La Haya, en Holanda, en esta ocasión dirigidos contra Londres. Pronto, el “arma de la venganza” (en su traducción literal) ya abría los titulares: “El V2 en acción contra Londres”.

¿Qué pensaría Von Braun cuando el cohete que había diseñado para salir de la Tierra terminó como arma para bombardear civiles? Javier Casado confirmó que “es difícil saberlo” en base a las propias declaraciones del ingeniero, que “en ocasiones contradictorias”. Pero tal vez así fueron sus sentimientos, encontrados. Era el único arma que los aliados no podían parar. “Un éxito”, se celebraba. Sin embargo, su colega Stühlinger sí confesó que lo que buscaban era “que nuestros cohetes volasen hasta la Luna y Marte, no que cayesen sobre nuestro propio planeta”.

De otra forma, en 1971, el mismo Von Braun no se mostraría tan inocente. En una carta privada a uno de sus críticos afirmaba lo siguiente: “Me han preguntado muchas veces cómo pude producir armas de guerra... solo puedo decir esto: cuando tu país está en guerra, cuando tus amigos mueren, cuando tu familia está en constante peligro, cuando las bombas caen a tu alrededor y pierdes tu propia casa, el concepto de guerra justa se convierte en algo muy vago y remoto, y luchas por infligir al enemigo tanto o más [sufrimiento] como el que tú y tus familiares y amigos habéis sufrido”.

Por entonces, el ingeniero hablaba desde el lado contrario. Desde EE UU. A pesar de sus colaboraciones, a la Gestapo no le hizo excesiva gracia que confirmase públicamente que le importaba muy poco el objetivo de Hitler, que lo que de verdad le movía era la conquista de las galaxias. Así, cuando a principios del 45 era un hecho que Alemania iba a perder, empezó a planificar su futuro en la posguerra.

Contactó con los Aliados y preparó su rendición ante las fuerzas estadounidenses, quienes bajo la “operación Paperclip” iban a capturar a científicos alemanes y ponerlos a su servicio. Los soviéticos estuvieron cerca de hacerse con él, pero llegaron tarde. Von Braun ya se había entregado junto a su equipo, sus diseños y sus prototipos.