Estas son las tres películas españolas preseleccionadas para los Premios Oscar 2021

“El hoyo”, “La trinchera infinita” y “O que arde” son los nombres elegidos por la Academia de Cine

Claustrofóbicas, autorales, distópicas, honestas, incendiarias. Casi ninguna característica temática o estilística (más allá de que todas se estrenaron en 2019 y están disponibles en plataformas de “streaming”) comparten las películas escogidas este año por la Academia de Cine para representar a España en los Oscar y sin embargo todas ellas poseen una gran personalidad, una identidad particularmente definida. El actor Javier Rey acompañado del director Mariano Barroso y el notario Federico Garayalde, ha sido el encargado de leer este martes los tres nombres en el interior de la Academia de Cine que marcan el devenir de nuestra representación audiovisual española en la ceremonia de los Oscar: “El Hoyo”, “La Trinchera infinita” y “O que arde”. Estas son las propuestas cinematográficas por las que ha apostado la institución para representar a España dentro de la categoría de mejor película de habla no inglesa en la 93ª edición de los históricos galardones, que este año ha tenido que ver modificada su fecha de realización como consecuencia de la COVID-19 al 25 de abril.

Mientras que el pasado año fueron 36 las películas que aspiraron a los premios estadounidenses, en esta ocasión, 22 largometrajes más, es decir, un total de 58, se han postulado como posibles representantes. No será hasta el próximo 3 de noviembre cuando se revele el nombre de la película definitiva elegida por la Academia. Hasta ese momento, los directores Olivier Laxe, Galder Gaztelu-Urrutia y el tridente autoral formado por Aitor Arregi, Jon Garaño y Jose Mari Goenaga tendrán que esperar para ver quién de ellos pasa la criba y se convierte en la nueva sucesora de “Dolor y gloria”.

La cinta de Pedro Amodóvar logró colarse y su protagonista, Antonio Banderas, hizo lo propio en la categoría de Mejor actor. Finalmente, la estatuilla dorada no pisó territorio español al coincidir la propuesta más confesional del creador de “Mujeres al borde de un ataque de nervios” con el año incontestable de “Parásitos”, dirigida por Bong Joon-ho, que arrasó en las categorías más destacadas, incluida la de mejor película de habla no inglesa, escenario donde competía el director manchego. “Mientras dure la guerra”, de Alejandro Amenábar, y la película de animación dirigida por Salvador Simó, “El laberinto de las tortugas”, compartieron pódium de preselección el pasado año.

Ahora, Galder Gaztelu-Urrutia propone con “El hoyo”, un distópico futuro plagado de trampas conceptuales, críticas sociales soterradas (con un señalamiento explícito de la pobreza y el capitalismo salvaje incluido) y escenarios cambiantes y angostos que recorre el joven llamado Goreng (a quien da vida Ivan Massagué). Algo de lúgubre y asfixiante tiene también, aunque de una forma mucho más visceral y guerracivilista, la puesta en escena de la estremecedora cinta de Aitor Arregi, Jon Garaño y Jose Mari Goenaga, “La trinchera infinita”, y la reclusión impuesta del concejal de izquierdas Higinio. Esta portentosa historia de “topos”, oscuridad, silencios, represión y dignidad protagonizada por Antonio de la Torre y Belén Cuesta se alzó con dos Premios Goya en 2019 y ahora podría exportar a la alfombra roja de Hollywood el carácter invencible de la memoria histórica.

Asimismo, Oliver Laxe se convierte con esta candidatura por “O que arde”, en el autor de la primera película rodada en gallego que se preselecciona para los Oscar. Todo un hito que enlaza de manera orgánica con el exitoso recorrido que una cinta como esta, nacida del fuego, ha cosechado, cuya buena acogida comenzó en Cannes y culminó en la pasada edición de los Goya con cuatro nominaciones. La octogenaria Benedicta Sánchez, que interpreta a la madre de Amador, un pirómano gallego, se alzó con el premio a la mejor actriz revelación y se coló en los centros de todas las casas con una humilde y emotiva forma de comunicar su agradecimiento. “¡Ayúdenme!”, instó Sánchez al público cuando las palabras dejaron de ser suficientes. Veremos si esa ayuda regresa ahora en forma de empujón para la personalísima y oscura obra de Laxe.

El virus también infecta la taquilla

La salud taquillera de las tres cintas elegidas presenta algunas diferencias. Mientras que “La trinchera infinita” ha conseguido en este año aciago y enrarecido una recaudación de 1.268.525,63 euros según datos ofrecidos por Comscore, “O que arde” solo llegó a los 136.477 y “El hoyo” tuvo que conformarse con 7.317. Una cifra de recaudación en salas comprensible si atendemos a su naturaleza de película de plataforma. La comparación entre la recaudación total de la taquilla española de 2019 (94.115.228 euros) y la de este año (34.190.288) advierte del delicado estado de la industria en este momento por culpa del virus.

