¿Qué hay detrás del rayo rojo de las protestas en Polonia?

La artista Ola Jasionowska es la autora del símbolo, ya mercantilizado, de las protestas por la despenalización del aborto en Polonia

Uno de las ilustraciones creadas por la artista Ola Jasionowska / OLA JASIONOWSKA- IGOLA JASIONOWSKA

Embelesados por los focos del circo americano, hay realidades mucho más cercanas que se nos escapan por complejas y que rehúyen los titulares por su naturaleza autárquica. En Polonia, las protestas contra el actual gobierno del PiS («Ley y Justicia») han tomado todos los aspectos del día a día en el país. La polémica y soflama popular que ha generado una decisión judicial que pone un cerco más estricto al aborto no entiende de pandemias.

Miles de mujeres se han echado a las calles para hacer oír sus reivindicaciones, contrarias a las intenciones de un ejecutivo que plantea prohibir interrumpir el embarazo incluso cuando exista una malformación en el feto. Tal ha sido la inflamación, que el Gobierno de coalición liderado por Andrzej Duda ha matizado sus planes iniciales, dejando eso sí claro que la reforma se llevará a cabo y solo se permitirá abortar cuando «el feto no sea viable».

EFE/EPA/TOMS KALNINSTOMS KALNINSEFE

Convocadas en su mayoría por redes sociales y desoyendo las recomendaciones sanitarias, las manifestaciones comenzaron en la semana del 23 de octubre y se han ido extendiendo por toda la geografía del país.

«La huelga de las mujeres» se ha amparado en la defensa de la despenalización del aborto y ha encontrado su símbolo en un rayo rojo vectorial, diseñado por la artista Ola Jasionowska. Concebido como una especie de «subversión del emblema de las juventudes hitlerianas», según su creadora, el logo ya es inseparable de las reivindicaciones feministas en Polonia. De hecho, Instagram está poblado de jóvenes que hacen uso del rayo, dentro y fuera de Polonia.

Ello ha tenido dos consecuencias directas: primero, que Jasionowska haya tenido que poner su cuenta en modo privado para no recibir más amenazas de muerte y, segundo, la inevitable mercantilización de un gesto, en principio espontáneo, y que ya tiene mascarillas y camisetas sin licenciar a la venta por lo que sería el equivalente a veinte euros.