El Prado salda la deuda con sus mujeres

En «Invitadas», la pinacoteca recupera 133 obras de creadoras «olvidadas» en su depósito, muchas de ellas inéditas, para revisar el pasado de las artistas españolas del siglo XIX

Reconoce el Prado, en boca de su director, Miguel Falomir, una deuda con las mujeres artistas del pasado. En concreto, con las del siglo XIX. Un déficit que, sin embargo, poco a poco se ha propuesto subsanar con tranquilidad y buenos alimentos. En este caso, buenas obras. De ellas, claro. Las de esas pintoras que evolucionaron de «ayudantas anónimas», explica Javier Solana –presidente del Patronato del museo–, a copistas, fotógrafas o miniaturistas para llegar, finalmente, a pintoras de flores y bodegones. Eran estos últimos los únicos géneros que se les permitía practicar sin levantar recelos en la España que fue del reinado de Isabel II al establecimiento de la Segunda República, a la vez que fueron las piezas que «les proporcionaron un atisbo de prestigio», apunta Solana. Aun así, más de una, de dos y de tres se levantaron contra el orden establecido de la centuria pasada para reaccionar mediante la propuesta de nuevos argumentos.

Si ya en 2016 El Prado dedicó una exposición monográfica a la pintora flamenca Clara Peeters y el año pasado se acudió a dos renacentistas italianas como Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana, en esta ocasión, la pinacoteca apuesta por la «muestra más ambiciosa, por número de obras y por la complejidad de su planteamiento», dice Falomir, en «Invitadas. Fragmentos sobre mujeres, ideología y artes plásticas en España (1833-1931)».

En palabras del director, no es solo una «necesaria vindicación del trabajo de las artistas en el siglo XIX español», sino que, a su vez, brinda una sugerente reflexión sobre el modo en el que «los poderes establecidos defendieron y propagaron el papel de la mujer en la sociedad, tarea en la que las artes visuales ejercieron un papel decisivo», explica de una exposición conformada casi en exclusiva con fondos propios y que es la primera presentación desde que El Prado abriera sus puertas el 6 de junio con «Reencuentro». «Somos herederos de una manera de mirar, y es obligación de los centros hacer una revisión de ese canon. Esta exposición llega en el momento adecuado como consecuencia lógica del trabajo del museo desde hace tiempo. Siempre se nos acusan de ser un poco machistas –apunta Falomir–, como si fuéramos los únicos, y en este país lo ha sido todo el mundo. Lo que puedo decir es que llevo tres años para intentar cambiar eso como director. El trabajo de esta exposición no lo ha hecho ningún otro museo europeo».

Para Carlos G. Navarro –comisario y técnico de conservación del museo–, «no se trata de una bienal sobre pintoras, ni de arquetipos». La pretensión es dar visibilidad a ellas y «explicar el molde patriarcal al que tuvieron que hacer frente». Si bien su llegada al terreno de las artes había sido cuidadosamente prevista, «se les esperaba como quien aguarda a una invitada a las que acoge con cierta cortesía, pero de las que se espera que se marchen educadamente a la hora acordada», cuenta el comisario.

Las mujeres recogidas en «Invitadas» se abrieron camino con pequeñas y constantes desobediencias hasta conquistar un terreno en el que nadie las tuvo en cuenta hasta bien entrado el siglo XX, pues sus obras se ligaban a su papel como musas o modelos y no a su condición de pintoras o escultoras. Así lo verbalizaba el doctor Moebius en su tratado «La inferioridad mental de la mujer» de principios del XX: «La generalidad de las pintoras carecen de imaginación creadora, y no salen de una técnica mediocre. Es muy raro que un verdadero talento rompa esta regla, y, si se presenta, tiene rasgos que demuestran su hermafroditismo intelectual».

Enmarcada en un periodo cronológico que va desde los tiempos de Rosario Weiss (1814-1843) hasta los de Elena Brockmann (1867-1946), la exposición se ordena en dos partes articuladas a su vez en distintos fragmentos temáticos. En la primera se ilustra el respaldo oficial que recibieron aquellas imágenes de la mujer que se plegaba al ideal burgués. El Estado legitimó estas obras mediante encargos, premios o adquisiciones, y fueron aceptadas como valiosas muestras de la madurez de sus autores, al tiempo que se rechazaban todas aquellas que se oponían a ese imaginario.

El contexto de dichas obras es la antesala de una segunda parte en la que se abordan aspectos centrales de las carreras de las artistas, cuyo desarrollo estuvo determinado por el pensamiento predominante en su época, que diseñó su formación, participación en la escena artística y reconocimiento público. Unas piezas que, como asegura Miguel Falomir, formarán parte de la reordenación que el museo prepara sobre la colección del siglo XIX.

Dónde: Museo del Prado (salas A y B), Madrid.
Cuándo: desde hoy hasta el 14 de marzo de 2021.
Cuánto: 15 euros (entrada general).