80 años de la decisiva reunión entre Franco y Hitler en Hendaya

Ambos dictadores se reunieron en una localidad junto a la frontera franco-española para intentar negociar las condiciones en caso de entrada de España en la Segunda Guerra Mundial

Encuentro entre Franco y Hitler en Hendaya

¿Y si España hubiese participado en la Segunda Guerra Mundial? Un día como hoy de hace 80 años, el destino de nuestro país podría haber cambiado radicalmente. Y no por una invasión extranjera que conseguimos derrotar, ni por un afán especial por la lucha, sino por una simple entrevista que tuvo lugar en la estación ferroviaria de Hendaya, junto a la frontera franco-española.

El 23 de octubre de 1940, Francisco Franco y Adolf Hitler se reunieron en Hendaya, con el objeto de intentar resolver los desacuerdos sobre las condiciones españolas para su entrada en la guerra del lado de las potencias del Eje. A cambio, España exigió la devolución de Gibraltar, la cesión del Marruecos francés, una parte de la Argelia francesa y el envío de suministros alemanes como alimentos, petróleo o armas. No obstante, Hitler, el máximo responsable del holocausto y la devastación que supuso la Segunda Guerra Mundial, consideraba desorbitadas estas peticiones.

Pero, ¿España no se ha proclamado siempre país neutral? Tras la Guerra Civil, el dictador español decidió abandonar dicha neutralidad y dejó de esconder sus simpatías hacia el bloque compuesto por Alemania, Italia y Japón. No obstante, España mantenía su resistencia a la hora de enemistarse con Inglaterra y EE UU.

Ante esto, el Führer consideró el Mediterráneo como un lugar estratégico, por lo que el Ministerio de Exteriores y cuñado de Franco, Ramón Serrano Suñer, concertó una cita entre ambos dictadores para negociar la intervención y colaboración de España en la guerra. Tres décadas después de dicho encuentro, fue el mismo Suñer quien dio a conocer su personal relato sobre esta histórica entrevista.

Hitler y Franco, en el encuentro que mantuvieron en Hendaya (Francia) en 1940

El Cuñadísimo, como era conocido popularmente en la época, escribió aquellos hechos en el libro “Entre Hendaya y Gibraltar” (1973). Narra que HItler “dijo: ‘Yo soy el dueño de Europa y, como tengo a mi disposición 200 divisiones, no hay más que obedecer’”. Aseguró que aniquilar a Inglaterra era cuestión de poco tiempo y que le interesaba tener controlados los puntos que el enemigo pudiera utilizar a su favor. Entre ellos, Gibraltar, Marruecos y Canarias.

Hitler terminó su discurso coaccionando a Franco: “Durante la Guerra Civil española, había estado siempre espiritual y materialmente a su lado”. Pero el dictador español, con sonrisa y buenas palabras, respondió explicando que dificultades económicas, militares y políticas en España le impedían luchar junto a Alemania.

Tras una serie de presiones y de negociación, “tanto Hitter como Franco insistieron en sus puntos de vista y reiteraron sus argumentos: España, dijo Franco, sintiéndolo mucho no podía por el momento en esas condiciones intervenir, y bastante había hecho adueñándose de Tánger y evitando que lo hiciera el enemigo”, escribió Suñer. Con esto, Hitler no dio ninguna muestra de irritación.

«No entiendoa este hombre». Hitler llegó convencido a Hendaya de que Franco le iba a decir que España entraba en la guerra, pero la sorpresa fue que tras unas horas se marchó sin saber cuál era su postura y confesó que no volvería a hablar nunca más con Franco porque no había llegado a entender si quería o no entrar definitivamente en la II Guerra Mundial

Aunque el encuentro terminó de manera totalmente diferente a lo que cada protagonista esperaba, se marcharon aparentemente sin acuerdo. No obstante, años más tardes, EE UU publicó un documento en el que se relataba un protocolo secreto, donde se acordaban una serie de premisas para la intervención de España en el conflicto bélico del lado del Eje.

Según el libro de Suñer, en dicho protocolo se constituía un firme compromiso con Alemania, Italia y Japón, donde España “adquiría por primera vez el compromiso formal, aunque solo fuera en principio, de terminar con su situación de ‘no beligerancia’". Esto contradice la versión oficial que expuso la imagen de un Franco que “se mantuvo con firmeza fuera de la guerra”, aún desoyendo al temible Hitler.