Andrés Trapiello: «No he leído un argumento que haga merecedor a Largo Caballero de una estatua»

El escritor presenta «Madrid», una biografía histórica, social, cultural y literaria de la ciudad y una reivindicación de sus calles y sus gentes

El escritor Andrés Trapiello, que dedica su nuevo libro a Madrid
El escritor Andrés Trapiello, que dedica su nuevo libro a MadridISABEL PERMUYPLANETA

Ahora que el coronavirus ha recuperado de la carbonera la madrileñofobia y la madritirria, Andrés Trapiello viene a vindicar a Madrid en un libro/homenaje, poniendo su obra y su persona a contracorriente de tantas opiniones comunes y extendidas. La Villa y Corte, con su hospitalidad y sus movidas, siempre ha sido más odiada por sus detractores que amada por sus amigos. Madrid, los madriles, más que una ciudad, una decantación de barrios, siempre ha estado algo desguarnecida y desnuda de defensores. Los tres años de asedio durante la contienda civil, los cuarenta años como parada y fonda de la dictadura o el peaje pagado por los terrorismos nacionales y transnacionales no han suavizado su imagen ni dulcificado su rostro, siempre identificado con el centralismo borbónico y los gobiernos de La Moncloa. Pero Trapiello le ha troquelado una oportuna biografía literaria para rescatarla de los tópicos, esas muletillas propias de los pensamientos perezosos, y otros recelos y odios aventados por ahí por conveniencias regionales y otras politiquerías.

El novelista, con ese pulso tan «Las armas y las letras», demuestra que lo capital de la ciudad no es lo de capital, sino la identidad que el desarraigo da a las grandes metrópolis y que empuja a su paisanaje a interesarse más por dónde toma uno el café con leche que por el lugar de nacimiento, lo que habla mucho de la personalidad que imprimen sus calles. Trapiello principia título y página con una frase con ecos, «El día que decidí venir a Madrid fue el más importante de mi vida», para recortar luego el traje histórico-social-artístico a la urbe, y reclamar lo que dijeron Giménez Caballero y Tomás Borrás, primero uno y después el otro consecutivamente: «Haber nacido en Madrid no da derecho a nada» y «En Madrid todo es de todos». Después de apuntar que aquí no hay «charnegos» ni «maquetos» como en Cataluña y el País Vasco, solo madrileños, aunque se sea de Ronda, Llanes, La Coruña, Tarragona, Lorca, el Burgo de Osma o del Valle de Bohí, entra en ese batallar, cruz y azote de la ciudad, que es la política y sus distintos minués.

Comienza afirmando que la «madrifobia es ridícula» y que «Madrid sería insoportable si continuara el monumento a caballo de Franco» para terminar entrando esa disputa permanente por los nombres del callejero y que ahora ha sacado a la pizarra los nombres de Indalecio Prieto y Largo Caballero. «Me molesta que los dos nombres se hayan metido en la misma propuesta. Se tendrían que haber presentado cada uno separado. La escultura de Largo Caballero nunca debería haber estado. He leído muchas protestas ente aquellos que critican su retirada, pero, hasta ahora, no he leído ni un argumento en el que se diga una sola virtud que le haga merecedor de una estatua. No representa los principios los valores democráticos de la mayoría de los ciudadanos. Se asegura que fue una víctima porque no pudo volver a España al terminar la Guerra Civil española, pero alguna responsabilidad política tiene sobre uno de los periodos más sangrientos de nuestra historia». Respecto a Prieto, aunque menciona los errores que cometió, sí le reconoce la virtud de «intentar una reconciliación nacional y buscar los valores democráticos a partir de 1939».

Trapiello, tras resaltar la memoria de explosiones populares de Madrid, sus amotinamientos y revueltas, admite que las gentes de esta plaza son sufridoras y pacientes, y las contrasta con la de otros emplazamientos donde «la victimización» se ha convertido en un «negocio»: «Aquí sus habitantes se quejan poco. El madrileño es un poco estoico, como viene a probar la historia, a pesar de su pasado de revueltas. El resto de los españoles deberían compadecerlos un poco, porque sufren tensiones enormes. Madrid es el centro cultural, deportivo, económico y político, pero las vida aquí no es más fácil, al contrario, es más dura, incómoda y áspera que en otros lugares. Pero aún así, su carácter hospitalario dice mucho de esta ciudad»..