El tesoro nazi de 250 millones de dólares que reclaman unos descendientes de judíos

El llamado Tesoro de Guelph fue vendido en 1935 a la Alemania nazi en una operación controvertida en la que podría haber tomado parte Hermann Göring, fundador de la Gestapo

El relicario medieval en forma de domo, parte del tesoro de Guelph que se expone en el Museo de Artes Decorativas de Berlín y cuya propiedad han reclamado descendientes de judíos que lo compraron en 1929 y lo revendieron en 1935, según alegan, forzosamente, a los nazis.
El relicario medieval en forma de domo, parte del tesoro de Guelph que se expone en el Museo de Artes Decorativas de Berlín y cuya propiedad han reclamado descendientes de judíos que lo compraron en 1929 y lo revendieron en 1935, según alegan, forzosamente, a los nazis.Markus SchreiberAP

Cuatro comerciantes judíos adquirieron en 1929 el llamado Tesoro de Guelph por 7,5 millones de marcos. Se trataba de un conjunto de piezas de orfebrería, hasta 42 objetos, que aunaban carácter religioso e histórico y que incluían elementos que iban desde una cruz con incrustaciones de cristales de roca hasta fragmentos de huesos, supuestamente de santos, traídos de las cruzadas y convertidos en joyas en algún momento entre los siglos XI y XV. Aquel conjunto de piezas fue vendido seis años después al estado de Prusia, en realidad, la Alemania Nazi, por 4,25 millones de marcos, y desde entonces el Tesoro ha permanecido en Alemania. Desde 1963, se exhibe en el Museo de Artes Decorativas de Berlín. Según una demanda de los descendientes de aquellos comerciantes que dirime actualmente la justicia estadounidense, la venta del conjunto de piezas fue forzada y en ella intervino el propio Hermann Göring, fundador de la Gestapo, la policía secreta nazi, que podría haber entregado el Tesoro de Guelph a su líder Adolf Hitler, como un regalo.

Los actuales propietarios del conjunto, la Fundación del Patrimonio Cultural Prusiano, niega la intervención de los nazis en la venta y señala que se produjo después de que los comerciantes originales tratasen de hallar un comprador en Estados Unidos y que la autoridad alemana pagó un precio justo por ella. Si fue más bajo que el original se debió a la crisis bursátil (la de 1929) que estalló entre la primera y la segunda compraventa. En aquellos tiempos se produjo una campaña sistematizada para despojar a los judíos de sus bienes y de obras de arte. Muchos de esos objetos fueron devueltos tras el final de la Guerra Mundial y tras unos acuerdos internacionales. Se calcula que desde 1998 se devolvieron más de 2.000 libros y 5.800 obras de arte robadas. Sin embargo, la institución alemana defiende que ese no es el caso del Tesoro de Guelph.

En la batalla legal que presentaron hace ya 12 años y que supone un caso de enorme relevancia, piden la devolución de los objetos desde un tribunal estadounidense, algo que el sistema jurídico americano no permite, salvo que se trate de una excepción de expropiación por violación del derecho internacional. Los demandantes se acogen a que sucedió en el Holocausto, reconocido como tal violación en EE UU. La Corte Suprema debe decidir primero si admite la demanda antes de meterse en el fondo del asunto de la propiedad del tesoro. El caso tiene implicaciones jurídicas porque podría abrir la puerta a otras demandas de extranjeros en tribunales estadounidenses ante presuntas violaciones de los derechos humanos en sus países. El gobierno alemán ha pedido que se desestime la demanda. Por cierto, el valor del Tesoro de Guelph se calcula hoy en 250 millones de dólares.