Cascotes de esperanza: los planos maestros del Centro Botín

El Centro Botín de Santander se rearma con base en el edificio diseñado por Renzo Piano para establecer diálogos desde la arquitectura con un grueso de obras de su colección propia

Entre los restos de ese naufragio cultural que nos hemos empeñado en llamar covid pero que tiene sus raíces en una industria siempre precarizada y olvidada desde los estamentos políticos, la exposición “Arte y arquitectura: un diálogo” que inaugura el Centro Botín se puede entender como una especie de boya a la que agarrarse. Con la mitad de las exposiciones globales pospuestas sine die y la otra mitad canceladas o modificadas desde el horror pandémico, la institución cántabra se reabre a su ciudad y lo hace valiéndose de su colección propia.

En concreto, la nueva muestra incluye una selección de obras que, en su momento, realizaron artistas asociados al Talles de Artes Plásticas de la Fundación Botín o a su beca y que ahora están asociadas al mismo, además de préstamos puntuales. De esta manera, trabajos de Leonor Antunes, Miroslaw Balka o, uno de los más recientes, Martin Creed, vuelven a llenar el espacio expositivo y a insuflar vida al edificio de Renzo Piano.

Es precisamente la construcción misma que da forma al Centro, a la vera de los muelles de Maliaño y ya integrada en la memoria cultural de la ciudad, la que articula la muestra. Así, el “diálogo” al que hace alusión el nombre de la exposición no es otro que aquel entre la carcasa y el interior de la gran cúpula, valiéndose de sus paredes, sus cristales y sus espacios, tanto en negativo como en positivo, para intentar que el visitante vuelva a sentirse en compañía del arte.

En palabras del director artístico del Centro Botín, Benjamin Weil, se trata de explorar “cómo afecta la arquitectura a las exposiciones y a los espacios expositivos”. Así se entiende la inclusión de obras como “No Window No Cry”, de Anri Sala. A través de la réplica exacta de uno de los ventanales del Centro Pompidou de París, el artista coloca una pequeña caja de música que, junto al abombamiento del propio cristal provocan una sensación de vacío en el aire sobre la bahía.

Sobre los obvios condicionantes que provoca el coronavirus en la forma de lidiar con las obras y con el público, Weil añadió que detrás de la muestra hay “un esfuerzo humano muy grande” y que se ha respondido “a un reto enorme en un plazo muy corto de tiempo” desde el personal hasta el propio Patronato.

La exposición podrá visitarse hasta el 14 de marzo de 2021 y se entiende como la antesala obligada de un año en el que sacar el barco de la cultura a flote obligará a que todos rememos en la misma dirección.