Agapito García Atadell, el chequista más sanguinario del invierno del 36

Fue el responsable de la checa que ocupó el palacio de los condes de Rincón, en la calle Martínez de la Rosa o calle de la “S”

Uno de los nombres propios de la represión y el terror en Madrid durante los primeros meses de la Guerra Civil es el de Agapito García Atadell. Fue el responsable de la checa que ocupó el palacio de los condes de Rincón, en la calle Martínez de la Rosa o calle de la “S”: la checa socialista de las Milicias Populares de Investigación, con más de 50 asesinatos en su haber, a los que habría que sumar los de muchos detenidos en ella que fueron ejecutados en otro lugar.

Además de como sanguinario ha pasado a la historia como ladrón: los robos perpetrados por su checa le permitieron acumular un verdadero tesoro. Rosario Queipo de Llano, que padeció en sus propias carnes el paso por su checa, lo describe como “un hombre de unos 36 a 40 años, fofo y grasiento. Llevaba grandes gafas de imitación de concha. Su aspecto y su calmosa manera de hablar, no hacían sospechar los malvados instintos que se ocultaban bajo la capa hipócrita de aquel hombre perverso”.

La represión y las checas

Hablar de Agapito García Atadell implica referirse a las checas, centros facultados para realizar detenciones, requisas y asesinatos durante la Guerra Civil española en ciudades como Madrid, Barcelona y Valencia. En Madrid, su actividad comienza en julio de 1936 y, en muchos casos, se prolonga hasta noviembre de ese mismo año, continuando algunas su actividad bajo otras formas. En esos meses, más de 1.000 chequistas sembraron el terror y asesinaron a cerca de 3.000 personas. Como reconoce Ángel David Martín Rubio, uno de los mayores especialistas en este tema, nunca será posible saber el número exacto de víctimas de las checas, ya que muchos de los detenidos eran sacados de sus domicilios y asesinados sin que los familiares pudieran saber qué organización era responsable del crimen.

Esta incertidumbre llega hasta nuestros días, pues todavía hoy son muchos los familiares que intentan averiguar qué fue de sus seres queridos y dónde están enterrados. En aras de la recuperación de la memoria histórica y el reconocimiento de las víctimas de la Guerra Civil, la web checasdemadrid.HYPERLINK “https://iehistoricos.ceu.es/investigacion/proyectos/checas-de-madrid/”es ofrece una visión de las checas novedosa e inédita en muchos aspectos. Es el caso de su mapa con las 345 checas catalogadas, las cárceles oficiales y otros lugares de detención, una representación del alcance de represión del Frente Popular.

Semblanza de Agapito García Atadell

Agapito nace en Vivero en 1902. Siendo miembro de una orquesta que actúa en aldeas próximas conoce a Piedad Domínguez Díaz. Su familia, en un intento de poner fin a la relación entre ambos, envía a Piedad a Granada, Villanueva del Duque y Villanueva de Córdoba, a sendos centros de las religiosas de Cristo Rey. Y parece que no le faltaban motivos a la familia: entre el 17 de enero de 1922 y el 11 de septiembre de 1927 es detenido ocho veces e ingresa en prisión en varias ocasiones. En cuanto a Piedad, aunque no llega a profesar como religiosa su familia se refiere a ella como “la monja”.

Pero, lejos de olvidarse de Piedad, Agapito la “rescata”, se casa con ella por lo civil en Jove el 11 de junio de 1934, se encarga de que le sea restituida la dote de cerca de 80.000 pesetas que le correspondía por la muerte de su madre y se instala con ella en el número 25 de la madrileña calle Bravo Murillo, muy cerca de la Gráfica Socialista. Era una dirección muy conveniente para Agapito teniendo en cuenta que era socialista y tipógrafo: tras trabajar en el Heraldo de Vivero lo hace en la agencia Rostan y en los talleres de El Sol, La Voz y ABC, de donde es despedido por subversivo y agitador, escribiendo también en El Proletario y La Antorcha.

