Werner Herzog (abajo a la derecha), a su llegada a París, para ayudar a Lotte Eisner (centro)Llanero Films

“Dear Werner”: la sombra de Herzog es alargada

El director Pablo Maqueda recrea el viaje a pie entre Munich y París que Werner Herzog realizó en 1974 para intentar ayudar a la crítica y víctima del nazismo Lotte Eisner

Capricho histórico o no, el cine ha compartido todas las vicisitudes por las que quienes le dan forma a martillazos de sinceridad han pasado. Así ocurrió con la pandemia de la mal llamada «gripe española», las dos guerras mundiales o, ahora, el «esto» que ocupa sin misericordia todas las conversaciones de la industria. A finales de 1974, el «esto» del director alemán Werner Herzog era una preocupación capital por la salud de su buena amiga Lotte Eisner, crítica y teórica fundacional en la historiografía del séptimo arte en clave germana.

Eisner, que se había convertido durante la década de los sesenta en mentora de ilustres como Herzog o Wim Wenders, se vio atrapada en el París que la había acogido cuando huyó del nazismo y necesitaba la intervención de una mano amiga para poder superar la larga enfermedad que la tenía convaleciente. Apenas se enteró de la noticia, Herzog trazó un recorrido maratoniano: su idea era recorrer la distancia que separa Múnich y la capital francesa a pie, para dar con una solución rápida al problema.

Aquel camino, tumultuoso y lúgubre, quedó reflejado en el libro «Del caminar sobre hielo» (Gallo Nero), una especie de bitácora a medio camino entre lo onírico y lo «supervivencialista» sobre todo lo que pudo encontrar mientras intentaba encontrarse. Medio siglo después, el cineasta Pablo Maqueda recoge el testigo en su «Dear Werner» («querido Werner»), que se estrena este viernes y que se terminó de rodar cuando el virus ya tocaba a la puerta del viejo continente del que es escenario el filme.

El director de "Dear Werner", Pablo Maqueda, en una de las postales de la películaLlanero Films

Un testamento fílmico

«La película surge desde lo emocional. Me encontraba en un momento duro de mi vida y me dije que nadie me tenía que dar permiso para para hacer cine, que el valor de producción de esta película solo vendría determinado por mi verdad y mi admiración por Herzog», explica un Maqueda que ha recorrido, cámara en mano, los 850 kilómetros que trazó con su andar el director alemán para así rodar un documental sobre la soledad del cineasta de fondo y una pieza de orfebrería, un testamento de resistencia fílmica. Y sigue: «Herzog habla de ese cineasta caminando solo bajo el frío, entre la niebla. Y me parece una metáfora muy bonita para para poder reflexionar sobre el oficio del cine, sus días buenos y sus días malos. Y eso es exactamente lo que quería, desmitificar la figura del cineasta. Ser cineasta es un oficio como otro cualquiera y no hay que idealizar el camino, sino ver a alguien solo, que quiere sacar adelante una historia y solo tiene sus propias ideas para para llevarla a cabo».

Rodada en primera persona, con dos cámaras semi-profesionales y fragmentos superpuestos del libro de Herzog que narran entre él y el director de «Fitzcarraldo», Maqueda confiesa que la pandemia impidió un encuentro con el director en Londres para que cerrara el epílogo de «Dear Werner». La pulsión «herzogiana,» eso sí, va más allá de lo presencial: «Él es quien me enseñó lo que es el cine más allá de la puesta en escena. Ficción o no, en todas sus localizaciones y tramas se percibe lo no filmado, ese espíritu aventurero de conquista», explica emocionado el realizador.

Después de ver cómo la financiación de un proyecto que en ese entonces parecía difuminarse pero que ahora, paradójicamente, parece que verá la luz próximamente, Maqueda levanta la película a pulso gracias a un esfuerzo físico titánico: «Casi un año antes de lanzarme al camino decidí ir andando a todos lados, jubilé mi tarjeta de transportes y me puse por delante el reto de caminar, como mínimo, 25 kilómetros al día. Como si fuera una rutina: ir caminando al trabajo, cualquier tipo de gestión, forzarme en las tardes o noches a salir a caminar… y de hecho sigo haciéndolo. En el camino yo quería llevar ese esfuerzo al límite, como en una especie de método de Stanislavski. Como si fuera un actor preparando un papel», detalla antes de continuar: «Por ejemplo, en las últimas etapas del camino, cuando Herzog ya está desesperado por llegar a Paris a encontrarse con Lotte (Eisner), llega a caminar 70 kilómetros en un solo día. Quise llevar el cuerpo hasta ese extremo, con sus 16 horas andando. Era una locura provocada por la creación».

"Dear Werner", de Pablo Maqueda, se estrena en cines el 20 de noviembreLlanero Films

El cine de guerrilla

Como si se tratara de una metáfora de su esfuerzo físico, la película se estrenará este viernes en salas, donde se proyectó desde un principio: «Es la mejor manera de entender la experiencia cinematográfica», explica un director que habla desde la trinchera de los que no cuentan con la fuerza económica de un gran estudio para hacer sus películas.

Sobre la situación en la que nos dejará el virus, Maqueda es meridiano: «En en el panorama post-covid, a no ser que haya un cambio de paradigma desde las instituciones que tienen que velar por la cultura en España, vamos muy mal. Estamos abocados a una polarización de las películas y de los productos cinematográficos, como si se tratara de dos elementos distintos», explica antes de matizar: «El cine independiente y el mainstream cada vez están más lejos y los que pagan el pato son las películas de clase media. Ahora lo hacen incluso las independientes, que ya tampoco pueden desarrollar un presupuesto medianamente rentable. Imagínate ahora, con los cines cerrados, con la distribución destrozada. Es una situación que nos tiene que tener muy expectantes, para ver cómo reaccionan todos los agentes involucrados, porque en un futuro que cada día es más presente los cines se verán obligados a programar películas cada vez más comerciales para atraer al público. En ese sentido, el cine independiente puede que se vea relegado a un estreno online, en video bajo demanda, pero eso a nivel económico no es sostenible. Quiero ser positivo y quiero pensar que las transiciones son buenas. Tarde o temprano encontraremos la vía y la fórmula adecuada para que todos los involucrados podamos seguir haciendo cine», remata.