La atracción por los venenos de Agatha Christie

La autora más vendida de la historia al fin disfruta de un libro biográfico definitivo, obra de un autor que también diera otro gran recorrido por la vida de Arthur Conan Doyle

Agatha Christie desarrolló un interés especial por la lectura y fue una lectora voraz desde una edad muy tempranaFoto: ArchivoArchivo

El destino de Agatha Christie, quizá como en ningún otro caso de escritor de los últimos cien años, es de gozar de una perpetua actualidad, incluso por textos que aún no teníamos disponibles en español, como la “Autobiografía” que hace pocos meses publicó la editorial Espasa y que viera la luz en 1977, al año después de desaparecer la autora inglesa. Esta actualidad se materializó en el 2014 gracias a “El gran tour. Alrededor del mundo con la reina del misterio” (Confluencias), en que reseñó un viaje que emprendió durante diez meses alrededor del mundo. Una experiencia que conocimos en esas maravillosas memorias, su libro más extenso de entre la infinidad que escribió, que empezó a preparar en 1950 y acabó quince años más tarde.

Ese amor por viajar la llevaría a visitar Oriente Medio, el norte de África, Sri Lanka, América y las Indias Occidentales, entre otros destinos. A todo ello aludía Agatha Mary Clarissa Miller en un libro en que al comienzo se preguntaba: “¿De qué depende la elección de los recuerdos? (…) Se evocan momentos concretos y, en medio, largos espacios de meses e incluso años. ¿Dónde estábamos entonces?”. Y así iba analizando lo que fue de ella de pequeña, una etapa sobre la que daba toda clase de detalles interesantes sobre su familia, su casa, su educación.

Agatha Christie, en una imagen de la época

Conocíamos así su infancia feliz, con el matrimonio ejemplar de sus padres, las personas del servicio, que le suscitaban fascinación, sus hermanos y amigas o el amor por las mascotas; hasta recordaba lo primero que escribió, “una especie de melodrama muy corto” que representó junto a su hermana. A esta etapa infantil le daba una importancia capital, pues el ángulo visual de un niño “es totalmente distinto del que emplea un adulto”. Y entonces, el primer dolor, la muerte del padre, cuando ella tenía once años, lo cual instaló a la futura escritora fuera “del mundo de la infancia, un mundo de seguridad y despreocupación, para cruzar el umbral de la realidad”. Y también, las primeras lecturas significativas, y una estancia en París para estudiar canto durante unos meses que “fueron de los mejores de mi vida”.

Una mujer emprendedora

Una vida extraordinaria, que incluyó un temprano viaje a El Cairo, que “era como un sueño”, a los diecisiete años, en una época en que se estilaba “el arte de coquetear”. Un punto de inflexión para ella, de natural tímida, que la abrió a la socialización y a disfrutar de diferentes diversiones. Hasta llegó a volar en aeroplano en 1911, cuando aún los aviones “suscitaban desconfianza”. Qué mujer aguerrida y emprendedora, que no vio límites en nada. Incluso en esta autobiografía veíamos cómo escribió su primer cuento, aprovechando que estaba convaleciente en cama, con gripe, y cómo se decidió pronto a escribir su primera novela, ambientada en la ciudad egipcia. El resto es historia, la de una de las autoras más prolíficas de todos los tiempos, la de quien no perdió ni un minuto y sacó todo el jugo a la existencia.

Y de tal cosa alrededor de la prolífica autora lo sabe todo Eduardo Caamaño (Río de Janeiro, 1972), economista y autor de las biografías de Manfred von Richthofen (El Barón Rojo), Houdini y Arthur Conan Doyle, esta reciente y realmente extraordinaria por su tamaño, rigor y profundidad. Y lo mismo ha hecho ahora con su “Agatha Christie” (Almuzara), que es la certificación de lo que ya aparece en el subtítulo: “La biografía definitiva de la Reina del Crimen”. En ella nos cuenta de forma amena y vívida, además con un gran número de fotografías, lo que fue la trayectoria de esta artista que vivió entre los años 1890 y 1976, recibió la típica educación victoriana impartida por institutrices en el hogar, contrajo matrimonio en 1914 y tuvo una hija y se divorció en 1928. Más tarde, durante un viaje por Oriente Medio, conoció al arqueólogo Max Mallowan, se volvió a casar y con él viajó a lugares que inspiraron algunas de sus numerosas obras.

El libro se abre con una frase de la propia Christie reamente significativa: “Las personas que imaginaba eran siempre más reales para mí que las de carne y hueso con quienes me relacionaba”. Y a fe que lo demostró a lo largo de una andadura que empieza en este trabajo de Caamaño en el seno familiar, por supuesto, en que se conoce cómo era la vida de una familia acomodada en la Inglaterra de inicios del siglo XX, y cómo la forma en que la infancia y juventud fue imprimiendo carácter a la escritura superventas por antonomasia. De hecho, en su autobiografía Christie dedicaba, proporcionalmente, muchas más páginas a su más tierna infancia que al conjunto de su vida, pero es que, mediante su gran memoria, detallaba un sinfín de recuerdos importantes para ella de ese periodo que fue importantísimo para la adulta que llegó a ser.