Agustín de Foxa se refiere a Agapito como “hombre extremadamente inteligente, sádico y refinado... un perfecto Marxista”. Pero ni en cuestiones políticas ni religiosas parece que Agapito y Piedad coincidan: Agapito pasa del socialismo al comunismo y de nuevo al socialismo y Piedad vota a Gil Robles (CEDA o Confederación Española de Derechas Autónomas). Por otro lado, Piedad se mantiene fiel a sus principios religiosos, asistiendo a misa diaria, en ocasiones acompañada por su marido hasta la puerta de la iglesia.

Tal y como consta en el Consejo de guerra, Agapito era “alto, de buena complexión” y tenía “buenas amistades”, como la de Indalecio Prieto. Piedad se enorgullecería de él por sus dotes dialécticas y los reconocimientos que publica la prensa: para El Heraldo de Madrid era “uno de los más esforzados defensores de la República” y, en concreto, su edición del 20 de agosto de 1936 dice que su brigada “ha adquirido gran fama por sus magníficos hallazgos de tesoros escondidos por el clero y la gente de derechas”.

Agapito se escribe con el ministro de Trabajo Juan Lluhí y se reúne con Javier Elola y Díaz Varela, magistrado de la audiencia territorial, así como con los embajadores de Rumania, Países Bajos e Inglaterra, y con el encargado de la Embajada de Francia. Sin embargo, pocos meses después cambian las tornas y lo que se escribe sobre él es muy distinto: “una de las vergüenzas de la República” (Luis Buñuel), “negro sujeto, sin entrañas ni corazón, que llenó de pavura todo el suelo madrileño”, “alimaña comunista”, “cobarde y desnaturalizado troglodita rojo” (Diario de Avisos). ¿Qué había cambiado?

Cuando Agapito sueña con hacer las Américas

A pesar de todo el poder y de los beneficios que le reporta a Agapito su actividad de chequista, en noviembre de 1936 huye de España con Piedad y sus colaboradores más directos, llevándose todo el dinero y las joyas que pudo. ¿Las razones de esta decisión? Largo Caballero quiere terminar con las actividades incontroladas como la suya; Toledo ha caído y las tropas nacionales se aproximan a Madrid; se repiten sus enfrentamientos con los comunistas, que quieren participar de sus robos y le acusan de salvar en embajadas a gente de la derecha. En el plan de huida, que se empieza a gestar a finales de septiembre, no falta la publicación de una noticia que anuncia su muerte cuando, teóricamente, debían estar lejos de España: la cuartada perfecta para dar carpetazo a su pasado y empezar una nueva vida.

Con documentación falsa, Agapito y Piedad embarcan el 12 de noviembre en Santa Pola en el crucero argentino 25 de Mayo rumbo a Marsella. Desde aquí viajan en tren a Saint Nazaire, en la costa atlántica, donde embarcan el 19 de noviembre en el Mexique. Tras hacer escala en Vigo y La Coruña, el día 24 atracan en Santa Cruz de La Palma, donde Agapito es detenido. Piedad sigue viaje hasta La Habana.

El 19 de diciembre Agapito es trasladado a la prisión de Sevilla. El 30 de junio de 1937 da consentimiento y poder de representación para contraer matrimonio religioso con Piedad, una “deuda pendiente” que tiene con ella. El 4 de julio, conocida su sentencia a muerte por rebelión militar, le escribe a Piedad, que para entonces reside en Francia: “Ya sabes, pues, mis intenciones. Si algo ocurriese te dejo la más completa libertad para que adoptes el estado que más convenga a tus inclinaciones y sentimientos”. Y Piedad opta por el matrimonio religioso in articulo mortis.

Del mismo día es su rectificación pública por sus ataques a la Santa Madre Iglesia y a su ministerio. Una de sus últimas cartas se la dirige a Indalecio Prieto, diciéndole “Ya no soy socialista. Muero siendo católico”. El 15 de julio es ejecutado Agapito. Piedad vive exiliada 19 años, trabajando de cocinera y ama de llaves. Regresa a España en 1956 y muere en Burela en 2001.