Muere Le Carré, maestro de las novelas de espías

El famoso novelista combinó su trabajo literario con su pertenencia a los servicios secretos británicos

El escritor John Le Carre, maestro de las novelas de espías, en una imagen de archivo
El escritor John Le Carre, maestro de las novelas de espías, en una imagen de archivoMiquel GonzalezShooting

Muy pocos sabrán de quién hablamos si mencionamos a David John Moore Cornwell, pero si pronunciamos el seudónimo que eligió ese individuo para dar a conocer sus obras, John le Carré (1931), todo cambiará. Incluso muchos habrán conocido sus historias sin abrir ni uno solo de sus libros, tal es la cantidad de adaptaciones al cine que se han hecho de sus novelas de espionaje y suspense: “El espía que surgió del frío”, “La casa Rusia”, “El sastre de Panamá”, “El jardinero fiel”…, o incluso a la televisión, como cuando la BBC llevó a la pequeña pantalla “El topo”, en 1979, con Alec Guiness encarnando al agente George Smiley, protagonista de cinco de sus novelas.

Como en su momento Graham Greene, otro autor exitoso como narrador y en el ámbito del cine, John le Carré también gozó de una formación académica elitista (Berna, Oxford, Eton), tuvo una considerable relación con el poder (fue diplomático del gobierno británico en los sesenta) y al cabo se especializó en un tipo de narrativa que conjugó política –a menudo con el trasfondo de la Guerra Fría– y tramas siempre ligadas a los grandes movimientos de la sociedad internacional, ya fuera terrorismo o fraudes económicos. Hasta hace muy poco, con ochenta y muchos aún estaba activo y lúcido, fiel a sus hábitos: pasear, beber, nadar y, sobre todo, escribir.

Y para muestra de tal cosa, nada mejor que hacerse eco de su última creación, ligada estrechamente con la actualidad más candente de su país, una novela titulada “Agent Running in the Field” (Agente corriendo por el camp, literalmente), que vio la luz el mes octubre del año anterior, en el Reino Unido, por parte de la editorial Viking, cuando la controversia sobre el Brexit seguía en la cresta de la ola (el escritor se había ido manifestándose en contra de esta iniciativa, e incluso el mayo también de 2019 firmó una carta abierta con otros colegas en que se apelaba a los lectores para que se decantaran por seguir siendo parte de la Unión Europea).

En él, Nat, un veterano de cuarenta y siete años de los servicios secretos británicos, volvía a Londres con su mujer, aunque la Oficina tenía otra misión para él: hacerse cargo de una difunta subestación de Londres con un grupo de agentes que parecían un desastre. Sin embargo, había una joven dentro de este equipo que tiene la mirada puesta en el Departamento Rusia y en un oligarca ucraniano involucrado en oscuros asuntos. Le Carré, por enésima vez, ponía el mundo del espionaje en primer plano, con este Nat que además era un apasionado jugador de bádminton, que además solía jugar con alguien mucho más joven que él, un tal Ed, un tipo asocial que vituperaba contra el Brexit, detestaba a Donald Trump y se sentía harto de su empleo en una gris agencia de medios de comunicación.

Con, el elemento sorprendente, siempre tan caro al autor, en esta obra residía en que el propio Ed, de forma por completo improbable, arrastraba al resto de miembros del equipo por el sendero de la investigación política en la que todos iban a quedar intrincados. Detrás de todo este argumento, el vigésimo quinto libro del autor, que en español se tituló “El hombre decente” (editorial Planeta, 2019), se reflejaba el país británico de 2018, con un ministro de Exteriores “ignorante”. Una vez más en que se reconocía cómo UK y espionaje van tradicionalmente asociados. Por algo Ignacio Peyró, en “Pompa y circunstancia. Diccionario sentimental de la cultura inglesa”, dedicaba una entrada a «Espías» y a ese «mundo inmejorable para la mezcla de realidad y ficción», citando, por supuesto, a Le Carré.

Así las cosas, “El hombre decente” nos planteaba una trama de intriga de las que su autor nos tenía acostumbrados, pero con el aliciente de conocer a un personaje escéptico con respecto a su nación, pues no le acaba de convencer el típico mantra de que Inglaterra sea “la madre de todas las democracias”. Es más, tras el referéndum de junio de 2016, en el que los británicos apoyaron el Brexit, su visión era de una sociedad y un gobierno en plena decadencia. El futuro inmediato, una vez Le Carré ya desaparecido –el mundo desaparecido para él– le dará o quitará la razón.