José Ángel Mañas recomienda «El camino»: «Es una historia sana de una juventud enferma»

Se declara admirador y heredero del realismo de Miguel Delibes, de ahí que elija esta obra por «su capacidad de recrear la infancia»

Delibes, uno de los más grandes escritores españoles SGAE.

Es difícil no enamorarse de Miguel Delibes. En el ensayo «La literatura explicada a los asnos», Mañas secunda esta idea con unas palabras que rezuman una elegante admiración. Para el autor del exitazo «Historias del Kronen» (1994) y que ahora publica «El hispano» (Arzalia), es «un genio tan discreto que a menudo pasa desapercibido». Y subraya a LA RAZÓN el encanto del novelista como «persona íntegra, absolutamente independiente y moralmente recto». «Para escribir memorias hay que sentirse importante y yo no lo soy», cita Mañas a Delibes, y recomienda sin dudarlo «El camino».

–¿Por qué esa obra?

–Porque recrea maravillosamente bien el mundo de la infancia. De Delibes me gusta todo: su estética, su ética y su persona. Me encanta esa capacidad de generar personajes, de oír voces y esa inteligencia múltiple al presentarlos. Lo leí en el colegio por mi profesor de Literatura. Se lo he agradecido siempre.

–¿Qué le descubrió?

–La educación sentimental, las sensaciones de la infancia. Hay un momento en que Daniel el Mochuelo y sus amigos miran al cielo y se preguntan qué hay más allá. Presenta a adolescentes que se plantean esas cuestiones, y siempre lo he usado como referencia en mis obras. También me gusta el realismo de posguerra, un momento brillante en el que aparecen Delibes, Aldecoa, Sánchez Ferlosio...

–Delibes escribió sobre España, ¿por qué es importante barrer para casa?

–Cuando escribes de lo que entiendes y conoces de verdad, puedes recrear con mucha calidad una ficción. Se hizo durante la posguerra y se perdió en los 80, cuando se inclinó todo hacia un cierto cosmopolitismo. Para mí, si se escribe de Nueva York, que lo haga un neoyorkino. Como decía Chéjov: «Si quieres ser universal, háblame de tu pueblo».

–¿Hasta qué punto es, pues, Delibes una referencia en su trayectoria?

–Siempre me he sentido heredero de su realismo, y del de Baroja o Galdós. «El camino» es el que prefiero porque es el más accesible, tiene ese don de recrear la infancia haciendo que sientas que son niños de verdad. Mezclando astucia e ingenuidad. Me gusta también su estilo, cómo trabaja con la lengua viva. No importa los leísmos o laísmos, reproduce el habla de la gente.

–¿A quién le regalaría «El camino»?

–Se desarrolla en el valle norte de Castilla, que ya se mete en Cantabria. Yo lo pondría allí como lectura inexcusable. Delibes debería ser, junto a José María de Pereda, un autor obligado. No soy partidario de que en los institutos se lea literatura contemporánea.

–¿La educación es reacia a los clásicos?

–Si no se conocen en el colegio, no se leerán nunca. Hay que barajar libros con calidad, que tengan calado, que te hablen de tu realidad. Todos trabajamos dentro de una comunidad y debes oír voces que te narren tu punto de partida. Y Delibes lo hace, es un gran castellano.

–Primero habría que incentivar la lectura en general...

–A diferencia de «El Quijote», que es duro, el estilo de «El camino» es muy sencillo. Debería tener más lugar en los textos escolares, porque es una recreación sana de una juventud enferma. Una historia saludable que confronta cuestiones como el descubrimiento del sexo o la muerte. Desarrolla la educación sentimental y humana con anécdotas muy precisas.