Atracción hacia los venenos

En este sentido, la biografía de Caamaño es un complemento ideal para esas páginas personales de la autora, que además en su momento no se autocensuró, pues habló de sus dos matrimonios, de sus relaciones con muchas personas importantes para ella, con un tono sincero y abierto, de la Gran Guerra y de asuntos de índole doméstica y privada, como la muerte de su madre o el engaño de su primer marido. “Agatha Christie fue una niña dotada de una imaginación extraordinaria. Buscaba con avidez tiempo para quedarse a solas”, cuenta al comienzo el autor. “Creaba familias enteras de personajes invisibles y aprovechaba para dar rienda suelta a su fantasía y completar las historias que le contaba su madre, una mujer con una facilidad innata para la narración”, añade. Lo curioso es que, en realidad, “nunca tuvo la ambición de ser escritora profesional, aunque hiciera su “debut” en un periódico local a la temprana edad de once años con la publicación de un poema”.

Vistas estas circunstancias, afirma Caamaño, “nadie sabrá nunca con certeza qué fue lo que empujó a una típica “lady” inglesa a escribir sobre siniestras historias de asesinatos y crímenes”. Y se contesta: quizá la Primera Guerra Mundial, pues Christie trabajó como enfermera voluntaria en la farmacia de un hospital durante el conflicto, lo que la llevó a entrar en contacto con preparados químicos y productos de laboratorio: “Siempre se sintió fascinada por ellos y nunca ocultó que, de todos los métodos para cometer un asesinato, el veneno era su favorito”, leemos. Una experiencia que le será de gran utilidad para sus relatos. Porque, precisamente, un día se pone a escribir una novela cuya víctima muere envenenada, “El misterioso caso de Styles”, protagonizada por Hércules Poirot.

Agatha Christie y sus compañeras del hospital de Touqay en 1914Foto: ArchivoLa Razón

Sin embargo, el libro es rechazado y ella casi se olvida de su vocación, pues ya ha acabado la guerra, debe cuidar de su madre y ya ha nacido su hija Rosalind. Pero entonces, en 1920, encuentra una editorial que confía en sus relatos e incluso recurre a los servicios de un agente literario; consigue publicar el libro en una editorial que contrata las cuatro obras siguientes que escriba, y en seguida obtiene fama con “El asesinato de Roger Ackroyd” (1926), con un Poirot “retirado de la policía”, ya dejando patente su capacidad fabulosa para crear intrigas que siempre aportan un final sorprendente y que será uno de sus rasgos distintivos en su trayectoria narrativa.

Un misterio privado

Si hemos de hablar de un misterio en la propia vida de la autora es el que nace a raíz de la infidelidad de su primer esposo, Archibald, con su secretaria. Ante la petición de divorcio, en primera instancia Christie se niega, y hundida en la tristeza, el 4 de diciembre de 1926 desaparece tras abandonar su coche en la carretera. Ese oscuro percance, recreado en la película “Aghata” (1979), que protagonizó Vanessa Redgrave, acaba cuando se la encuentra diez días después en un balneario. El marido, esquivo, afirmará que su mujer padecía amnesia, y la separación definitiva llegará al cabo de dos años. Pues bien, la película empezaba con dicha petición por parte del marido, protagonizado por Timothy Dalton, y reflejaba cómo tal desaparición era una noticia de alcance nacional. Al final era un periodista norteamericano, encarnado por Dustin Hoffman, quien la encontraba y quien la ayudaba a superar su delicada situación.
La escritora vivió un pretendido romance con el rey Alfonso XIII

Talento colosal

Christie es la autora más leída de todos los tiempos (junto con la Biblia y Shakespeare), con cuatro mil millones de novelas vendidas en ciento tres idiomas. En su haber se cuentan ochenta novelas, unos ciento cincuenta relatos cortos y cuatro libros de no ficción. También firmó seis obras bajo el seudónimo de Mary Westmacott, y tiene una considerable obra teatral, con veintiuna piezas. Una de sus novelas cumbre es “Diez negritos”, publicada en 1939, y, como dice Caamaño, “forma parte de esa restringida selección de obras que han vendido más de cien millones de ejemplares en todo el mundo desde que se contabiliza; “El asesinato de Roger Ackroyd” (otro de sus best sellers) se consideró la mejor novela policial de todos los tiempos, y “La ratonera” es la obra de teatro que lleva más tiempo ininterrumpido en escena desde su estreno con más de veinticinco mil representaciones y siete millones y medio de espectadores”.