Y la ballena se tragó a una mujer sin rumbo

Marta Pazos, de la compañía Voadora, sube al escenario del Valle-Inclán «Siglo mío, bestia mía», el texto con el que Lola Blasco se hizo con el Nacional de Literatura Dramática en 2016 y que ahora protagoniza Bruna Cusí

Antes de meterse de verdad a leer “Siglo mío, bestia mía”, una obra de Lola Blasco que la propia dramaturga le había enviado, no tenía nada claro Marta Pazos que fuera siquiera “capaz de montarla”. Poco importaba que Blasco hubiera ganado con este texto el Premio Nacional de Literatura Dramática en 2016. Una cosa es que la obra le pudiera gustar como lectora, o como espectadora, y otra muy distinta es que le interesase subirla personalmente a las tablas. Y, ciertamente, en principio, no parece que haya mucha relación entre el universo creativo de Pazos, muy enfocado con su compañía Voadora a las posibilidades plásticas y sensoriales del arte escénico, y el de una autora de teatro de texto puro y duro como es Blasco.

“Es verdad que uno puede pensar que no me pega nada este tipo de teatro”, reconoce entre risas la directora. Pero las cosas… no siempre son lo que parecen. “Para que yo monte un texto –nos explica–, me tienen que venir muy claras las imágenes a la cabeza cuando lo estoy leyendo; noto algo físico que me dice que lo tengo que montar. Y con el texto de Lola eso me ocurrió enseguida. Veía claramente el agua en el escenario, y el aislamiento de los personajes en una barca. Y veía, además, algo como muy operístico y muy épico en toda la obra, algo que me invitaba a hacer, sin tocar el texto, una dramaturgia visual de la historia que ella cuenta”. Y esa historia es básicamente la de una mujer que atraviesa el mar atravesada, a su vez, por el desamor.

En palabras de la directora, “Siglo mío, bestia mía” “habla del camino hacia la luz de una mujer que viene de una ruptura atroz; un camino en el que se suceden situaciones agitadas y otras más calmadas, como los estados del mar en el que se encuentra; y un camino en el que la heroína deberá adquirir las herramientas adecuadas para llegar a puerto”.

El carácter simbólico de toda la obra parece, pues, evidente. “Además es muy poética –añade Pazos–; ese espíritu alegórico y poético estaba ya en el texto, yo me he limitado a recogerlo; es otra de las razones por las que me interesó el texto, porque me ha permitido hacer la puesta en escena en lo que podríamos llamar un ‘no lugar’; yo concreto el espacio en el interior de un ballenero, pero en realidad, como digo, es todo muy alegórico”.

Para su autora, la obra ha adquirido una nueva dimensión en este momento, con el grave problema de la pandemia poniendo al descubierto las fisuras de la sociedad contemporánea. “Es más actual ahora que cuando la escribí –asegura Blasco–, porque habla de la crisis y del duelo; del duelo individual y colectivo. Es un texto duro que va a remover conciencias y corazones; pero apela a la esperanza, al amor y a la solidaridad”. Y no puede sino sorprender la ambición conceptual de la dramaturga cuando lo escribió, a tenor de sus propias explicaciones acerca de las cuestiones que quiso abordar: “El desconsuelo, el amor, la muerte, la xenofobia y los fascismos”.

Blasco, que toma como referente literario para su historia la persecución que sufre Moby Dick por parte del capitán Ahab, asegura que su protagonista, igual que en la novela de Melville, ha de enfrentarse sobre todo “consigo misma, con sus propios miedos”. Lo que pasa es que, a partir de ahí, apunta Pazos, “Lola es capaz de conectar muy bien la historia personal y biográfica del personaje con conflictos como el de Siria, por ejemplo, y con personajes importantes de nuestra historia reciente, como Sadam Husein”. Y advierte la directora que, en la obra, tan importante como ese enfrentamiento del personaje consigo mismo es la forma de acometerlo: “Creo que la gran clave del espectáculo está precisamente en todo el proceso de transformación de la protagonista para hacer frente a sus miedos, y eso, como todo el mundo sabe, porque seguro que lo ha experimentado, está muy presente en las historias de desamor: nadie puede sanar sin una transformación, para no volver a caer en los mismos errores y en los mismos dolores; y es en ese viaje donde radica lo verdaderamente esencial de la función”.

Bruna Cusí, Miquel Insua, Jose Díaz, César Louzan y Hugo Torres son los integrantes de un elenco al que, además, se suma la propia Lola Blasco, convocada en el escenario por la directora del espectáculo, que se ha permitido, con esta licencia, colocar bien visible el sello de Voadora, cuyos trabajos se caracterizan, entre otras cosas, por ese afán de integrar la propia realidad en la ficción. “Ella se sorprendió mucho cuando se lo propuse”, dice Pazos riendo. Y aclara, ya más seria, que nada ha resultado a la postre descabellado en esta unión de fuerzas con la dramaturga: “Es verdad que podemos parecer dos creadoras diferentes que, a priori, quizá no se encontrarían; pero hemos descubierto que hay muchas más conexiones entre nosotras que cosas que nos separan”.