Críticas de las películas seleccionadas:

El hoyo”, dirigida por Galder Gaztelu-Urrutia, 2019

Crítica de “El hoyo”

”El hoyo” está protagonizada por Iván Massagué, Antonia San Juan, Zorion Eguileor y Emilio Buale, entre otros, El guión tiene una larga historia, que se remonta a hace una década, cuando la trama estaba pensada como obra de teatro. El responsable es David Desola, con la colaboración posterior de Pedro Rivero. “La película es una especie de parábola de cómo una persona puede aprovecharse de estar en un nivel superior a otra persona, sin tener en cuenta que al mes siguiente puede bajar ella al nivel 220. Por ejemplo, ante la crisis migratoria en el Mediterráneo hay por parte de algunos países una falta de empatía hacía el problema, cuando ellos han sufrido lo mismo hace cuatro días y quizá lo volverán a sufrir en el futuro”, señaló Rivero. Belén ahora sí que se sentía miserable por haber dejado tirado al bocadillo. “Pero no hemos querido dar sermones...”, repitió Gaztelu-Urrutia y Belén gritó, “¡pues hacer las cosas sin querer es cruel!”.
La película es un delirio ejemplar y abrumador, con un Iván Massagué que tuvo que adelgazar doce kilos para interpretar al pobre Goreng. También excelente está Antonia San Juan que hacía catorce años que no participaba en una película, en la también perturbadora “La caja”. “El teatro es como un marido y el cine es como un amante que va y viene”, señaló la actriz. Belén volvió al cine dispuesta a recuperar el bocadillo y comérselo pasase lo que pasase o al menos buscar a alguien hambriento que se lo comiera. Tanto daba. Sin embargo, no lo encontró, no estaba allí. “¿Ha visto un bocadillo?”, preguntó a los responsables de limpieza de la sala. “No lo sé, ¿tenía el pelo largo?”, bromeó el chico y le contó que después de cada proyección tiraba una media de 12 trozos de bocadillo y tres enteros. “¿Y los tiran?” “Hombre, no vamos por ahí comiendo sobras”. Iba a contestar algo inteligente, pero no se sintió inteligente, se sintió fatal.
Carlos Sala

“La trinchera infinita”, dirigida por Jon Garaño, Aitor Arregi, José Mari Goenaga, 2019

Crítica de “La trinchera infinita”

Los últimos tiempos de la segunda República fueron duros, durísimos. Y, de pronto, se pone en pie el mayor terror, el inicio de la Guerra Civil. Higinio (De la Torre) y Rosa (Cuesta) llevan entonces pocos meses casados. Él, de izquierdas, al que un vecino jamás le perdonó la muerte de un hermano, la quema de iglesias, teme un chivatazo, por su vida, de ahí que decida transformarse en un “topo”, en uno más de la contienda y vivir en apenas unos metros, en el fondo, bajo el suelo. Treinta años sin salir de la oscuridad; por eso (en unos significativos y soberbios momentos), cuando su mujer le habla y él responde escondido, parece que hable con un fantasma. Lo es. Mientras que las furiosas escenas de sexo de la pareja consiguen devolverle “el cuerpo”, la fisicidad. El protagonista del filme realizado por Aitor Arregi, Jon Garaño y José Mari Goenaga (“Loreak”, 2014, y “Handia”, 2017; unos cineastas con una visión poética, pero también terrorífica y oscura, de la realidad, sus filmes parecen cuentos de Andersen sin censura) representa posiblemente esa España que perdió la batalla, aunque para otros sea solo un cobarde. Y antes sonaba Miguel de Molina y hoy, Julio Iglesias. Mientras Higinio desentierra los restos de un cadáver sobre el que ha dormido lustros. Qué miedo. España no ha cambiado tanto.
Carmen L. Lobo

“O que arde”, Oliver Laxe, 2019

Crítica de “O que arde”

El cine es un árbol que resiste, pero ¿hasta cuándo? Oliver Laxe parece plantearse esa pregunta con una película telúrica, donde la materia –la madera, las hojas, la piedra– reclama su lugar en el mundo de los vivos y de los muertos. La naturaleza, pues, es testigo y parte del misterio de lo humano. Resistir es aprender a mirar sin que la moral enlute nuestro juicio, como esa madre, acostumbrada a seguir los ritmos de la tierra, que acepta el regreso del hijo como quien acepta la llegada del verano, como si no hubiera pasado el tiempo y un día los bosques no se hubieran incendiado. No se trata de hacer un retrato documental de la vida rural en Galicia, aunque madre e hijo se llamen como los no-actores que los encarnan y los rituales del campo aparezcan intermitentemente, como robados de lo real. Existe una tensión auténtica que va más allá de lo sensorial o lo descriptivo, y que afecta a la posibilidad de redención de alguien que encendió la mecha a destiempo, y que ahora tiene que someterse a la mirada de los otros, que no saben perdonarle del todo. Él, como aquel árbol, como el cine, resiste. Por eso si “Mimosas” era mística como un desierto, meándrica como una duna que cambia siempre de lugar, “Lo que arde” es toda raíz, aunque luego se haga cenizas. Incluso podría haber un romance, pero este árbol no entiende la letra de “Suzanne” de Leonard Cohen. Es un enigma que no sabe descifrar poesías. Por eso le debe de gustar el fuego, que Laxe filma, majestuoso, devorándolo todo: porque el fuego también es bello e indescifrable.
Sergi Sánchez