Crítica de “Adam”: Una utopía femenina ★★★✩✩

Lubna Azabal interpreta a Abla en "Adam"ImdbImdb

Dirección y guión: Maryam Touzani. Intérpretes: Lubna Azabal, Nisrin Erradi, Douau Belkhaouda, Aziz Attaba. Marruecos-Francia-Bélgica, 2019, Duración: 98 minutos. Drama.

“Adam” obedece las leyes del cine de sororidad femenina con una resignación encomiable. Con el reloj en la mano, podemos localizar los puntos de giro de un guion que parece diseñado para satisfacer las exigencias de Robert McKee. Y, sin embargo, a pesar de su previsible desarrollo, sus personajes nos ganan. En la familia disfuncional que, temporalmente, forman una viuda amargada, la hija de esta y una joven embarazada y sin hogar a la que acogen en su seno, hay una calidez que nunca está subrayada por los diálogos sino por los gestos, ya sean de afecto o de hostilidad. Durante el primer acto de “Adam” sorprende que la unión, al principio forzada e incómoda, entre esas dos mujeres adultas, engrasada por la alegría de la niñez y la dulzura de los panes y las pastas que amasan entre las dos, se produce prácticamente sin intercambios verbales.

Sabemos que sus fricciones acabarán convirtiéndose en cariño mutuo, y que las dos, marcadas por un trauma que las ha aislado del mundo, serán el bálsamo que la otra necesita para redimirse, pero el afecto de sus vínculos va, afortunadamente, más allá del tópico. Si la ópera prima de Maryam Touzani se define como la primera película marroquí dirigida por una mujer que ha sido presentada a los Oscar, es porque abunda en su excepción cultural para reivindicar los gritos de supervivencia femeninos en un país ferozmente patriarcal, pero lo más llamativo del filme es que los hombres, aquí, no tienen ni voz ni voto: “Adam” prescinde de la práctica totalidad de los personajes masculinos -a excepción de un bonachón pretendiente- para construir una utopía femenina tan costumbrista como benéfica.

Lo mejor:

La primera parte del filme, tan apoyada en miradas y gestos, y un final abierto

Lo peor:

A veces está demasiado escrita, todo suena en exceso controlado